Leer a Alain Daniélou resulta muy gratificante, tanto por su estilo apasionadamente místico como por su modo de abrazar el hinduismo más tradicional y esotérico. Te sumerge en el fuego indio y te arrastra a un discurso encarnizadamente carnal, acompañándolo siempre de vibración musical (su gran pasión). De ahí que sea considerado un referente por la gran Chantal Maillard.
Dicho de esto, deben hacerse dos precisiones. Una es que el autor está próximo ideológicamente a la corriente tradicionalista (Schuon, Guenon, Coomaraswamy...), lo que implica ciertos juicios de valor conservadores. Por supuesto, y como Eliade o Corbin, eso no le impide abrazar la sexualidad más exacerbada, la homosexualidad y la bisexualidad (relacionándolas con el shivaismo) e, incluso, mostrar un talante más progresista que Eliade, al establecer puntos de contacto sutiles entre el shivaismo, por un lado, y Baudelaire, Rimbaud o Ginsberg por el otro (tal y como viene a ensayar el autor del prólogo). La segunda es que toma partido, aunque no inflexible, por unas tradiciones hindúes en detrimento de otras (críticas demoledoras al mismísimo Sankara y a la tradición Bakhti -devocional-) y también por ciertos devaneos mágicos (telepatía, profecía...).
No se les puede considerar un conjunto de ensayos de valor rigurosamente académico. Ciertas reflexiones y teorías (tan vehemente afirmadas por él) tienen poca o ninguna base. Pero, sin duda, ello importa poco y, al leerlo, se entiende por qué. Las secciones dedicadas a la música hindú son muy recomendables.