Esta historia me fascinó profundamente; creo que es una de las mejores novelas que ha creado Hilda. La trama, los personajes, sus vivencias y las emociones que transmiten llegan al corazón de una manera única.
Hilda hizo un trabajo excepcional con el personaje de Catalina, logrando transmitirnos su dolor y la angustia de ver a su madre apagándose poco a poco, esperando el regreso de su gran amor. Nos hace partícipes de su enorme pérdida, de la soledad que la acompaña, y de cómo su única motivación, durante mucho tiempo, fue la venganza. La historia de Catalina refleja cómo una mujer que lo ha perdido todo en su tierra natal decide cargar con un peso enorme; un peso impuesto por su abuelo, que estuvo a punto de destrozar su vida.
Esta historia me atrapó por completo. La trama, los personajes, la pasión que transmiten a través de sus pensamientos, dolores y recuerdos, me tocaron de una manera profunda. En cada momento, te resulta imposible no tomar partido: unirte a la venganza o dejarla atrás para intentar aceptar el pasado y dar vuelta a la página para crear un futuro mejor.
La historia de Catalina está impregnada de dolor, tragedia, amores inconclusos pero verdaderos, y un amor que le da fortaleza, que la hace ser mejor, que le da fuerzas para dejar atrás la ira, el rencor y mirar hacia el futuro con esperanza. Es una historia sobre la superación y el poder del amor.
Catalina es una mujer fuerte, de carácter decidido, con un único propósito en la vida: vengar a su familia. Pero cuando conoce a Alec, su mundo cambia por completo. Los cuestionamientos comienzan, y la venganza ya no lo es todo. Empieza a desear un futuro junto a él. Alec, por su parte, me sorprendió mucho. Recordarlo de niño y verlo ahora como un hombre respetable, de fuertes convicciones y con una personalidad hermosa escondida tras facciones duras y toscas, fue increíble. Se nota cómo los acontecimientos de su niñez lo afectaron, pero también cómo el amor de sus padres lo formó como el gran hombre que es. Alec tiene una personalidad maravillosa.
Lo que más me gustó fue ver la evolución de los personajes, cómo se van conociendo, enamorando y apoyando incondicionalmente. Se forma una unidad entre ellos, donde no hay intentos de cambiar al otro, sino de acompañarse y apoyarse, en las buenas y en las malas. Alec demuestra el amor que recibió de sus padres, que fue esencial en su crecimiento. Me emocionó profundamente cuando le dice a Catalina que puede contar con él, cuando ambos abren sus corazones y comparten los dolorosos recuerdos del pasado.
Otro personaje que me tocó el corazón fue John. Su alejamiento de la familia y la sensación de que su vida se detuvo al creerlos muertos fue desgarradora. La revelación de la verdad, el saber todo el dolor que su esposa padeció, dejó una huella profunda en mí. Hilda supo transmitirnos el impacto, la pena y el dolor de descubrir ese sufrimiento. Por eso, amé el final y cómo se desarrollaron los acontecimientos. Aunque no hubo perdón, sí hubo un futuro juntos y una reconciliación, lo cual me dio una sensación de cierre emocional.