Luis Maura nos presenta en Payaso una historia que, a primera vista, promete una combinación entre sátira social y humor absurdo. La trama sigue a Miki, un actor en horas bajas que se ve obligado a disfrazarse de payaso en un centro comercial para poder subsistir y que, tras un altercado, huye de la policía creyendo que le persigue.
La novela se desarrolla entre pasajes en presente y continuos flashbacks que se alternan entre sí, lo que al principio y hasta que me di cuenta, me desubicaba un poco; aborda temas como la precariedad laboral, las dificultades del mundo artístico, el acceso a una vivienda digna, la conciencia de clase, el abuso de poder, el desamor y el valor de la amistad, sin embargo, la manera en que Maura mezcla estos elementos con un tono humorístico extravagante genera para mí una sensación de caos narrativo que, lejos de potenciar la historia, termina por diluir su impacto: la crítica se me hace menos seria, la gracia menos irrisoria.
Si bien la precariedad juvenil y las dificultades del protagonista para encontrar su lugar en el mundo podrían haber sido exploradas con mayor profundidad, el tono absurdo del relato hace que estos temas pierdan fuerza. En lugar de lograr una sátira afilada o un drama con matices cómicos, la novela se queda en un terreno intermedio que no termina de funcionar ni en un sentido ni en otro. La comicidad, en muchas ocasiones, choca con la gravedad de los temas tratados, generando una desconexión que hace difícil implicarse emocionalmente con la historia.
Además, hay cierto aspecto del humor de Maura que me resulta problemático. El autor, en su intento por hacer de la situación un absurdo, introduce el personaje de la Butcher (una carnicera lesbiana y andaluza) y recurre para su construcción a los tópicos de siempre: la incultura y la rudeza, tantas veces asociadas a lo andaluz. Este estereotipo, lejos de aportar algo nuevo, perpetúa una visión simplista y condescendiente que se ha repetido en la literatura y en otros medios hasta el cansancio. En una obra que pretende ser crítica con los prejuicios y las dificultades sociales, este tipo de recurso resulta especialmente desafortunado. Por otra parte, en Andalucía no usamos todos las mismas expresiones: el autor debería saber que la coletilla “mi arma” y la forma de hablar de la Butcher son típicas de Sevilla y no tanto de Cádiz.
En contraposición he de celebrar el hecho de que los 3 personajes principales formen parte del colectivo LGTBIQ+ y que esta sea una característica que se aborde con naturalidad en la novela.
No me atrevería a clasificar este libro como thriller puesto que desde los primeros minutos sabemos que el asesino es Miki, quien huye de la policía y que el muerto es Chema. Intriga no hay mucha, quizá más bien la inquietud por saber si el protagonista, con quien resulta muy fácil empatizar, saldrá indemne. Gracias a la ayuda de Loreto, su amiga del alma y de la Butcher, la ex de esta, logrará hacerlo.
Miki se enamora de Bosco al ver una pintura de este en su galería. Una noche, de fiesta, se lo encuentra, pero el hombre no va solo, lo acompaña Chema, un productor de cine que también es su socio. Los tres suben al piso de Miki porque Bosco quiere drogarse y comienzan a liarse entre ellos. Sin embargo, Chema le pide a Bosco que lo deje solo con Miki. El productor, abusando de su poder, viola a Miki, quien desea convertirse en actor, pero va tan pasado que acaba sufriendo un infarto. A partir de ahí, Miki intentará deshacerse del cadáver con la ayuda de su amiga Loreto, quien tiene la idea de vestir al muerto con el disfraz de payaso que usa Miki para el trabajo y así sacarlo del piso y poder transportarlo hasta un pantano en la furgoneta de la Butcher.
En definitiva, Payaso es una novela con buenas intenciones y un punto de partida interesante, pero su ejecución la deja en un terreno confuso. La mezcla de crítica social y humor absurdo no logra cuajar del todo, lo que impide que la historia tenga la coherencia y el impacto que podría haber alcanzado. Aunque hay momentos que pueden resultar entretenidos, la falta de equilibrio entre el tono y el mensaje hace que la novela se sienta demasiado simplista.