Este libro camina por una línea muy fina entre la genialidad y el mamarracho. A su favor, el camino no es muy largo: un libro con pocas páginas y en un formato de bolsillo de verdad, de pantalón cargo. También la edición, con un “forrado” que es un póster y que en la portada falsa comienza a escribir. El mensaje que indica donde se terminó de imprimir también tiene una broma. Una edición hecha con verdadero cariño, que fue en realidad lo que me atrajo a comprarlo en una librería de Reus.
En su contra: casi todo lo demás. Lo primero, que realmente no habla de ciudades, en las que viva el protagonista o no. Habla del protagonista tratando, en cada esquina, de besar a otros chicos, la mayoría de los cuales fuman, de escribir o de no escribir, de meter cosas en su bolso o, más adelante, el bolsas, de robar, de palomas, de colores… Todo ello repartido en episodios cortos, que suceden en lugares diferentes, ninguno de los cuales tiene demasiados rasgos distintivos: todos tienen chicos, muchos con camiseta a rayas, palomas, autobuses y cementerios.
No hace falta mucho trabajo para leerlo entero, pero es un libro un tanto inane, que realmente no aporta nada.