En un pueblo silencioso y seco de la geografía argentina una niña nace y llora. Es un llanto sin medida, como venido de una furia ancestral que revuelve los nervios de su madre que nunca volverá a ser quien era. Nadie, nada volverá a estar tranquilo. ¿Es la niña quien lo cambia todo?
Como si nada llorase en el monte, es una pieza literaria notable en la que las imágenes nos sumergen en paisajes familiares que se vuelven extraños, donde las relaciones interpersonales se desarrollan de manera sensible en sus distintas de jerarquías, de género, de edad, de saber. La voz narrativa logra un ritmo sostenido que puede contar los hechos sin apartarnos de la acción para dar explicaciones ni describirnos nada por fuera de lo que está sucediendo.
Ángeles Alemandi compone un mundo y una lengua para contarlo, y consigue hacerlo con una sofisticación tranquila, lejos de las pretensiones altisonantes de las modas y el mercado. Celebro la aparición de esta novela que sin dudas será inolvidable, y espero ansiosa los futuros libros de esta autora brillante.
Definitivamente los libros llegan a una en el momento preciso haciendo que se nos erice cada centímetro cuadrado de la piel. Y eso me pasó con esta lectura.
Un libro hermoso sobre la construcción de la maternidad, y el proceso de crianza en tribu. Pero hay mucho más en esta historia: reclamos salariales, precaricación y sobre explotación de recursos naturales. Todo esto con un toque de realismo mágico hermoso. Me encantó.
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La poesía que tiene esta novela es de un talento envidiable. La autora ordena cuidadosamente palabras comunes y las transforma, parrafo tras párrafo en declaraciones de precisión quirúrgica. Me gusta mucho cómo escribe Ángeles y cómo va hilvanando la construcción de un universo entre lo esotérico y la cruel realidad, habitando esa grieta que vuelve a tantas cosas aún inexplicables para la comprensión humana. Es una novela exquisita, para leer de un tirón y sentir en la piel el calor, la sal, la resignación, el abandono y también la magia de lo que brota como cierto entre ese tanto oscuro.
Este libro me sorprendió para bien, está cargado de poesía, me encanta como escribe la autora. Logró transmitirme con mucha claridad emociones como la angustia, el dolor, y finalmente la transformación de todo eso tan denso en alivio.
La historia fue confusa, con un encanto mágico. Hay varios elementos que se pueden destacar, asi que voy a mencionar algunas. El detalle del pueblo de Árbol blanco como un personaje mas. La forma en que todo el lugar parece verse afectado por ese nacimiento, ese llanto. Reaccionando a ella, en la lluvia, en como avanza el tiempo, en las premoniciones. Solo dos personajes tienen personajes tienen nombre como tal, el profundo significado que eso carga te deja que pensar. Como el concepto del nombre realmente puede influir. Cada página que leía me posicionaba en dos lugares que se contradecía. Primero, una perspectiva de la maternidad no romantizada. Esa lucha, cansancio y la desilusión de lo que se espera. Ves su agotamiento, su desasociego por una maternidad sufrida. Y te sientes mal por ella. Hasta que vez el dolor de Leticia. Ser la hija no deseaba, maldecida por tu propia madre, que te miren sin amor, te droguen y sientan alivio de no verte. Esa vida que la hizo ser consciente del abandono y la ausencia a tan corta edad. Cuando ves la historia desde sus ojos cada cosa que sucede es una tragedia. Una vez lei una frase que mencionaba que las personas no soportan las emociones externas. Toleran un tiempo el duelo y la pena, pero se hastian con facilidad, haciendo que la empatia salga por la ventana. Siento que Leticia vivía eso todo el tiempo, llantos incomprendidos y reprimidos, su felicidad siendo prohibida por ser considerada como un mal augurio. El final es injusto. Duele, y la verdad es lo que más me amargo.
Una historia mínima, con toques de realismo mágico. Bonita, pero un poco deslavazada, un poco cursi y, paradójicamente, un poco sosa aunque transcurra en unas salinas. 2,5 ⭐️
Me encantó, su poesía a pesar del enojo. Las capas de lectura, la crónica periodística sobre la huelga. La relaciones entre mujeres. La relación de amor pura con el vecino.
Con una narrativa fresca y una geografía alejada de la urbe, Alemandi presenta una novela que coquetea con el quiebre de la realidad, sin ser explícita en hacerlo. La extrañeza es una norma más en ese pueblo estático en el que al tiempo lo marca la inacción. Una novela que, distante por completo de lo panfletario, navega entre la denuncia social, la explotación corporativa, el olvido estatal, sin apartarse del núcleo que la compone: la maternidad, la necesidad de nombrar.