Die Gebäude von Paris sind geschichtsträchtig, jedes auf seine Art. Die Autorin und Filmemacherin Ruth Zylberman macht aus dem Mietshaus in der Rue Saint-Maur 209 im 10. Arrondissement eine wahre Zeitmaschine und zeichnet das vergangene und gegenwärtige Leben seiner Bewohner nach. Seit den 1850er Jahren haben dort Generationen von Familien, Handwerkern und Arbeitern, Künstlern und Einwanderern aus Ost- und Südeuropa sowie aus Nordafrika gelebt. Hier entstanden Freundschaften und Lieben, doch zugleich wurden auch tragische Schicksale Zur Zeit der deutschen Besatzung wurden hier besonders viele jüdische Kinder deportiert, deren Geschichten die Autorin nachgeht, zuweilen bis ans andere Ende der Welt.
Ruth Zylberman reflektiert in Rue Saint-Maur 209 über die Spuren der Vergangenheit, die Verflechtungen von großen geschichtlichen Ereignissen und kleinem Alltag – und auch über sich selbst, das Beobachten und das Erinnern.
Obra que habla de un edificio (ese número 209 de rue Saint-Maur) para hablar de los cambios en París durante casi dos siglos y, sobre todo, sobre la persecución y deportación de la población judía a los campos de concentración en la 2ª Guerra Mundial y cómo algunos de ellos consiguieron ocultarse en el edificio.
Es un libro que utiliza la microhistoria para intentar responder a cuestiones más amplias, pero como todo libro que habla de personas anónimas, depende de fuentes que en muchos casos han desaparecido, lo cual obliga a la autora a intentar encontrar explicaciones para hechos o testimonios que no parecen tener un sentido claro.
Es más denso de lo que parece (a mí particularmente los nombres franceses siempre se me atragantan), pero una vez entras y comienzas a ver las relaciones entre las distintas personas, entre los vecinos del ayer y del hoy, es una lectura fascinante.
Personne : Moi pendant une semaine : « alors tu sais je lis ce livre en fait c’est l’histoire d’une femme qui a choisi un immeuble au hasard et en fait elle cherche les archives pour comprendre son histoire et c’est trop bien… »
Pardon pour les tunnels, je n’ai pas pu m’empêcher d’en parler de partout parce que non seulement la démarche est passionnante mais le récit en lui même est superbe. La façon dont le passé et le présent finissent par s’entrelacer est saisissante, je trouve que c’est une façon incroyable de faire revivre l’histoire. Bravo Madame
“el amor por la libertad, la revolución […] todas las historias de amor iniciadas y resquebrajadas, el amor por la vida, cotidiano, minúsculo, tan radioactivo como la adversidad”
Testimonio de 150 años de historia de un edificio y sus habitantes.
En ocasiones puede resultar un lío, ya que son tantas las personas que lo han habitado, pero la autora ha sabido transmitir la intensidad de todas esas existencias (y ausencias).
Es un ensayo bastante interesante y escrito con estilo y agudeza, pero creo que se centra demasiado en las deportaciones de judíos durante la ocupación nazi de París. Entiendo que es la principal motivación emocional de la autora y también el periodo más documentado, pero me hubiera gustado que tocara con algo más de detalle períodos anteriores y posteriores.
Un incroyable voyage, au travers d"un immeuble choisi au hasard, qui a vu passer tant de gens et de vies. L'histoire de toutes ces vies, leur quotidien, qui permet de capter de façon plus humaine et concrète la réalité de la vraie Histoire avec un grand H. Un livre marquant, sublime.
Cada día, al levantarme y asomar al salón de mi casa en Madrid, experimento una sensación de bienestar y plenitud brutal. No puedo creer la suerte de tener un nido lleno de luz a cualquier hora del día. Pero especialmente al despertar. Y, a veces, me pregunto si quienes vivieron antes que yo allí se sintieron igual cada mañana, con esa sensación en el pecho, de amplitud, de apertura. ¿Quiénes fueron los primeros en habitar mi casa? Antes de llegar yo era distinta, parecía más pequeña teniendo los mismos metros cuadrados. La cocina estaba cerrada y le quitaba metros a un salón que estaba comido por un pequeño hall y un balconcito. Yo tiré tabiques, moví radiadores, me cargué un dormitorio, agrandé el baño. ¿Reconocerían ahora el lugar en el que nacieron o en el que se convirtieron en padres? ¿Jugaron sus hijos en los sótanos del edificio, tenían miedo o se estremecían como yo cuando recorrían esos pasillos estrechos, fríos y oscuros? ¿Alguno dejó su nombre grabado en algún muro? ¿Se enamoraron, sufrieron, fueron felices los habitantes de este bloque? Todas esas preguntas pueden responderse con un exhaustivo trabajo de investigación, como el que Ruth Zylberman hizo del 209 de la calle Saint Maur de París. En “209 Rue Saint-Maur, París”, otra joya de Errata Naturae, descubrimos la historia de un edificio cualquiera de la ciudad desde que era un trozo de tierra a las afueras comprado a crédito por un carnicero hasta la actualidad, el París de la gentrificación, donde Mohammed, el portero, barre el patio interior mientras ve crecer a los niños de los inquilinos de los cuatro bloques que lo conforman. Con la historia del edificio descubrimos la del París de la Comuna y la de las petroleras, de las mujeres y los hombres que levantaban barricadas en las calles para luchar por la igualdad, la justicia social y la participación popular, por la educación pública, por la separación de Iglesia y Estado. Descubrimos cómo acaban por ser brutalmente reprimidos, el fracaso, y cómo sigue el curso de la vida para unos inquilinos, los del 209, que se enamoran, tienen hijos, son encarcelados por sus ideas, los que se suicidan, los que mueren asesinados, los que descubren a sus parejas con sus amantes, los que pierden el trabajo, los que pasan hambre, los traidores, los asesinos, los maltratadores. Y entre esas historias personales, las del medio centenar de judíos que fueron sacados de sus hogares en mitad de la noche, llevamos al Velódromo d'Hiver. Hacinados, sin comida, muertos de miedo, niños, ancianos, mayores, que meses antes, cuando el gobierno de Pétain decide aliarse con los nazis, habían sido obligados a llevar estrellas amarillas cosidas en su ropa. Más de cincuenta de los inquilinos del 209 de Rue Saint Maur acaban siendo detenidos y deportados, en trenes infectos, a los campos de concentración de los que algunos nunca regresaron. Todas esas historias personales confluyen en este libro, hijo de un documental, para acabar en un emocionante encuentro entre los que sobrevivieron (“las vidas de los que quedaron y de sus seres queridos a menudo se sostienen en contra de toda esperanza, son vidas que carecen de ese impulso primordial, el de la esperanza; ese aliento del que nos alimentamos sin siquiera reparar en ello, con absoluta inocencia”)y las generaciones que los siguieron. Aquellos que, de la noche a la mañana, descubrieron que la caza del hombre no conoce límites.
10 décembre 2022 Retraçant les vies passées et présentes des habitants d’un immeuble du Xe arrondissement de Paris, Ruth Zylberman livre un magnifique récit. Là se sont succédé, depuis les années 1850 jusqu’à nos jours, des générations d’habitants. Là, l’ordinaire du quotidien a côtoyé l’extraordinaire du fait divers et des violences de l’Histoire. Ruth Zylberman propose une réflexion bouleversante sur les traces du passé, les lieux où se loge la mémoire, et le lien invisible entre les vivants et les morts. Car cette autobiographie d’un immeuble est aussi une forme d’écriture de soi. « 209 rue Saint-Maur, Paris Xème. Autobiographie d’un immeuble ». Éditions du Seuil – Arte Éditions. 2020. Points. 2021. « C’est une femme qui marche dans les rues de Paris, et qui regarde les immeubles. Immeubles bourgeois, immeubles de pauvres, ils sont pour elle comme un peuple vivant. Elle marche tête levée, fascinée par ce qui se passe et s’est passé derrière leurs façades. Elle pousse des portes cochères, elle potasse des annuaires, elle rêve comme Modiano sur des listes de noms – c’est par là que tout commence : par les noms. Elle rêve d’explorer un immeuble, des fondations aux combles, appartement par appartement, pièce par pièce. Un immeuble avec lequel elle n’aurait aucun lien mais dont elle passerait des années à tout savoir. Tout ce qu’on peut savoir des centaines d’êtres humains qui y sont nés, qui y ont vécu, qui y sont morts. Longtemps, ce rêve de folle exhaustivité reste une rêverie, et puis un jour elle tombe sur une carte, éditée par Serge Klarsfeld : celle des enfants juifs de Paris déportés sous l’Occupation. Cette carte est constellée de ronds rouges plus ou moins larges figurant la présence et le nombre d’enfants arrêtés dans tels quartiers, dans tels immeubles. Elle zoome sur cette carte, elle veut en savoir plus, toujours plus. Qui étaient ces enfants, quelles étaient leurs familles, lesquels sont revenus, lesquels vivent encore. C’est seulement à la page 119 de son livre qu’on apprendra, presque incidemment, que la mère de Ruth Zylberman a été déportée à Ravensbrück en 1944, âgée de 5 ans. » (Emmanuel Carrère in « Le Monde » 11 mars 2020).
La stabilité des pierres, la fragilité des vies. C’est ce qui m’a frappé à la lecture de cette autobiographie de l’immeuble situé au 209 rue Saint-Maur à Paris. J’admire l’enquête qu’a menée Ruth Zylberman sur ce lieu et ses habitants : persévérance, justesse, humilité, délicatesse, abnégation, rigueur. Tout cela sonne très scientifique avec les fouilles des archives départementales, de la police, des armées, des hôpitaux et pourtant l’auteur y met aussi beaucoup d’elle-même, une subjectivité qui fait vibrer le livre, qui fait résonner la cour, les appartements ou les couloirs de la bâtisse de toutes les voix vivantes ou éteintes qui l’ont fréquentée. Je ne vais pas résumer l’histoire de l’immeuble et de ses habitants, seulement dire qu’elle commence au milieu du XIXe siècle pour s’achever dans notre présent et dont le cœur battant est le destin des enfants juifs qui y ont vécu sous l’Occupation. C’est poignant, troublant, bouleversant, les récits s’entrelacent, forment un roman, comme les morceaux d’un puzzle forment une image. J’ai été profondément touché par la singularité des histoires, par le destin de leur protagoniste. Touché également par les réflexions ou les rêveries de Ruth Zylberman sur son travail de détective, sur l’évolution de ses pensées ou de ses positions. J’ai été émerveillé par ces bouteilles qu’elle lance à la mer et qui permettent par d’incroyables et improbables concours de circonstances de faire avancer son enquête. Les vies ont tracé leur route, certaines chargées de colère, d’autres plus apaisées. Le bâtiment, lui, est toujours là, presque insensible aux drames qu’il abrite, sentinelle impassible, gardien des secrets avec des questions toujours sans réponses et je suis pris de tournis à la pensée tous ces lieux encore vierges d’autobiographies. Merci, Ruth Zylberman, pour ce magnifique "209 rue Saint-Maur, Paris Xe".
Ein sehr berührendes Buch. Es ist ein wunderbares Geschichtsbuch, es zeigt die Menschen mit ihren Ängsten, den Hoffnungen gegen alle Hoffnung. Zylberman hat sich auf die Suche gemacht, was aus den Menschen geworden ist, die während der deutschen Besatzung im Haus 209 rue saint Maur gewohnt hatten: die Deportierten, die Ermordeten, die Geretteten und ihr Schmerz - das ist das Zentrum ihres Buches, woher sie eine Geschichte der Menschen von Paris seit der Mitte des 19. Jahrhunderts erzählt.
Ruth Zylberman a réalisé un documentaire intitulé " Les enfants du 209 rue Saint-Maur, Paris, Xe ". Ce film revient sur le destin de familles juives habitant l'immeuble victimes du nazisme. Ruth Zylberman, à force de recherches et de rencontres d'anciens habitants, reconstruit la vie des nombreux disparus et retrouve des survivants ou leurs decendants. Les dernières images du film montrent un rassemblement de personnes en lien avec cet immeuble. Certains y ont vécu tout bébé avant d'être définitivement séparés de leur mère et n'ont aucun souvenir de l'endroit. D'autres y ont passé leur enfance, dans des pièces uniques abritant toute la famille, avec l'eau dans le couloir et les toilettes communes à l'étage. C'est très émouvant.
Ce livre, paru après le documentaire, le complète et en est aussi la genèse. L'auteure garde le principe d'isoler un immeuble au hasard et de le suivre de la première pierre à aujourd'hui. Et c'est captivant ! Construit dans un quartier nouvellement dessiné, un promoteur y crée des appartements. Après une période décrépitude, voilà que s'y logent les ouvriers pauvres français ou immigrés. Puis vient la restauration, cette fois en larges lofts à la mode bobo. Nous suivons les habitants dans leur logement que l'auteure replace méticuleuse sur son plan-maquette de l'immeuble.
Que voyait-on de chaque fenêtre ? Pouvait-on jouer dans la cour ? La redoutable concierge a t-elle sauvé des habitants en balayant le trottoir d'une façon convenue ? Quelle fut l'émotion ressentie par cette jeune fille enfermée deux ans dans une pièce fermée pendant la guerre ? Qu'est devenu le bébé confié en urgence par une maman aux yeux bleus ?
Mais aussi, la place des barricades de la Révolution, l'évolution du quartier, les attentats de 2015, si proches, et les états d'âmes de l'auteure.
This is a nice book, but it's not what the title and the cover claim it to be--the autobiography of a building (though there are bits of it here and there.) It is primarily a book about the Holocaust, with the building used as a framing device. It is also a book about the author and her own family's Holocaust history.
As such, it is an interesting book and sometimes very moving--it brings to life the joys and sufferings of the Jewish residents of 209 rue Saint-Maur, both during and after the war. Bravo to the author for this. Sometimes the book dove too deeply into the details for me, for example the exact source where this or that piece of information was found. But overall it provided a nice picture of the life of certain residents of a Paris building at a point in time, and the final reunion scene is lovely.
Vraiment touchée par la lecture de ce livre sous forme d'enquête. Je me suis toujours posée la question de qui avait vécu dans les murs où je vivais, qui avait foulé ce même sol, qui a vu cette même vue depuis la fenêtre. Une enquête passionnante et profondément émouvante. Que reste t'il de ceux qui ont vécu là ?
Vous êtes vous déjà demandé qui habitait votre appartement avant vous ? Avec Ruth Zylberman, poussez la porte cochère du 209 rue St Maur et découvrez l'histoire de l'immeuble de sa construction à nos jours. Au croisement de l'histoire et de destins individuels, l'autrice rend hommage aux habitants passés d'un quartier populaire, d'immigration et de déportation.
Un libro muy interesante en el que la autora nos lleva por la vida de un edificio parisino y las personas que lo habitaron desde su construcción hasta nuestros días y como va cambiando su fisonomía y el tipo de personas que lo van ocupando a lo largo de sus tres siglos de historia. Desde luego un trabajo de investigación para construir el libro tremendo.
J’ai pas réussi à le finir… J’ai été déçue, car l’idée de l’auteure de retracer l’histoire d’un bâtiment me semblait originale et sympa à lire, mais j’ai pas vraiment aimé le style d’écriture, et j’ai trouvé ça très long (même pas sûre que je sois arrivée à la moitié… et pourtant j’ai essayé de m’y remettre plusieurs fois).
Très intéressant. Recherches approfondies sur les habitants de cet immeuble qui a une histoire fascinante et parfois tragique. Seule petite critique: il n'y a pas toujours beaucoup de logique dans la structure du récit.
Tohle je bezesporu jedna z nejlepších knih letošního roku. Spisovatelka píše autobiografii jednoho pařížského domu, seznamuje nás s historií a postupně se všemi nájemníky, které se jí podaří dohledat. Sleduje jejich osudy za druhé světové války a i v době poválečné, je to fascinující čtení.
Una historia real para conocer el miedo y la maldad a través de las vidas cotidianas del universo de un edificio de París, pero que podría estar en cualquier lugar
No me ha gustado por una razón muy sencilla: no es lo que esperaba.
La autora hizo un documental sobre niños supervivientes de la IIGM y, a partir de ahí, ha hecho este libro. Entonces, de autobiografía de un edificio nada. No habla de apenas nada más que de eso. No relata 150 años de un edificio. Sí cuenta algunas historias muy interesantes de finales del siglo XIX y dedica unas pocas páginas a los años 60-70 del XX, pero TODO lo demás es sobre los niños y sobre la guerra. Entiendo que es importante para la autora, que es judía y cuyos padres fueron deportados. Entiendo lo que ha querido hacer y me parece una labor bellísima y seguro que para ella y los implicados fue importantísimo. Pero el libro NO ES UNA AUTOBIOGRAFÍA DE UN EDIFICIO. No cuentan los amores, amistades y tragedias que se han gestado desde 1850 hasta nuestros días.
Esperaba una evolución de un edificio, que no hay.
Creo que si lees el libro sabiendo lo que va a ser y te interesa muchísimo el tema de la recuperación de la memoria o la historia de Francia o la IIGM pues a tope con ello, pero a mí me ha parecido pesadísimo. Me da pena porque me apetecía mucho leerlo.