Pau Febrer irrumpe en el panorama editorial con ‘Castillos de arena’, un thriller de acción y misterio ambientado en Sídney en el que una tormenta de arena pondrá en jaque la vida de sus seis protagonistas, convirtiéndose en un símbolo del caos que amenaza el mundo.
John, un joven informático desesperado por conseguir dinero, aceptará el encargo de un misterioso cliente llamado «El Arquitecto». Sin saberlo, durante una tormenta de arena en la ciudad de Sídney ayudará a que un grupo armado lleve a cabo un secuestro que podría cambiar el curso de la historia. Cuando descubra sus planes, en un intento por redimirse, unirá fuerzas con su enigmático vecino Tyler, que oculta un oscuro pasado. Juntos llevarán a cabo una carrera contrarreloj, dispuestos a hacer lo imposible para detener el golpe.
Con una estructura coral y no lineal, la novela se construye desde distintas perspectivas que se cruzan, se contradicen y se complementan, generando una experiencia de lectura absorbente. Cada capítulo está narrado en primera persona por uno de los seis personajes principales, lo que nos permite entrar en sus mentes, conocer su pasado y entender sus motivaciones más íntimas. Esta elección narrativa potencia la tensión interna de la historia, aportando una profundidad notable a los protagonistas y dotando al relato de una riqueza psicológica inusual en el género de acción. Sin embargo, también requiere cierta atención por parte del lector, ya que los saltos temporales y la repetición de escenas desde distintos puntos de vista pueden resultar confusos si se ignoran los horarios que abren cada capítulo.
La lectura se transforma en una experiencia casi cinematográfica gracias a un estilo marcadamente visual, que sumerge al lector en un único escenario donde todo ocurre en cuestión de horas. La tormenta de arena se convierte en un personaje más de la historia. Una ambientación opresiva, oscura y hostil, intensifica la tensión, haciendo que el lector sienta que también está atrapado allí dentro. La cuenta atrás que se va insinuando desde el principio añade un elemento de urgencia constante, y las traiciones y alianzas inesperadas mantienen el ritmo a buen nivel, a pesar de que el arranque de la novela puede resultar algo denso debido a la extensión de los primeros capítulos y la presentación algo pausada de los personajes.
Aunque predomina la acción —con escenas trepidantes, tiroteos, persecuciones y momentos de vértigo—, la novela se permite pausas para la introspección. Estos momentos de calma dotan a la historia de un equilibrio interesante entre espectáculo y reflexión.
Desde Tyler, marcado por una necesidad casi desesperada de redención, hasta John, movido por un amor visceral hacia su madre, los personajes se construyen desde la ambigüedad moral. Aquí no hay héroes intachables, sino antihéroes llenos de matices, cuyas decisiones vienen motivadas por la supervivencia, la culpa y la traición. Cada uno carga con sus secretos, que se desvelan poco a poco mediante flashbacks que, si bien ralentizan la acción por momentos, enriquecen la historia y hacen que tenga un mayor componente emocional.
Los villanos, por su parte, son quizá el punto más flojo de la novela. Están construidos de forma algo estereotipada, y no terminan de estar a la altura del conflicto central. Uno de ellos —que incluso protagoniza un capítulo— se siente confuso en su desarrollo y menos logrado en comparación con el resto de personajes. No logra inquietar ni generar la tensión necesaria, como si el foco de la historia estuviese claramente volcado en los protagonistas, relegando a los antagonistas a un segundo plano funcional.
Ciertas escenas bordean lo inverosímil y algunos diálogos pueden resultar algo “peliculeros”, recurriendo a frases lapidarias que, si bien aumentan el efecto dramático, a veces restan naturalidad, lo que puede llegar a comprometer la credibilidad de ciertas situaciones.
A pesar de esto, ‘Castillos de arena’ cumple con creces su propósito: ofrecer una lectura entretenida, intensa y con momentos de auténtica tensión. El final, aunque algo predecible en su resolución, cierra de forma coherente una historia que apuesta por el espectáculo narrativo más que por la verosimilitud.
Pau Febrer debuta con una propuesta ambiciosa y llena de energía, que se lee con gusto si uno se deja llevar por la adrenalina de la acción y no busca realismo absoluto. Con una narrativa que combina acción pura con una profunda exploración de dilemas morales, Febrer da muestra de que tiene madera para seguir construyendo historias cargadas de ritmo y tensión.