¿Qué interés tiene la mirada transnacional del catolicismo social y de la religiosidad proletaria? ¿Por qué relacionar experiencias católicas tan diversas como las vividas el siglo pasado en Bélgica, Portugal y España? ¿Hasta qué punto las bases de legitimación de unas dictaduras de raíz católica dejaron paso al desenganche religioso? Estas y otras preguntas fundamentan esta monografía, que contribuye a quebrar ciertos estereotipos y a forjar nuevos paradigmas. Sus páginas demuestran la importancia del catolicismo portugués como laboratorio en el contexto europeo de entreguerras, merced a su conexión con el obrerismo católico belga, del que bebió, adaptado a los intereses del corporativismo en la forja del Estado Novo. Una experiencia que definió una variante de la Acción Católica especializada que tanto influyó, una década después, en la España franquista. Una interrelación entre las dictaduras ibéricas que cuestiona otro tópico, que el nacionalcatolicismo fue una cosa española, pues tanto el salazarismo –y su prolongación, el marcelismo— como el franquismo simultanearon la reconquista religiosa con la nacional. Un libro que dibuja, en definitiva, unas sinergias y analogías históricas entre España y Portugal más profundas que las habitualmente consideradas.
Excelente ensayo académico que estudia las relaciones entre el mundo obrero y el catolicismo entre los años 30 y 70, particularmente analizando la evolución del catolicismo político ibérico y su desenganche, tras una previa etapa de colaboración, de sus respectivas dictaduras. Poniendo el foco en la importancia que tuvo la influencia del catolicismo obrero de masas belga, de larga tradición desde el primer tercio del siglo XX, en la evolución de sus homólogos ibéricos. Únicamente diré que se hacen algo tediosos los capítulos dedicados a las experiencias nacionales específicas si no se cuenta ya con un bagaje previo sobre la historia reciente de estos países, sobre todo por el lío de nombres y siglas.