La novela avanza a un ritmo vertiginoso y expone la fragilidad del ser humano frente a lo digital. Convierte lo metafísico en trama, lo conspiranoico en existencial, y hace que la libertad se revele como una ilusión. ¿Puede la eternidad ser secuestrada? ¿Puede serlo el alma? ¿Existe la verdad en un mundo donde las narrativas de las grandes gestas han sido inventadas? Estas cuestiones podrían ser fruto de los diálogos entre Platón y Turing, entre Descartes y Foucault. Y, sin embargo, subyacen bajo la acción permitiéndonos abordarlas y tomarlas en consideración, poniendo en jaque nuestras certezas, o ignorarlas para que solo nos preocupemos del destino de Gael.