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1812: La batalla de Tucumán

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Hablar de la historieta en Tucumán obliga a remitirnos a una breve reseña geográfica e histórica de la mencionada provincia, para ubicar en el tiempo y espacio a los lectores latinoamericanos.

Tucumán representó la extensión sur en el continente del vasto imperio inca; lugar de evangelización de diaguitas y quilmes por parte de los jesuitas en el noroeste argentino, quienes dejaron marcado a fuego los principios de una nueva cultura, la de crecer sobre la base de nuestra identidad, a nuestras raíces. Durante el virreynato del Río de la Plata ocupó una zona más extensa a la actual, para luego convertirse en la más pequeña de las provincias argentinas y la de mayor densidad demográfica.
El 24 de septiembre de 1812, contradiciendo la orden de retroceder, las tropas argentinas revolucionarias al mando del general Manuel Belgrano triunfan sobre el ejército realista español, en la que se denominó la «Batalla de Tucumán». Dirá más tarde el historiador y luego presidente Bartolomé Mitre, su más cabal evocador: «Y si se piensa que todas las revoluciones de la América del Sur fueron sofocadas todas a un mismo tiempo (1814-1815), menos la de las Provincias Unidas; y se medita que sofocada o circunscripta la revolución argentina, o simplemente paralizada en su acción externa, las expediciones sobre Montevideo, Chile, Lima, Alto Perú y Quito no habrían tenido lugar, fuerza será convenir también que en los campos de Tucumán se salvó no sólo la revolución argentina, sino que se aceleró la independencia de la América del Sur» (Rivera, 1959).
El 9 de julio de 1816 alberga al Congreso de Diputados que declaran la independencia de nuestro país. Tierra de ingenios que trituraban la caña de azúcar, endulzando los sueños de prosperidad de sus trabajadores.

El tucumano Juan Baustista Alberdi escribe las bases de nuestra constitución. Avellaneda y Roca, presidentes argentinos nacidos en estas tierras. Más acá en el tiempo, en 1948 se inicia la «época de oro» de las artes tucumanas, con Eneas Spilimbergo en pintura y Lajos Szalay, en dibujo, con jóvenes como Carlos Alonso, Luis Lobo de la Vega y Timoteo Navarro, a quienes habrá que sumarles el prolífico Aurelio Salas.
A mediados de septiembre de 1968 es apresada la primer célula armada de guerrilleros, pero la palabra «guerrilla» parece algo exótica hasta el momento. El golpe militar del 24 de marzo de 1976 en Argentina tiene como primer asesinado al maestro tucumano Isauro Arancibia, el primero de 30 000 desaparecidos, el primero de la más negra de las noches de nuestro país.
Los «subversivos» quisieron hacer una nueva Sierra Maestra, ya que Tucumán es muy similar geográficamente a la zona oriental de Cuba. Los «milicos» formados en la Escuela de las Américas hicieron un nuevo Vietnam, con su napalm sobre gente inocente en los cerros tucumanos, representados en el genocida Antonio Bussi, quién a mediados de la década del noventa, sería gobernador provincial, por esas cosas de las oportunidades democráticas y el olvido de muchos.
La realidad actual argentina es caótica, y Tucumán no escapa a ella, pero se sigue luchando.
Es este el marco histórico en el que nace la Unhil, Unión de Historietistas e Ilustradores de Tucumán, como una expresión auténtica de narrar historias de nuestra historia, un cable a tierra que trata de diferenciarse de las múltiples y repetidas facetas de la historieta, que hacen que el común de la gente la generalice, catalogándola de vacía o tan sólo siéndole indiferente y nada más.
Tucumán es la historia viva de nuestra sufrida Argentina, con héroes y villanos, con sus grandes logros y contradicciones, un enorme cántaro de historias a ilustrar, y es eso lo que pretendemos, buscando nuestra perdida identidad, la tucumana, la argentina, la latinoamericana.

100 pages, Paperback

First published January 1, 2013

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Javier Ortega

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Profile Image for Variaciones Enrojo.
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August 3, 2016
Reseña de Andrés Accorsi para su blog:
http://365comicsxyear.blogspot.com.ar...

Una vez más, los miembros del colectivo tucumano UNHIL (Unión de Historietistas e Ilustradores) se lanzan a la aventura de recrear en forma de historietas los sucesos que conmovieron a nuestro país hace 200 años. En esta ocasión los guionistas y dibujantes se centraron en la batalla de Tucumán, aquel evento decisivo en la guerra contra las tropas realistas que tuvo como protagonista a Manuel Belgrano.
Las historietas son breves y enfocan distintos aspectos de aquella gesta, desde el increíble éxodo jujeño hasta las secuelas del triunfo en Tucumán. Algunas secuencias se centran en la batalla propiamente dicha, otras en el pensamiento y el legado de Belgrano y unas cuantas se concentran en la vida de la gente común, ya sean los pobladores de las distintas ciudades por donde pasa el Ejército del Norte, o los propios gauchos, peones y demás criollos, mestizos y hasta un escocés que se sumaron a las tropas de Belgrano. Muchos de estos combatientes fueron soldados improvisados, gente común sin entrenamiento militar y con armamento muy precario, lo cual –por lógico contraste con la experiencia y el poder de fuego de las fuerzas realistas- le da a la victoria de Tucumán visos épicos, muy bien subrayados por los guiones de estas historietas.
Por supuesto los hay mejores y peores, más didácticos y más “aventureros”, más solemnes y más distendidos. Creo que el que más me gustó fue el de El Escocés del Pedemonte, firmado por Néstor Martin, que además de ser técnicamente correcto me contó de modo ameno y atractivo algo que yo no sabía. La historieta que abre el libro, co-escrita por César Carrizo y Segundo Moyano, también me llegó por la fuerza del guión, si bien se centra en un episodio que yo ya conocía (el éxodo jujeño). Si pensamos que este es un libro editado por la Municipalidad de la ciudad de Tucumán, con la intención (supongo yo) de que los chicos lean este material en las escuelas, los “peros” que se nos puedan ocurrir a los lectores especializados, muy pasados de rosca en el tema comic, se desactivan de inmediato. Obviamente cualquiera de estas historietas es mucho más entretenida y le pega mucho más a un pibe de la secundaria que leer un libro de historia o las cartas que escribió Belgrano en aquella época.
También por el hecho de estar bancado desde un organismo oficial, el libro opta por una visión “limpia” de los hechos, donde por lo menos en el bando de los criollos a nadie se le ocurre hacer trampa ni zarparse en lo más mínimo. Las figuras de Belgrano y sus lugartenientes están exaltadas al filo de la hagiografía y todo el tiempo se resalta el coraje y la valentía de los hombres y mujeres que se jugaron la vida para defender su tierra y ese proyecto de patria que todavía estaba medio en pañales. Aún simplificadas a un conflicto de Buenos vs. Malos, la batalla de Tucumán, sus causas y consecuencias dan un jugo bastante interesante, bien plasmado por los artistas de la UNHIL.
En cuanto a los dibujos, sin dudas el lápiz más notable es el del ya mencionado Segundo Moyano, un dibujante de trazo ágil, suelto, muy moderno, a años luz de las típicas ilustraciones históricas que nos ofrecía la revista Billiken. Me gustaron también Leo Miranda (al que le tocó remar uno de los guiones más áridos), Rodolfo Paz (un clásico sin estridencias, muy sólido en las expresiones faciales), Juan Aníbal de La Madrid (bestia del claroscuro que me hizo acordar a los mejores trabajos del español Sento) y un dibujante muy raro llamado Alejandro Nicolau al que le dieron sólo dos páginas y del que quiero ver más trabajos. También hay un muy buen nivel en muchas de las ilustraciones que acompañan los textos históricos que aparecen entre las historietas.
Libros como este le hacen mucho bien a la historieta argentina primero porque están bien hechos, con un buen laburo de investigación, un equipo de autores mayoritariamente idóneos, etc.. Y después porque ayudan a lograr algo que debería ser prioridad de todos, que es meter la historieta en las escuelas. Contaminar desde chicos a los pibes con el relato secuencial, mostrarles que se puede usar para contar todo tipo de historias, incluso las que tienen que ver con cosas (a priori) tan embolantes como las fechas patrias, los próceres y todo ese chamuyo de tipos viejos que no jugaban a la Play ni se mensajeaban con sus Blackberrys. Para eso hay que sintonizar una onda más o menos parecida a la que les gusta sintonizar a los docentes y en eso César Carrizo (faro ideológico de la UNHIL) es referente no sólo a nivel de Tucumán sino de toda Latinoamérica. Así como la batalla de Tucumán fue puntapié inicial para la independencia argentina, este libro puede ser un paso importantísimo para darle más visibilidad a nuestra historieta en un ámbito (el escolar) que aún hoy le es bastante hostil. Resistiremos.
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