Lo que hay en esa casa, niña, sabe más que tú. Lo que hay en esa casa no surge de tu mente. No obedece a las reglas y se comporta como debe comportarse un espíritu. Hace lo que hace para engañarte, quiere inducirte a creer cosas que no son. No posee ni una pizca de verdad. Lo que hizo la semana pasada, no volverá a hacerlo hoy. Ves algo allá adentro, y es algo que no estaba ayer y que no estará mañana.
Cuando muchos lectores hablan tan bien de una novela, cuando todos dicen lo atrapante que es, decididamente voy a una librería y la compro. Esto es lo que hice con esta magnífica novela de Michael McDowell y no me equivoqué.
Verdaderamente está escrita en forma soberbia y el poder de adicción y compenetración que genera es total.
Michael McDowell, quien escribiera el guión de la ya mítica animación “El extraño mundo de Jack” y de la película Beetlejuice, ambas de Tim Burton, hizo también una gran carrera literaria que le valió menciones y reconocimientos, y previa a esta, escribió otra novela muy buena llamada “El amuleto”, que pienso buscar para leer algún día.
La historia de “Los elementales” se centra en una apartada localidad del sur de los Estados Unidos, llamada Beldame, en donde los miembros de dos familias, los McCray y los Savage deciden ir a descansar luego de la muerte y del extraño funeral de la matriarca de los Savage, Marian, madre de Dauphin, suegra de Leigh, consuegra de Big Barbara Ann, quien es la madre de Luker y a su vez este es el padre de India, una chica de trece años un tanto especial para su edad. En ese velatorio sucede algo perturbador que tiene que ver con lo que se desarrollará más adelante.
Los acompaña su sirviente negra, llamada Odessa. Típica empleada de color de los estados sureñas del país, de esas que conviven con la familia durante décadas.
Hay tres casas en Beldame, construidas exactamente con la misma arquitectura de estilo victoriana, aunque “la tercera casa” está abandonada. Las dunas avanzaron para apropiarse de ella y nadie vive allí. Al menos eso es lo que todos creen.
Pero algo maligno acecha en esa casa. Algo ominoso, terrorífico, con entidad propia, que comenzará a atormentar a las seis personas que viven en las otras dos y además de estas entidades que con el correr de la lectura se transformarán opresivas y torturantes para los personajes, encontraremos otros dos personajes claves en esta historia.
En primer lugar, el calor. Insoportable, agobiante, abrasador. Capaz de generar las más variadas alucinaciones en los moradores de esas casas y todo ello derivará en obsesiones y visiones aterrorizantes cada vez que se acerquen a esa tercera casa.
El otro personaje es la arena. El autor, utiliza el recurso de la arena como la sangre en las novelas de vampiros y ésta se convierte en el eje de todo el mal que envenena el ambiente.
Prontamente, comenzarán a suceder cosas verdaderamente extrañas y toda la acción se centrará en dos personajes claves: por un lado en la hija de Luker, India, quien entablará una peculiar relación con la otra pieza fundamental de todo esto, que es Odessa, la sirviente.
Entre las dos, descubrirán que todo el terror que yace en la tercera casa y lo que se desencadenará en la tercera parte del libro será enloquecedor.
Criaturas horripilantes, apariciones fantasmales, escenas inverosímiles y repugnantes comenzarán a suceder una tras otra y es aquí en donde recrudece todo el terror que asalta tanto a los personajes como al lector.
Leyendo acerca del autor, me informo de que escribe “terror gótico sureño”. Realmente a mí no me importan ese tipo de clasificaciones. Esto es terror y del bueno.
McDowell juega con la sugestión del lector y logra que este vea lo mismo que los personajes. Las extrañas criaturas que pululan en esa casa, son descriptas con tanta nitidez que uno se asusta y esto hace que la adrenalina suba y nos exija leer más y más…
Esta novela fue escrita por McDowell en 1981 pero por suerte, existe en Argentina una editorial excelente y maravillosa, que se llama La Bestia Equilátera. Yo ya poseo otras dos novelas tan desconocidas como únicas y que solo esta editorial podía publicar.
Una es “El caballero de cayó al mar” del desconocido H. C. Lewis y “El otro lado”, escrita por un extraño ilustrador del siglo XIX, que era amigo personal de Franz Kafka y que se llamaba Alfred Kubin.
La Bestia Equilátera tiene esta sana costumbre. Todo lo que edita es original, desconocido y de una gran calidad.
Volviendo a “Los elementales”, (tuve que esperar a leer más de doscientas páginas para entender por qué se llamaba así), no tengo más que palabras de admiración porque he pasado ratos de altas dosis de atención, susto y entretenimiento.
McDowell escribe tremendamente bien y como comenté previamente, sabe cómo jugar con el inconsciente del lector.
Hacía mucho que no leía una novela de terror. La última fue “Christine” de Stephen King, que era un gran amigo del autor, y recuerdo que era adolescente cuando la leí y se me había generado cierta aversión a pasar por delante de la trompa de los autos cuando caminaba por la calle.
Espero no tener que ira a ninguna mansión antigua para no recordar lo que sucede en la ominosa tercera casa de Beldame, en donde los Elementales acechan para enloquecer, aterrar y matar.
Y alentado por la lectura de esta novela, voy a ir un paso más allá, comenzando a leer otra escalofriante y aterradora novela, ya mítica: la que escribió William Peter Blatty y que se llamó “El exorcista”.