Puntaje: 4.3 Estrellas.
El nombre de Melba Escobar aparece siempre que investigo sobre literatura colombiana. Esta es una autora que se ha ganado a pulso el reconocimiento del que cuenta hoy en día, a tal punto que muchos de los escritores nacionales la recomiendan sin dudarlo. Yo no había tenido la oportunidad de leerla, algo que decidí cambiar en este año 2025.
Elegí leer “Las huérfanas” porque es un libro del que había escuchado mucho últimamente. Al ser una de sus novelas más recientes (publicada en el 2024), había visto varias entrevistas de la autora, por lo que me llamó la atención este libro en específico.
El libro comienza con una frase que impacta de inmediato: “Mamá se arrojó por la ventana de un cuarto piso once años antes de tenerme”. Inmediatamente como lector querrás saber qué pasó, por qué se arrojó por la ventana y qué efectos ha tenido esto en los años que vinieron en el futuro.
Lo que podría ser tal vez más impactante es que la escritora colombiana abre su libro con una confesión íntima. Así es, se trata entonces de una historia real, pues en estas páginas, Melba nos contará acerca de la compleja relación que tuvo con su madre: una mujer de carácter inestable, cuyo temperamento impulsivo y su dureza marcaron un vínculo particular con sus hijas.
Uno de los aspectos más curiosos del libro es cuando Melba menciona que cada una de sus hermanas conoció una versión distinta de su madre. Ella, siendo la menor de cuatro, creció observando cómo la figura materna se transformaba con el tiempo, dejando entrever que la maternidad, como la identidad misma, no es estática. Este detalle me gustó porque aporta una riqueza enorme al relato: nos recuerda que la memoria familiar nunca es una sola, sino un mosaico de perspectivas, silencios y heridas compartidas.
En el corazón de la obra también late un tema urgente y universal: la salud mental. La madre de Melba, hija de un reconocido psicólogo español, se negó a buscar ayuda por miedo al qué dirán, atrapada en la vergüenza que tantas veces rodea este tema. Escobar nos confronta con esa realidad: cualquiera puede necesitar apoyo psicológico, y no hacerlo no es fortaleza, sino dolor contenido. El libro, sin proponérselo como manifiesto, se convierte en una invitación a romper los tabúes y a mirar la vulnerabilidad con compasión y sin juicio.
En su conjunto, la historia es un retrato íntimo de una constelación de mujeres: complejas, contradictorias, entrañables. Un homenaje a lo femenino en toda su imperfección, un acto de amor hacia esa madre que fue muchas cosas, dura, brillante, herida, pero ante todo, humana. Escribir sobre ella parece haber sido, para Melba, un proceso de catarsis y reconciliación, una forma de entender el amor que duele y perdonar lo que antes no se podía.
Como habrán notado, mi primera experiencia leyendo a Melba Escobar fue muy positiva, y quiero leer más de sus novelas. Evidentemente, recomiendo mucho este libro, en especial si están buscando una novela colombiana que esté muy bien escrita, con una narración familiar y enganchante.