Cuando el inspector Oliver regresa a su pueblo natal, la pacífica vida del lugar se desmorona. Junto a Leo, el veterano inspector del cuerpo de policía local, deberán liderar la investigación de una serie de atentados brutales. Lo que en principio parece ser una vendetta romántica, se transforma en un rastro de pistas oscuras que los lleva a revivir los ecos y sombras de secretos largamente enterrados.
En un juego inquietante de cazador y presa, Oliver y Leo se enfrentan a un enemigo invisible, y a un pasado que amenaza con regresar. Nadie es quien aparenta ser. Nadie está libre de culpa. En este thriller lleno de giros inesperados, el precio de la venganza y la delgada línea entre justicia y la traición, se desdibujan en cada página.
Ambos deberán elegir en quién confiar y hasta dónde llegar para detener a un asesino que parece conocer los rincones más sombríos del pueblo... y de las personas que lo habitan.
4.5 🌟 La tranquilidad del pequeño pueblo de Beira se ve alterada cuando un cadáver aparece en el vertedero. Un inspector a punto de retirarse y el joven que viene a sustituirlo tendrán que unir sus diferentes formas de trabajar y de entender la vida para resolver un crimen y controlar los daños colaterales que amenazan a todo el pueblo.
Más allá de ser un thriller policial al uso, la novela aporta un montón de reflexiones y observaciones sociológicas que son verdaderas joyas y que hay que disfrutar en paralelo a la trama.
Las descripciones son muy ricas y visuales y situan al lector casi dentro de la escena.
La última parte es un constante de giros que te sorprenden, literalmente, hasta la última frase.