Una magnífica novela histórica que nos llevará de viaje por las grandes ciudades europeas de finales del siglo XIX.
El escritor don Guillermo Bogarín sonríe satisfecho al pensar en el selecto grupo que ha logrado ha merecido la pena el trabajo dedicado durante meses a preparar ese tour por Europa. Apenas quedan dos días para el 25 de septiembre de ese año 1893 para que esos nueve viajeros partan de la estación de Lyon en París para recorrer, durante casi dos meses, parte de la Italia recién unificada, algunos territorios de Austria-Hungría y ciertos lugares de las nuevas fronteras del Imperio alemán. Son el arquitecto Jacobo Figueroa y su amigo, el ambicioso empresario Juan Álvarez-Caballero; el intransigente pintor impresionista Ferdinand Mercier, su buena amiga Jeanne Leroy, empresaria teatral de éxito tras la muerte de su marido, a quien acompaña su sobrino, el inconstante Henri Collet; la condesa rusa Karimova; la señora Dupont, propietaria junto a su marido de una editorial de música y promotora de jóvenes talentos de este arte, y Clara Balaguer, virtuosa violinista y una de sus representadas.
Don Guillermo conoce bien los motivos que lo llevan a abandonar París durante un tiempo, pero no ha pensado en que los demás también tienen los suyos, que se apartan, y mucho, del simple placer de evadirse. No tardará en enterarse de la peor de las maneras, pues una columna de ecos de sociedad de Le Petit Journal empezará a desvelar los secretos más íntimos del grupo.
Con la convulsa Europa de fin de siècle, donde se hallan las claves que ocasionaron las dos guerras mundiales como telón de fondo, María Reig construye con maestría una novela histórica que, con la excusa del viaje recreativo tan habitual en las clases pudientes de finales del siglo XIX, habla de la necesidad de enfrentarnos a nuestros miedos y tomar las riendas de la vida.
Nos encontramos antes una novela de ficción histórica a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, momento de la Belle Époque, un momento de gran momento para la cultura y el arte. En esta historia nos encontramos ante un grupo de artistas, que harán un viaje por Europa, partiendo desde París en la que conoceremos tanto las ciudades como cada uno de los personajes. Lo primero decir, que la narración de María, siempre es muy descriptiva, le encanta documentarse a fondo de todo lo que escribe y en esta novela no iba a ser menos, describe cada una de las ciudades por las que pasamos, sus calles, su momento político… algo que ha ralentizado mucho la lectura, sentía que había momentos que no avanzaba, y que no pasaba absolutamente nada y había otros momentos en los la autora se centraba mas en los personajes, su historia, algún misterio, y lo hacía bastante más entretenido. Asique ha sido una lectura que me ha dejado con un sabor agridulce, me ha encantado lo bien documentada que esta la novela, los personajes y su historia, pero por otro lado se me ha hecho demasiado lenta, teniendo esa sensación de que no ocurría nada. Destaco sin duda la nota final de la autora, cosa que suele gustarme mucho en este tipo de novelas. Asique, si te gusta la novela histórica y te gustan las novelas descriptivas que se cuecen a fuego lento, estoy segura de que te gustrá.
María Reig nos transporta a la Europa de finales del siglo XIX con ‘Sonó un violín en París’, una novela histórica que combina de manera excepcional el rigor documental con la exploración de los conflictos internos de sus personajes, haciendo de este viaje en tren algo mucho más allá de un simple recorrido geográfico por la Europa de 1893. Ambientada en plena Belle Époque, la novela es todo un periplo físico y emocional a través de algunas de las ciudades europeas más emblemáticas, permitiéndonos ser testigo de ese delicado equilibrio existente en la época entre tradición y modernidad.
La historia sigue a "Los diez de Bogarín", un grupo de viajeros guiados por el escritor Guillermo Bogarín en un tour organizado por diversas ciudades europeas. Lo que comienza como un viaje recreativo pronto se convierte en un escenario de intrigas y secretos, pues cada personaje esconde razones personales para embarcarse en esta aventura. Cuando una columna de ecos de sociedad de Le Petit Journal comience a sacar a la luz los secretos más íntimos de cada uno de los viajeros, las tensiones dentro del grupo se verán incrementadas, comprometiendo el éxito del viaje.
Donde la novela brilla con mayor intensidad es en la interacción entre los viajeros y en el retrato de sus conflictos personales. A través de su amplio elenco de personajes, la historia es un fiel reflejo de la diversidad intelectual y cultural de la época, poniendo de manifiesto las transformaciones que estaban ocurriendo en la sociedad. Las tensiones entre tradición y modernidad se hacen patentes en muchas de las conversaciones entre los personajes, así como en sus dilemas y las decisiones que se ven obligados a tomar.
De entre todos los personajes destaca Clara Balaguer, una talentosa violinista que lucha por hacerse un hueco en un mundo dominado por hombres. Ella es, sin duda, el corazón de la novela. El viaje de Clara no es solo geográfico, sino también una búsqueda de independencia y reafirmación personal. En un contexto en el que las mujeres tenían unos roles muy definidos, su pasión por la música y su determinación la llevan a desafiar las normas sociales impuestas. Los obstáculos con los que debe enfrentarse a lo largo del relato la obligan a cuestionar su relación con la música y su lugar en el mundo, pero ella siente que es el momento de tomar el control de su propia vida. En este sentido, su evolución es una de las más notables.
Otro de los personajes que más disfruté fue el de la señora Leroy, una empresaria teatral de éxito quien, tras la muerte de su marido, debe abrirse camino en un entorno predominantemente masculino. Su presencia refuerza el tema de la lucha por la igualdad y la capacidad de las mujeres para desafiar las estructuras establecidas. Su osadía y atrevimiento, especialmente en lo que a las relaciones personales se refiere, la convierten en un soplo de aire fresco dentro de la rigidez y el encorsetamiento que caracteriza a otros de los personajes femeninos de la novela.
Uno de los aspectos más interesantes de la novela es descubrir cómo se gestó el concepto de turismo tal y como lo conocemos hoy día. La expansión del ferrocarril y la mejora de las infraestructuras de transporte hizo que la experiencia de viajar resultase más accesible, aunque a finales del siglo XIX era una actividad solo al alcance de unos pocos. Resulta curioso ver cómo las agencias de viajes, las guías turísticas o los alojamientos (¡había incluso Airbnb!) de hace 130 años no difieren tanto de los actuales.
La música juega un papel fundamental en la ambientación, estando cada capítulo marcado por una pieza musical que conecta con la atmósfera de la época y el tono del relato.
Uno de los mayores logros de la autora es su capacidad para recrear con gran fidelidad la atmósfera de la época. La novela está impregnada de detalles históricos, desde referencias políticas hasta descripciones minuciosas de las ciudades que visitan los personajes. Sin embargo, este nivel de documentación, si bien impresionante, puede llegar a romper el ritmo narrativo en ciertos momentos. Hay fragmentos donde la acumulación de datos, nombres y fechas hace que la historia pierda fuerza, especialmente cuando la atención se desvía del desarrollo de los personajes hacia un recorrido casi turístico por la Europa de fin de siècle.
En ’Sonó un violín en París’, historia, intriga, música y arte se entrelazan para crear un relato que te hará sentir como uno más de “Los diez de Bogarín”, un pasajero más en un tren que recorre Europa, recordándonos que, a veces, el viaje más importante es el que nos lleva a descubrirnos a nosotros mismos.
María Reig nos transporta con maestría a la Europa de finales del siglo XIX, enmarcando con precisión los paisajes, las calles y la atmósfera que envuelven a sus personajes. La calidad de su escritura es indiscutible, con un estilo cuidado y emotivo que brilla especialmente en los momentos más trascendentales de la trama, sobre todo en el final.
Uno de los puntos más fuertes de la novela, para mí, han sido sus personajes: están magníficamente definidos. Es fácil empatizar con ellos, incluso cuando no comparten un destino feliz. Cada desenlace parece el adecuado y está en sintonía con la evolución de los personajes y sus circunstancias.
Sin embargo, debo decir que me costó entrar en la novela. El arranque, con la introducción del viaje y de los personajes, se me hizo algo pesado. Aunque más adelante comprendí el propósito de esto, creo que podrían haber sido más ágiles. Además, la novela tiene pocos diálogos, lo que ralentizó el ritmo en algunos momentos.
Esta obra se siente como un paso adelante en la trayectoria literaria de María Reig, mostrando una mayor madurez narrativa y emocional. Quienes busquen una novela rica en detalle, emocionalmente intensa y profundamente humana encontrarán mucho que valorar aquí.
¿𝘿𝙚 𝙦𝙪𝙚 𝙫𝙖 𝙚𝙡 𝙡𝙞𝙗𝙧𝙤? 📚 Sonó un violín en París está ambientada en la Belle Époque, un período de esplendor cultural y artístico a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. La historia sigue a un grupo de intelectuales y artistas que se embarcan en un viaje por Europa, liderados por el escritor Guillermo Bogarín.
📚Con París como punto de partida y de destino final, disfrutaremos de una deliciosa travesía por las grandes ciudades europeas, asistiendo a las tensiones sociales y artísticas que definen el cambio de siglo.
📚Jacobo Figueroa, un arquitecto afligido por la muerte de su esposa, y Clara Balaguer, una violinista que lucha por su libertad artística, son los protagonistas de esta historia. Este protagonismo es compartido con el promotor del viaje Guillermo Bogarín, un escritor en horas bajas de inspiración que se ha volcado en la coordinación de este viaje grupal con el objetivo de unir a intelectuales y artistas con nuevas ideas. Aunque pronto se verá superado por los conflictos internos del grupo y los desafíos inesperados de esta aventura.
📚La novela es un viaje no solo por Europa sino también por el interior de cada uno de los personajes, creando una narrativa rica en detalles históricos y emocionales.
𝙈𝙞𝙨 𝙞𝙢𝙥𝙧𝙚𝙨𝙞𝙤𝙣𝙚𝙨
📝Estaba deseando leer esta nueva novela de María, he leído cada una de sus historias y con cada una he disfrutado, pero con Sonó un violín en París he tenido altibajos.
📝 Comencé muy entusiasmada leyéndola, me encanta como María iba describiendo cada una de las ciudades que iban llegando nuestros protagonistas, con sus monumentos, situaciones políticas , su gran documentación, pero si que es verdad que se me hacía lento que la trama no fuera avanzando y solo fuera un recorrido por Europa a modo de tour.
📝Pero cuando ha dejado eso más en un segundo plano y se ha centrado en cada personaje, me he vuelto a reencontrar con la María que más me gusta y he disfrutado hasta el final con cada uno de ellos y las motivaciones que los impulsa a realizar un viaje que acabará por cambiarlos .
🤓En conclusión, Sonó un violín en París es una lectura ideal tanto para los amantes de la novela histórica como para todo aquel que le encante viajar. Un libro que habla de amor, de viajes y de música.
“Sonó un violín en Paris”. Es la primera vez que leo a María Reig, pero no la última. La novela tiene una gran investigación previa, gracias a la que la autora nos muestra cómo era la vida a fines del siglo XIX: la música, la pintura y demás. Cada capítulo empieza con una pieza musical previa al año 1898, lo que nos hace pensar en qué escuchaban los personajes. Guillermo Bogarin reúne a un grupo conformado por ocho personas muy diferentes entre sí y organiza un viaje por Europa; cada una de estas personas huye de algo y guarda un secreto. A último momento, se suman dos hermanos que traen un gran misterio. Reig nos enseña una Europa de fines del siglo XIX donde lo social y lo político gestan un cambio importantísimo. Me gustó esta novela y la recomiendo.
Sonó un violín en París es una novela histórica que nos transporta a la Europa de finales del siglo XIX, en una época convulsa marcada por las tensiones políticas, sociales y culturales previas a la Primera Guerra Mundial. La autora, María Reig, nos presenta un viaje por ciudades emblemáticas de Europa, a través de un grupo diverso de personajes que acompañan al escritor don Guillermo Bogarín en un tour por Italia, Austria-Hungría y el Imperio Alemán.
Desde el principio, la obra destaca por su meticuloso trabajo de investigación y su increíble nivel de detalle. Cada ciudad, cada rincón de la época, está plasmado con precisión, lo que nos permite sumergirnos completamente en la historia. Sin embargo, este mismo nivel de detalle, junto con la gran cantidad de personajes y datos históricos, hace que en ocasiones la lectura resulte un poco densa. Hubo momentos en los que me perdí entre tanta información ("Quién era este personaje? En dónde estaban ahora?" son pensamientos que se me cruzaron varias veces), lo que ralentizó un poco mi avance en la historia. A pesar de esto, el trabajo de la autora es impresionante, y este detallado contexto histórico da a la novela una profundidad que no pasa desapercibida.
El misterio en torno a los personajes es uno de los aspectos que más me enganchó de la novela. A medida que el viaje avanza, los secretos empiezan a salir a la luz, lo que le otorga una capa de intriga muy interesante. Cada uno de los viajeros tiene motivos ocultos para participar en este tour, y la forma en que la autora desvela estos secretos a lo largo de la obra mantiene al lector atrapado.
De entre todos los personajes, Clara Balaguer, es la que más resalta. Su evolución personal, marcada por inseguridades, su deseo de libertad y su constante búsqueda de independencia, hace que sea imposible no empatizar con ella. Clara es sin duda el alma de la historia, y su personaje aporta una gran carga emocional al relato.
En resumen, Sonó un violín en París es una novela que me ha gustado, aunque debo admitir que su ritmo lento y el exceso de detalles a veces dificultaron un poco mi avance. A pesar de ello, el final fue sumamente satisfactorio y el profundo trabajo de investigación realizado por la autora me dejó impresionada. Si te gustan las novelas históricas con una trama intrigante, personajes complejos y una atmósfera cuidadosamente construida, este libro puede ser para ti.
Me encanta esta escritora,y para mí Papel y Tinta (su primer libro)es una obra maestra,pues el personaje de Elisa Montero te atrapa desde el minuto uno,y empatizas totalmente con él,incluso hay veces qué tanto me metí en la historia,que pensaba conocía a la protagonista ☺️. No me ha pasado igual en esta novela,dónde únicamente he empatizado con el personaje de Clara,y el resto de la historia aunque muy bien documentada,pero tanta descripción de los lugares hace que pierda fuerza el argumento,y se hace pesado.Las partes de las historias propias de cada uno de ellos es lo que me pareció más interesante. La recomiendo,pues la labor documental de la escritora es palpable en cada descripción,y la historia está bien,pero no es su mejor novela.
Fantástica novela que te hace visitar la Europa de finales de siglo XIX, recorriendo espectaculares rincones, mientras te va presentando a sus protagonistas y va descubriendo poco a poco sus secretos, al mismo tiempo que nos presenta el momento sociopolítico de finales de siglo, con un final inesperado.
Soy fiel amante de los libros de época y María Reig es la autora de uno de mis libros favoritos por lo que ahora me siento cuanto menos decepcionada. Lo tengo hasta firmado por ella.
La premisa del libro es muy buena y nunca había leído algo igual: el comienzo del turismo por la Europa de 1893, un interrail en toda regla!!!! Sin embargo, lo he sentido como una clase de historia, donde la autora nos bombardea con datos históricos y culturales en cada capítulo, más que como una novela, que no digo que no sea necesario pues soy la primera a la que le encanta conocer todos esos detalles, pero creo que en esta ocasión se ha excedido ralentizando demasiado la historia.
Considero que podría haber indagado muchísimo más en el desarrollo y tramas de cada personaje, muchas me han parecido inacabadas y todo ha terminado de forma precipitada dejándome con ganas de más, como un final de capítulo. Por no hablar de lo que le ocurre a Clara, no veo el sentido y no sé que aporta eso a la novela, no me ha gustado NADA.
Aun así la ambientación del fin del siglo XIX es increíble y super bien documentada. Seguiré leyendo a María por supuesto.
En realidad 3.5 .Se me ha hecho difícil terminarla, demasiado lenta y descriptiva. Un viaje histórico que podía ser más interesante pues describe lugares y rutas al detalle, lo malo es que se trata de finales del siglo XIX. Algunos personajes me resultaron interesantes, terminé la lectura para saber su destino, tampoco me satisfizo mucho el final. Aprecio la investigación de la autora.
Un viaje de placer por Europa y un grupo de amigos, cada uno con sus motivos para embarcarse en esta aventura. Una columna en un periódico, que sacará los trapos sucios de todos y cada uno de ellos y un amor incipiente entre dos de sus protagonistas. Esta historia nos lleva por las calles de la Europa de finales del S. XIX, por su situación política, social y económica, antesalas, todas, de la I y II Guerra Mundial. A través de ella, vamos a caminar y entrar con estos amigos y de la mano de su autora, a los edificios de la época y a "admirar" y entender la arquitectura de cada uno de ellos, así como la historia que se esconde en cada uno de ellos. En sentido general, la historia me gustó, aunque, a veces, me perdía un poco con tanta descripción, que, aunque agradezco, en ocasiones, creo, que distraía un poco de la historia central. Sí que es verdad, que una va de la mano de la otra, porque, a ratos, me veía callejeando con estos particulares personajes.
- Clara pensó entonces que había algo en los sueños que se pudría cuando se cumplían, que la niña de seis años que robaba el violín de su hermano para tocar en secreto no había calculado todos los sacrificios que el amor por la música le iba a obligar a hacer.
- Los viajes, como la vida, comienzan a terminarse en el instante en que empiezan.
- Siempre he dicho que en las estructuras más elevadas de cualquier ciudad se puede leer quien ostenta el control.
- Siempre he pensado que no hay nada mejor para la vanidad sin límites de un hombre que inmortalizarla en piedra.
- ... -La ambición es peligrosa -no tanto como la ausencia de ella
- El impresionismo no interpreta, humaniza la experiencia de la contemplación del mundo. Ninguna imagen está exenta de ello. El mundo no es en sí, es por cómo lo percibimos.
- los casos de corrupción evidencian que el poder corrompe. Un Estado sano y justo es una utopía. ¿De veras ven igualdad y libertad en este mundo, caballeros?
- los viajes tienen algo de despedida..., porque dices adiós a lo que fuiste antes de ver lo que viste, aprender lo que aprendiste, saborear lo que saboreaste, oler lo que oliste... Aunque también tienen algo de epifanía.
- Siempre había pensado que la música era libre, que era lo que uno sentía que era.
- Después hablaron de lo mucho que había cambiado el universo cultural en el último siglo. Nunca el artista había sido tan libre y, a su vez, había estado tan preso.
- ¿Terminará decidiendo la masa analfabeta con sus risotadas molestas y sus aplausos? ¿Se ignorarán obras maestras por no ser rentables?
- No creo en la suerte, señora condesa. Así que tendrá que ser mi tesón el que juegue la partida
- Desde hacía un tiempo, tenía la sensación de que su vida ya estaba escrita y que solo debía seguir las cabriolas que formaban las letras de su destino. Ahí no había lugar para nada más: ni perseverancia, ni libre albedrío, ni emoción.
- Últimamente, la gente le da más importancia a la patria que a las personas.
- El arte es temporal. Y creo que cada vez lo entendemos menos. La finalidad del arte, tal y como yo lo veo, es generar una emoción. El público ansía esa emoción, pero no sabe cómo conseguirla. Y por eso busca a los artistas. Los artistas somos necesarios porque tenemos la capacidad de detenernos en medio de la espiral de la vida y de observar, de sentir con una intensidad dolorosa y de recordar, a través de nuestras creaciones, lo verdaderamente importante, de intentar cazar lo sublime en cualquiera de sus formas. Las personas somos adictas a esos momentos de epifanía, a esas emociones finitas. Y si algo logra llevarnos a ese edén, deseamos que se repita una y otra vez. Pero por más veces que lo haga, jamás será lo mismo. Porque ya no somos los mismos. Nada es igual. Una catedral, un cuadro, una pieza, una representación son alguno único en sí mismos. No se pueden replicar. Tampoco la sensación que generan al descubrirlos por vez primera. —Por eso el rechazo que siente ante el repertorio que la obligan a tocar y lo que desean de usted. —Es antiartístico, señor Figueroa. Miguel de Cervantes solo podría haber escrito una vez el Quijote. Yo solo puedo ver la catedral de NotreDame por primera vez en una ocasión. Y por más que pidamos a los artistas que repliquen una magia que, en el fondo, no conocen, no lograremos estar más cerca de ese instante en el que todo fue ardiente, en el que todo tuvo sentido.
- La crisis económica no había ayudado. Ya se sabía: en tiempos difíciles, hay que buscar a los culpables. Y mejor que sea más allá de nuestra casa, nuestra familia, nuestra clase, nuestro país, nuestra religión, más allá de nuestra única y absoluta verdad. De lo contrario, sería responsabilidad nuestra. O peor: de nadie en concreto. Él mismo reconocía que, a menudo, sentía cierto rechazo ante el diferente. No le gustaban los pobres ni los vendedores ambulantes ni las personas demasiado exóticas. Pero batallaba todos los días contra esa sensación y jamás la convertía en acto. Y eso, para su quebradiza conciencia católica, bastaba. La comunidad judía, entre otras, cumplía esa función de enemigo, de causa de males. Pero a don Guillermo le daba la impresión, como a Jacobo, de que el desagrado hacia ella venía dado por lo mucho que podía llegar a parecerse a la cristiana. Eran los primos pretéritos. Los que habían decidido quedarse en la doctrina previa al año cero por siempre jamás. Y eso, de algún modo, resultaba inadmisible para muchos. Porque si compartían orígenes y Dios, pero sus caminos se separaban en el evento que era espina dorsal del cristianismo y ellos triunfaban más, ¿Dónde dejaba eso los preceptos sobre los que se había asentado la civilización occidental? Y si podían mimetizarse y ganar, ¿Dónde dejaba eso al cristianismo?, ¿Dónde a la teoría que actuaba de bálsamo contra los terrores de la existencia humana? Así, el cisma parecía abrirse y abrirse sin vistas a cerrarse jamás.
- ... el señor Bogarín pensó que un mundo que no aceptase a los judíos era un mundo que no aceptaba una parte de él.
- Desde hacía un tiempo, había reflexionado que, contra todo pronóstico, el éxito y el fracaso tenían algo en común: ambos eran muy solitarios.
- La suerte es para calmar la conciencia de los ilusos que prefieren esperarla sentados.
- ...quién necesitaba bailes si la vida misma era una gran mascarada.
- ...el único momento en que no se siente miedo al frío, es cuando se esta sintiendo.
- Ustedes, los músicos, a veces tocan el motivo de un modo muy similar al principio y al final de la pieza. Eso nos hace sentir en un lugar que creemos conocer. El de antes. Pero es mentira. Es otro muy diferente. Han pasado muchas cosas. Y uno se percata enseguida porque la melodía cambia, se hace grande. O pequeña. O se torna irreconocible. Me ocurre lo mismo con los lugares de los que me alejo y a los que regreso. —Creo que acaba de describir uno de los recursos favoritos de algunos de los compositores de este siglo, señor Figueroa. Es la forma sonata y esa repetición con trampa se llama reexposición. Mi fórmula favorita es cuando el motivo inicial se sublima, se hace inmenso, pues la conclusión del viaje se afianza, se hace más poderosa incluso que la introducción. Es como si el motivo en su versión inicial, con un determinado ritmo y tempo o con una estructura específica, fuera el cimiento de la gran catedral que se construye con cada nota. Como si al llegar a la aguja de la torre, a los últimos detalles de la tracería de la portada, todos los sillares encajaran y la melodía pudiera, por fin, alcanzar su forma genuina, la auténtica, la más grandiosa. Pues la obra está terminada, el camino ha sido recorrido.
- ...siempre he pensado que las grandes sinfonías son como catedrales. El opus magnum al que un músico aspira, al igual que ocurría antes con los arquitectos.
- ...imagino que cada persona que entra en la vida de uno lo hace para enseñar algo. Aunque sea para identificar la basura.
- Visitar lugares así me recuerda que la vida es una partida de ajedrez con la muerte que sabes que no puedes ganar.
- ...para poder crear tengo que sacar a Dios de mi cabeza. Si no, seríamos multitud.
-La crítica no suele ser justa, ni por defecto ni por exceso. Para nadie.
- ...intentar gustar a todo el mundo es igualmente inútil y agotador.
- Los pequeños siempre aprenden de los demás. Su posición es más sencilla.
-El señor Hegel decía que la historia se contesta a sí misma en fases, evolucionando hacia una conclusión, como ocurre en cualquier razonamiento humano: primero una tesis, luego una antítesis y, finalmente, una síntesis. Ahora vivimos la síntesis de la Revolución francesa, que fue la tesis, y de la Restauración del Congreso de Viena, que fue la antítesis.
- Señorita Balaguer, quien hace un favor y pide todo a cambio, no la esta ayudando, la está utilizando.
- Sonó un violín en París la última vez que la vio... Jacobo juró por siempre que sonó. Que sonó fuerte, invencible, triste, ardiente, valiente, libre. Sonó, juró por siempre, por lo más sagrado, que había sonado. Y no volvería a sonar igual. Pues su música, como esta historia, se perdió en el olvido del tiempo. Pero, justo al perderse, se hizo infinita.
Sonó un violín en París. María Reig Valoración: 1 ⭐
«Sonó un violín en París la última vez que la vio... Jacobo juró por siempre que sonó. Que sonó fuerte, invencible, triste, ardiente, valiente, libre. Sonó, juró por siempre, por lo más sagrado, que había sonado. Y no volvería a sonar igual. Pues su música, como esta historia, se perdió en el olvido del tiempo. Pero, justo al perderse, se hizo infinita.»
Cierto: esta "guía de viajes"'se perdió en mi olvido + se nos hizo infinita.
En resumen, es un tostón. Solo lo he acabado para usarlo en retos de lectura de este año.
Pues sinceramente, me ha parecido un auténtico aburrimiento, y no lo he abandonado por cabezoneria y por leerlo en una lectura conjunta. Creo que se pasa muchísimo detallando las calles, los edificios, las obras... no queremos una guía turística de las diferentes ciudades que visitan los protagonistas, queremos saber cosas sobre su vida (que parece que guardan todos algún secreto pero no avanzan nada los personajes). No lo recomiendo.
Una historia que está muy bien documentada pero que a mi parecer le sobran demasiadas descripciones. El escribir sobre cada avenida o calle de las ciudades visitadas, el detallar hasta la saciedad el nombre de cada esquina y así alargar y hacer tediosa la historia, hace que uno pierda la atención. Bien escrita e interesante el tema pero creo sería mejor lograda si no se extendiera en esos puntos
A pesar de ser una lectura lenta e incluso en algún momento algo tediosa, es un libro que creo que vale la pena leer.
No solo por la destreza con las palabras que tiene María Reig, sino por todo el trabajazo histórico que se intuye. Y los personajes, maravillosos. Tan bien perfilados que es imposible no apreciarlos.
Hace unos meses, tuve el placer de asistir a la presentación de “Sonó un violín en París” de María Reig, y quedé maravillada por la pasión con la que María nos hablaba de esta historia y nos transmitía su pasión por la escritura. . Esta novela nos traslada a la Europa de 1893, durante la esplendorosa Belle Époque. La trama gira en torno a un grupo variopinto de personajes que, guiados por el escritor Guillermo Bogarín, emprenden un recorrido por varias ciudades europeas: París, Lyon, Viena, Praga son algunos de los escenarios de la novela. . Y lo que inicialmente parece un simple viaje de placer, pronto se convierte en un recorrido cargado de secretos, tensiones y revelaciones, cuando el periódico “Le Petit Journal”, comienza a divulgar secretos de los protagonistas y empiezan a vislumbrarse las verdaderas motivaciones por las que se embarcaron en el viaje. . Así, la trama se centra tanto en el contexto socio-político, como en los conflictos internos de sus personajes, donde para mí destaca la historia de Clara Balaguer, una joven violinista que busca afirmarse en un entorno claramente dominado por hombres, y el de la señora Leroy, una viuda y empresaria teatral que desafía las convenciones sociales de la época. . La novela ofrece también una mirada interesante sobre el nacimiento del turismo moderno, tal y como lo conocemos en la actualidad, gracias al desarrollo de la industria ferroviaria. Y es precisamente este viaje en ferrocarril, la excusa perfecta para contar una historia de intriga, mientras hace partícipe al lector de los grandes acontecimientos históricos del siglo XIX, donde ya se podía entrever el germen de lo que serían las dos guerras mundiales. . Mención especial la increíble documentación, que retrata a la perfección la ambientación y los detalles históricos, aunque es cierto que a veces había mucha información y esto ralentizaba el ritmo de lectura. Sin embargo, María logra con maestría entrelazar historia, arte, música (que tiene un lugar especial en la trama) y suspenso, ofreciendo una historia que va más allá de lo que a simple vista se cuenta. . Un libro que, si les gusta la novela histórica, van a disfrutar.
Ésta es una novela de ficción histórica que nos traslada a finales del siglo XIX, en plena Belle Époque, con un contexto histórico muy presente y cuidadosamente trabajado.
La historia gira en torno a “Los diez de Bogarín”, un grupo de personas cultas que de la mano del escritor Guillermo Bogarín, emprenden un largo viaje cultural por Europa que recuerda a los antiguos Grand Tour.
La novela está muy bien documentada y se nota el mimo con el que María .es construye cada escenario…. Aunque ¡OJO! … su narración es muy descriptiva y rica en detalles y , aunque a mí me encanta cómo escribe la autora, para algunos lectores puede resultar algo densa o dar la sensación de que la trama avanza despacio, o que las descripciones ralentizan el desarrollo de la historia.
Por otra parte, la trama coral funciona muy bien. Pese a la cantidad y diversidad de personajes, la autora sabe mostrar con claridad cómo nacen las relaciones, los conflictos, los secretos y los enredos a lo largo del viaje.
Sin ninguna duda Clara es el personaje que más brilla, y para mí, la verdadera protagonista de esta historia. Su evolución es un viaje interior tan potente como el geográfico. Un viaje en el que deberá enfrentarse a sus miedos y florecer como mujer y como violinista.
Una novela donde la música es el hilo conductor y donde cada ciudad visitada se convierte en un personaje más dentro de la trama. 🎻✨
Sonó un violín en París es, sin dudas, una gran obra literaria. Se siente la pasión de la autora en cada página y su devoción por llevarnos a recorrer, con detalle, las ciudades europeas de 1893. La sinopsis me atrapó enseguida: un selecto grupo encabezado por el escritor Guillermo Bogarín emprende un tour por distintas capitales del continente, y a lo largo del viaje vamos conociendo a los integrantes de la comitiva y las historias que los acompañan.
Sin embargo, debo reconocer que me costó mucho seguir el hilo narrativo. La novela es profundamente descriptiva: páginas y páginas de datos arquitectónicos e históricos que, aunque interesantes, a veces me alejaban de la trama y de los personajes. Con tantos nombres y escenarios, perdí el ritmo en más de una ocasión.
Aun así, encontré aspectos muy valiosos. Las conversaciones entre los pasajeros me resultaron encantadoras, y especialmente me conmovió el retrato de Clara, su lucha diaria con la presión que ejercían sobre ella, y su salud mental muy afectada. Ese enfoque sensible y realista me pareció un gran acierto, y equilibra la densidad de la parte histórica.
En resumen: una novela exigente, que quizás no logre atrapar a todos los lectores por igual, pero que sin duda refleja un trabajo literario inmenso y un amor profundo por la historia y la cultura.
SONO UN VIOLIN EN PARIS DE MARIA REIG Finales del siglo XIX (septiembre de 1893). Nueve personas forman parte de un exclusivo tour por Europa occidental y central, organizado por el escritor Guillermo Bogarín bajo el pretexto del descubrimiento cultural y artístico. ) Es la Europa de la Belle Époque, el itinerario comienza en la estación de Lyon, París y se dirige por Italia recién unificada, territorios del imperio austrohúngaro. Entre los pasajeros va Clara Balaguer, violinista española reconocida por su sensibilidad musical y su capacidad para utilizar la música frente a las limitaciones sociales impuestas a las mujeres artistas. Es una novela coral con personajes diversos: un arquitecto italiano, una condesa rusa, un pintor vienés, un periodista inglés y una empresaria catalana, que ilustran los contrastes de la época: modernidad versus tradición, arte frente a mercado, y libertades comparadas con convencionalismos. Sin embargo, cada integrante guarda: secretos, deseos y profundos cambios internos. A medida que avanza el viaje, la aventura, se transforma en escenario de disputas, tensiones sociales propias de la época y la necesidad de enfrentar los propios temores. Es una novela ideal para quienes disfrutan de viajes, historia y ficción coral, invita a reflexionar sobre arte, libertad y el paso del tiempo, y va más allá del entretenimiento.
Leer a María Reig es sinónimo de éxito y de pasarlo de fábula. Ya son varias novelas que he leído de María Reig y con todas sus historias he disfrutado muchísimo.
"Sonó un violín en París" es su primera novela que publica con la Editorial Espasa y supome, al menos para mí, un salto más de calidad en su narrativa, con esta novela se consagra como una de las mejores voces de la novela histórica en la actualidad. Lo digo como lo siento.
María Reig nos presenta una novela de aventuras, de viaje por Europa de la mano de varias personalidades influyentes de Ia época y a medida que el viaje va avanzando el lector es un alumno privilegiado en una clase magistral de Historia de Europa.
Al mismo tiempo, cuando Bogarín y sus acompañantes del viaje han empezado el camino se unen una pareja de hermanos con algo oculto, con algún que otro secreto que no puede salir a escena.
Otro ingrediente de la novela es la música. Como podrá ver el lector que opte por leer "Sonó un violín en París", cada capítulo empieza con una canción, con una pieza musical que guarda relación con el capítulo en cuestión. Y todas estas melodías forman parte de una Playlist que ha creado la propia autora para disfrute de los lectores.
Sonó un violín en París es una novela con una narración muy descriptiva y claramente bien documentada. La autora dedica mucho espacio a recrear las ciudades europeas por las que transcurre el viaje y a perfilar a sus personajes, cuidando con detalle el contexto histórico.
Sin embargo, a lo largo de la lectura he echado en falta una trama que articule la historia. No hay un misterio ni un conflicto que impulse el relato, y la sensación constante es que la narración avanza sin que ocurra nada realmente decisivo. El ritmo se mantiene lento y el viaje se alarga, lo que hace que la lectura se me haya hecho densa y poco envolvente.
Una novela más contemplativa que narrativa, que puede encajar mejor con lectores que disfruten de la ambientación y la descripción, pero que en mi caso no ha terminado de funcionar.
Qué libro más bueno... Si tienes insomnio. De hecho lo he leído en audio y ha sido estupendo para poder dormir. Pensé que con el tiempo esta mujer había empezado a saber escribir pero me equivoqué. La historia es buena pero alguien puede decirle que se centre en la historia y en dotar de alma a sus personajes? Por dios, esto no va de escupir datos para demostrar lo bien que se ha documentado y cuánto sabe de la historia y del momento en el que está situada la historia. Si quiero datos, me leo la Wikipedia. Quiero ver alma en los personajes y esta novela, igual que sus otros libros, no la tiene. Con lo buena que es la historia... Qué malo es el libro. Por cierto, si alguien quiere rememorar titanic, esta novela tiene varias escenas bastante calcadas.
Maria Reig sigue sorprendiéndonos con sus novelas. En esta ocasión la lectura nos acompaña por una gira centroeuropea en las principales ciudades culturales del siglo XIX, Florencia, Salzburgo, Viena, Nuremberg.......
Destaca las referencia a la música en el inicio de cada capítulo, y escuchar esos fragmentos hace que contextualicemos la novela de una manera muy original. El naturalismo y el romanticismo de la época queda perfectamente definido por los paisajes que recorren a través de emblemáticos trayectos en tren.
Los variopintos personajes y sus demonios interiores, van poco a poco revelando sus secretos.
Me costo coger rito al principio, pero ha merecido la pena como el resto de novelas de esta autora.