Estaciones es un delicado tapiz de palabras que captura la esencia cambiante de la vida a través del lente de la dualidad y la naturaleza. Este libro es una meditación sobre el paso del tiempo, el amor y la pérdida, resonando con la verdad de que todo en la vida es transitorio, como el florecer y el marchitar. “La osadía de aquellos días disfraza mis ayunos con la típica nostalgia de querer amar sin olvidar”, se lee en sus páginas, evocando la dulzura y la melancolía de los recuerdos.
La obra utiliza la naturaleza como espejo de las emociones humanas, mostrando cómo la vida, al igual que las estaciones, está llena de ciclos de renovación y declive. Con cada verso, Estaciones invita a explorar los paisajes internos de las vivencias y a enfrentar las inevitables dualidades de la existencia. En sus palabras, se encuentra una celebración del ciclo eterno de la vida, y se ofrece una invitación a conocer aquel uróboro que actúa como un recordatorio constante de que siempre hay algo nuevo esperando ser descubierto.
Estaciones anima a abrir la puerta al recuerdo y al olvido, a encontrar consuelo en la itinerancia de la vida y a reconocer que, incluso en la pérdida, hay belleza.
La poesía la veo como una cuestión artística profunda. A la primera lectura tus emociones deciden si aquello conecta o no con el alma. Como cuando uno entiende y se emociona por una pintura cuando es observada por primera vez.
No todo el libro fue así, pero esa es una cuestión de la vida misma. Hay algo bueno y algo malo. Pero la visión general siempre será de recordar aquello que impacta, y en este libro si puedo decir que varios poemas me impactaron y conectaron con mi alma y con el momento de mi vida.