Tanto en escena como en la palabra la creación de un universo personal se hace mucho más fuerte, como una regresión al romanticismo, donde los narradores eran muy cercanos a los personajes. Así, en la escritura teatral la palabra se vuelve un vehículo para que el autor exprese su discurso de mundo y cree personajes que sin buscar ser realistas puedan hablar de ese universo poético.
Son preguntas, muchas, cientos, quizá miles. Al final, el proceso de creación, literaria en este caso, hace que busque referentes para mis propias inquietudes. Siempre tengo en la cabeza la pregunta, dicha en verso por Rosario Castellanos: “¿por qué y para qué escribe?”. No es tan obvia la respuesta. Por eso, intenté responderla con lo que encontré en esta lectura: “Tanto en la escena como en la palabra, la creación de un universo personal se hace mucho más fuerte, como una regresión al romanticismo donde los narradores son muy cercanos a los personajes, en la escritura teatral la palabra se vuelve un vehículo para que el autor exprese su discurso de mundo y cree personajes que sin buscar ser realistas puedan hablar de ese universo poético […]¿Quién es el que habla? ¿Realmente es la creación de estos personajes una ficción?”. Ante la cuestión de la creación y el espacio que se configura en el teatro, la exploración de Fernanda Melchor hace eco de la experiencia y la tradición, del cuestionamiento y de la ruptura de los límites marcados por la ortodoxia. ¿Hacia dónde vamos, entonces? Por otro lado, Sor Juana Inés de la Cruz aparece y aprende en la obra que acompaña al ensayo. ¿Se vale la exploración? ¿Experimentar con las voces? ¿Quién es la que nos dirige la palabra y habla de un mundo? ¿Sor Juana o Fernanda?