Alegadamente tarde un año, en leerla, pero es mentira. La leí rapidísimo, pero no salí ileso de esta historia cargada, como siempre, del referente más doloroso que existe. Una ruptura amorosa de la que ni el lector ni el mismo escritor ha llegado a recuperarse. Una obra que deja las ganas de llorar, de ir a por un Güisqui y jamás regresar.