Un grupo de presos que toman drogas experimentales fabricadas por un laboratorio alemán, un reverendo que bautiza prostitutas en el agua del río, un boxeador que tira su primer jab en una plaza de cañahuates florecidos y otros seres marginados se ven obligados al delito, a la lucha cotidiana y a la soledad. Todo en una sofocante ciudad sin nombre del mar Caribe.
El libro que quise leer solo por su tapa y donde encontré que el protagonista de la historia no siempre debe ser el bueno, el ejemplar o el modelo a seguir. En su lugar encontré 9 cuentos donde se habla de soledad, del bandido, del olvidado, de la mala madre, del padre ausente, de la muerte, de la ceguera, del pobre, de la pérdida, del desamor, del conformismo y de la ausencia.
Un libro donde solo leerlo te hace querer encender un ventilador, que huele a tierra mojada, que está coloreado por árboles de ceiba, que sabe a jugo de tamarindo y níspero, donde escuchas el mar de fondo, donde a veces te sientes como se debe sentir el rincón fresco del ardiente Cesar y que transmite el calor de la arena de la playa al caminarla descalzo.
9 cuentos perfectamente entrelazados, 9 historias contadas desde diferentes puntos de vista e incluso en momentos contrapuestos. 9 cuentos que te tienen en vilo hasta el final y que mezclan tristeza y felicidad. Una felicidad solo comparada con la dicha de encontrar tanto talento por parte de un escritor colombiano a quien debe aplaudirse de pie.
Creo que el elemento principal que destacaría de Todos somos islas es como Luis Felipe Núñez consigue construir un mundo propio con personajes e historias que se entrecruzan y cohabitan. Eso sí, su entrada no es inmediata para el lector. De hecho le tomara al lector un buen trecho, al menos la mitad del libro, para darse cuenta de ello. Por ello creo que al libro le sobran cuentos que no aportan a la construcción de dicho mundo. Para mi gusto personal, el estilo de la narración peca por momentos de ser plano a pesar que es menester reconocer la variedad en las estructuras de los cuentos y el juego con los tiempos de la narracción que utiliza el autor.
Esta es una lectura que va creciendo en emociones. A medida que vamos superando los relatos la voz del autor desaparece y se transmuta en la personalidad de los protagonistas de unas historias oscuras, bellas, incómodas y cotidianas. El calor, el mar, la brisa, los pueblos costeros, los acentos … todo configura un escenario conocido pero demoledor en el que el actuar humano y los límites de su comportamiento no dejan de sorprender.
Les digo que es un libro que se lee en dosis porque se te dificulta pasar de un relato a otro con facilidad, te quedas viviendo y respirando un mismo entorno antes de poder seguir.
Además de la luna, buscando siempre maneras de ver lo mismo que tus ojos ven… Me encantó desde el diseño de la portada🐢 Es un libro que entretiene de principio a fin, con una forma muy interesante de entreconectar las diferentes historias. La manera cercana y cotidiana en que están narradas hace que todo fluya con naturalidad y que los personajes se sientan reales. Una lectura ágil, humana, sensible y amena.
Se trata de un texto que describe a un Caribe no muy común en la literatura colombiana (si se quiere inhóspito y clandestino). Son nueve cuentos que dan para todos los gustos, pues hay estilos muy diferentes (un cuento no tiene puntos, al estilo de Saramago, mientras que otro está narrado en buena parte en segunda persona). Aunque los cuentos no necesitan leerse conjuntamente para tener sentido, es cuando menos agradable que el universo es el mismo, por lo que uno ve al mismo personaje en diferentes historias, ocupando niveles de protagonismo diferente y en algunos casos completando historias que se creían incompletas.
Es un libro agradable, creo que el que más resalta es Kid Cañaguate (que imagino puede ser una alusión a Kid Pambelé), hay cuentos que prometen mucho y al final no resultan siendo tan interesantes (como “La playa del fin del mundo”), y también hay muchos cuentos que salen sobrando. Es una lectura tranquila y rápida. No usa lenguajes complejos ni pretenciosos.
Todos los personajes hablan igual, con la voz de comunicador social del autor. Por eso es que a pesar de la diversidad de las situaciones el lector obtiene una experiencia muy pobre del mundo.
Lo terminé hace un tiempo con un libro prestado de la biblioteca. Dos relatos se quedaron en mi corazón, el primero sobre los presos y el de un par de hermanos que en medio del juego muere la hermana menor. Muy rico de leer.