La publicación de las novelas breves Miserias ocultas y La hora de queda busca visibilizar una parte del trabajo escritural de la destacada escritora chilena, Inés Echeverría Bello, quien bajo el seudónimo de Iris se consolidó como figura clave para la defensa de la emancipación de la mujer durante las primeras décadas del siglo XX. A través de su trabajo, la autora, quien fue la primera mujer nombrada “Miembro Académico” de la Universidad de Chile, se posicionó como un ser rebelde y en contra de las convenciones de la aristocracia, sector social al que perteneció. En Miserias ocultas se aborda la temática de violencia sexual hacia la mujer, perpetrado por un joven proveniente de la elite, quien resulta impune de su delito. En esta obra, nos damos cuenta de que el abuso hacia el cuerpo e intimidad de la mujer es un hecho que se sigue perpetrando, con un siglo de distancia, y que la autora no solo condena esto, sino que, además, da cuenta de una lucha de clases en donde la mujer, en tanto sujeto subalterno, es oprimida. Por su parte, La hora de queda presenta la historia de los Ruiz-Tagle, quienes habitan un clásico caserón próximo a la Catedral de Santiago, cuyas vidas están apegadas a la tradición y sumidas en una rutina de privilegios y monotonía; por lo tanto, se convierten en meros espectadores de los procesos de modernización que vive el país a inicios del siglo XX. En esta reticencia al cambio, destacan los personajes femeninos, las tres hermanas Ruiz-Tagle, quienes a contracorriente de las disposiciones de la época eligen el camino de la independencia, sin contraer nupcias, para vivir en un espacio de encierro y de tiempo detenido que, hacia el final del relato, se vuelca en La hora de gracia, transformando el aislamiento del mundo moderno en oportunidad de intensificar la vida del espíritu. El prólogo que introduce esta edición está escrito por Damaris Landeros Tiznado, profesora de Castellano y Doctora en Literatura por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, quien se ha dedicado a la docencia universitaria y a la investigación de escritoras chilenas del siglo XIX.
Las dos estrellas no significa que la escritura sea mala (por el contrario) o que los relatos presentados no sean interesantes desde un punto de vista histórico, simplemente no conecté con estos como para dar una puntuación más alta. Mi interés en este libro nació por otro que leí hace un tiempo, donde mencionaban como Inés Echeverría Bello había decido no hacer uson de su seudónimo Iris para escribir sobre su hija y denunciar su asesinato a manos de la violencia de su marido, lo que ayudó en su condena final. Así, creo que estoy más interesada en leer directamente sus ideas que en sus trabajos de ficción.
Esto no significa que muchas de sus ideas sobre la posición de la mujer en la sociedad no se vean reflejadas en los dos relatos, después de todo, son estas mismas ideas las que permean cada párrafo de las dos historias y les otorgan las bases sobre las que están planteadas los actos y reacciones de sus protagonistas. Destaca la forma en que la autora logra plasmar con vividez el diario vivir de las mujeres de diversas épocas, siempre girando alrededor del hogar y los deberes que la sociedad cree inherentes de su sexo, repetitivos en si mismos y sin pago mayor que el evitar la reprimenda o la condena social. Se ve un atisbo del avance de las ideas feministas en plena colonia y en el periodo post colonial, sobre todo en mujeres de alta sociedad con acceso a recursos y educación, mientras que la dolorosa falta de esto se nos plantea en el primer relato al ponernos en la posición de una empleada y las circunstancias crueles a las que se ve enfrentada. Por ello, creo que me gustaría tener acceso a las ideas de la autora de forma más directa, ya que estas se ven limitadas por las estructuras de una narrativa ficticia, al menos hasta cierto punto.
Tema aparte, el primer relato toca el tema del abuso sexual que sufre un personaje, nada demasiado gráfico, pero no sé si estaba en el espacio emocional para leer ese tipo de violencia, sobre todo cuando su función es reflejar el abandono que las mujeres sufrían por parte de la sociedad, cuando las condenadas eran ellas y no el victimario. Pero, nuevamente, este es un punto netamente personal. Entiendo la inclusión de este cuando se intenta denunciar como las instituciones políticas y sociales le dan espacio y son complices en perpetuar la brutalidad machista.
La voz que desde el privilegio critica las injusticias y tiranías resuena tan bello y triste como si las tragedias y desperdicios las hubiese vivido en carne propia. Y quizás si, cuando una voz femenina, hablando de la tragedia femenina, se ve opacada por el contexto de su época y minimización de su persona, puede que hable con privilegio, si, pero sometida también.
Me alegra que se esté recuperando a esta autora, que hasta este libro desconocía.