Laberintos, encrucijadas y pequeñas epifanías definen en cada página el devenir de los personajes que, arrastrados por un espíritu travieso, se envuelven en diálogos profusos y contradictorios en los que cada hallazgo personifica la manifestación de un destino improbable que pone en duda los motivos de su aventura. En estos cuentos, el universo de Katchadjian se desdobla con la lógica de un holograma que, tentado por sus ángulos posibles, deja que la luz decida qué imagen proyectar.
Matones buscan a un poeta desterrado por los santos del pueblo, pero al perseguirlo intuyen que su vocación puede ser la música. El esclavo de un gigante cruza una guerra para buscarle un traje qué vestir en su muerte, pero cuando se encuentra con una compañera la travesía cambia. Un santo que no es santo, que sí es santo, huye de un pozo y trata de esconderse, pero —una vez más el destino impuesto— la negación de su identidad termina por dictarle una nueva condena.
Pablo Katchadjian es un escritor y poeta argentino nacido en Buenos Aires en 1977. Graduado en Letras por la Universidad de Buenos Aires, Katchadjian ha dedicado su carrera a explorar formas innovadoras de escritura, desafiando las convenciones narrativas y expandiendo las posibilidades del lenguaje literario. Debido a eso, su obra es conocida por su creatividad y audacia, así como por su talante experimental y la capacidad para jugar con los límites de la literatura, abarcando poesía, narrativa breve y novelas.
Entre sus trabajos más comentados hallamos El Aleph engordado (2009), obra que reescribe y amplía el célebre cuento de Jorge Luis Borges, añadiéndole palabras y párrafos a la vez que mantiene el texto original. Esta obra tuvo como efecto colateral la apertura de encendidos debates acerca de los derechos de autor y los límites de la reinterpretación literaria, consolidando además a Katchadjian como una figura controvertida y audaz de la literatura latinoamericana, imprimiendo un estilo caracterizado la mezcla de humor, reflexión filosófica y experimentación con las estructuras narrativas.
Además de su faceta como escritor, Katchadjian ha sido editor y promotor de proyectos culturales. Sus libros incluyen títulos como Gracias (2011), una novela breve cargada de ironía y juegos de lenguaje, y Qué hacer (2010), una obra híbrida que combina poesía y narrativa.
Cada vez que leo un libro de Katchadjian pienso, ah, este es mi favorito. Me gusta mucho la atemporalidad que tiene en todo lo que escribe. No parece ser de ninguna parte más que de su propio planeta. Se junta una voz antigua, algo en su manera de razonar, sin razonar, como si fueran un montón de espejos que se reflejan, y en esos miles de reflejos te está contando algo que estuvo en frente de ti todo el tiempo, y lo hace con un humor particular, me encuentro soltando carcajadas por lo absurdo y divertido que me parece. Siempre pienso en la literatura como una experiencia, y para mí leer a katchadjian es una experiencia, una que recomiendo a cualquier persona que quiera descubrir una voz única en la literatura actual.
Pocas veces he leído un libro tan dulce y tan abierto. Es atemporal, mágico y profundamente humano. Si con otros autores siento que hablo con un amigo, como es el caso con Sergio Bizzio, acá siento que estoy sentado al pie de un árbol mientras un hombre de edad imposible me deja saber un secreto y me aconseja en tres cuentos espirituales.
4.5 En este caso, mi ranking sería: 1) Informe de la muerte de un poeta, 2) El libro, 3) Menos mal.
A medida que vas leyendo todo lo que escribe Katchadjian te empezás a dar cuenta de que es díficil hablar de él por separado, porque todos sus textos pertenecen a un mismo universo. Su universo. Hay en él algo inaccesible, como si permaneciera oculto, inexplicable. ¿Por qué leerlo es una experiencia distinta a cualquier cosa? Por el momento no se me ocurre cómo responder esa pregunta. Hay algunos esbozos, pero me resulta casi imposible de definir. ¿Son los diálogos, los personajes, la escritura? ¿Todo eso junto? No sé. Pero que lo es, lo es.
Diálogos absurdos pero completamente lógicos (sí, también valen estas paradojas para hablar de PK), los personajes que hablan de "vos" pero no se sabe dónde están, ni cuándo, ni si están en algún lugar. Porque esa es otra de las cosas que tiene PK, y que se repite en todos sus libros. Las historias, los personajes, parecen no estar en ninguna parte, porque podrían estar en cualquier lado (chiste malísimo), en cualquier momento, o estar en muchos lugares y muchos tiempos simultáneamente. Hay ahí algo de la atemporalidad, de la intemporalidad, quizás. Estar en ningún momento por el propio hecho de poder estar en muchos momentos al mismo tiempo. No me pregunten cómo lo logra.
Yendo exclusivamente a estos tres cuentos, por ahí acá es donde más se ve uno de los procedimientos que lo caracterizan (o por ahí, después de ya haber leído muchas cosas de él, es cuando lo entendí un poco más): ya desde el inicio te mete de lleno en un universo completamente alternativo, único y distinguible. PK te lo cuenta como si fuera normal que un tipo esté en un agujero, le tiren y cosas y con los restos construya instrumentos (?). Es preciosa esa imagen. Porque en su mundo es normal. Y lo genial es que te lo pueda transmitir así, tan directamente. La escritura fluye, va hacia adelante siempre, no se detiene. Hay algo de una lógica interna que permite que las acciones, por absurdas que sean, parezcan inexorables en ese contexto. En el primer cuento se da algo de eso cuando los perseguidores del poeta dicen que para encontrarlo tienen que dejar de buscarlo. Ese diálogo, esa idea, me parece que define perfecto la lógica que maneja PK.
La narración de Katchadjian avanza a la manera de una película muda: sucesión de imágenes en blanco y negro que buscan su sentido a través de la yuxtaposición de escenas. En cada libro, Katchadjian explica la lógica con la que lo construye, como si escribir no fuera más que el desarrollo de una forma. En el prólogo a estos tres cuentos dice algo revelador y que se puede extender a su literatura en general: "el movimiento es lo único que se puede leer". La lectura, en tanto escritura (no vamos a separarlas porque Katchadjian no lo hace), es la lectura de las formas literarias.
La forma literaria de "Tres cuentos espirituales" la explica el narrador de "El libro", un Santo que se oculta en un pozo para que no lo metan preso y que cuando sale se termina convirtiendo en librero: "todos los libros que me gustaban tenían algo en común: una tensión entre dos cosas contrapuestas". Un relato es la puesta en escena de una tensión que no se resuelve, al punto tal que cuando uno lee, lee "las dos cosas a la vez, superpuestas". Me hizo acordar a una de las tesis sobre el cuento de Piglia: un cuento, dice, siempre cuenta dos historias. Un relato secreto que se esconde en uno visible y que se narra de manera elíptica y fragmentaria. Katchadjian un poco invierte esta noción de literatura: la tensión no está en esconder una de las historias, parece decir, sino en narrar las dos a la vez.
Es como un Aira despojado y punk. Va hacia adelante, no vuelve sobre lo escrito, no se detiene a rememorar, no hay saltos en el tiempo. Todo para adelante. En ese sentido, es parecida "Gracias", una de sus mejores novelas. Me encanta que haya guiños a su obra anterior: todo el tiempo los personajes se están diciendo "gracias, gracias".
Un par de cosas más. Los lugares parecen no-lugares, o sea, zonas de tránsitos que funcionan como meros decorados. Obviamente, hay una interacción entre los personajes y su ambiente, pero lo que quiero decir es que los lugares son funciones, como los personajes. Todos parecen cumplir funciones, como si construyeran finalmente una literatura de funciones. El Santo viste túnica y sandalias, el poeta del primer cuento habla como si escribiera versos, los sirvientes son fieles y dedicados. Si en Aira los personajes son la función (maquetas para el desarrollo de la trama), acá todo es una función: los personajes, la ambientación, la trama, la historia.
y entonces me dije, no puede ser, quién es este señor que escribe cuentos como estos, y se escuchó que alguien dijo, lo conozco y otro más dijo, yo también y unos pensaron que no lo conocían y que querían conocerlo y que quizá buscaban sus libros y yo les dije que éste es el que había que leer porque estaba genial y alguno dijo, puf, a mí no me gusta pero la mayoría opinó que yo tenía razón
y a quién lo haya leído quizá le guste lo que escribí
Por un momento parece que el mundo gira hace siglos, y por otro, que la vida se mueve hace apenas unas décadas. El tiempo es solo uno de las formas con las que juega al despiste.
Aquí todo es absurdo y lógico a la vez. Todo pasa de forma bilateral, no sé qué sucede pero sucede. Lo que sí sé es que en la forma de narrar se encierra algo que no da más hilo a los hechos; los deja finitos, sin curvas. Nunca había leído algo así, es como si se terminara de contar algo sin dar detalles ni finales. Hay un sentimiento de saciedad que es preciso y en donde las cosas acaban cuando deben acabar.
Me parece que Pablo tiene su propio mundo, en donde la vida se ve de una forma mucho menos encorsetada, todo tiene otra versión. En los tres cuentos hay atemporalidad, personajes que buscan algo y que terminan encontrando otra cosa totalmente distinta y que sin embargo, los complace y los cuestiona. Eso pasa en la vida, siempre que uno persigue algo, parece que ese algo se oculta y se nubla, cuando se deja de buscar se aparece y se ofrece. Todo es muy raro.
Los personajes que transitan entre las historias son personajes extraños, perseguidos e incómodos y que constantemente reflexionan sobre su lugar en el mundo. El tiempo, como lo mencioné, parece suspenderse y cambiar el ritmo. Uno cuando comienza a leer tiene la sensación de que se posiciona en siglos pasados, pero a la vez intervienen elementos que nos ponen en tiempos modernos. El autor hace un juego maravilloso con la percepción.
Sobre el argumento de los cuentos no tengo mucho que contar, tampoco lo pretendo, para eso está la sinopsis. De lo que sí quiero hablar es de ciertos sentimientos que me transmitieron algunos personajes y momentos. En el primer cuento hay un poeta enigmático que es perseguido y que cada vez deja rastro y prueba de lo sagaz que es para engañar a sus verdugos. Es un hombre que parece loco, pero que me atrae por la poca información que hay de él; no se sabe mucho, salvo que es un poeta y está loco. Durante su persecución, los matones se dan cuenta de que la forma en que han vivido no les llena, reflexionan mucho a la par que se conocen a sí mismos cada día más. El segundo cuento es muy llamativo, concita la fantasía con la modernidad; se insertan gigantes, guerras, teléfonos celulares, sastres, dinero y muchas otras cosas que convergen en el encuentro de aquello que no se buscaba y que sin embargo, termina llenando. El último me ha dejado muy contento, la figura de un santo es lo que principalmente puebla la historia. Se persigue al diferente, pero a la vez todos quieren o terminan siendo él, mucha contradicción en lo que se piensa, se dice y se hace. Hay mucho humor, pero un humor raro, como ajeno a la época. Qué narrativa tan maravillosa, fluye como el mismo arroyo del último cuento, se lleva todo y te regresa todo. Hay que entender a las cosas de una nueva forma, repensar mucho.
Si Katchadjian nos tiene acostumbrados a las reescrituras experimentales (me refiero, por supuesto, a El Martín Fierro ordenado alfabeticamente y su célebre y enjuiciado El Aleph engordado), en estos tres cuentos espirituales nos vamos a encontrar con una narrativa vertiginosa, paradójica, de idas y vueltas, de lecturas alegóricas, pero que también tiene un sabor que se puede asociar fácilmente a otras escrituras: la de Kafka, la de Levrero, la de Aira. En los tres cuentos tenemos personajes que comienzan de una forma, se ven transformados (o invertidos) y luego ya no pueden, o no quieren, volver al punto de inicio. En Informe sobre la muerte del poeta hay un personaje colectivo, un nosotros, que comienza siendo una partida de búsqueda y caza, pero que se convierte en un conjunto musical; en Menos mal el sirviente de un gigante comenzará con la misión de conseguir un traje para su señor y terminará encontrando el amor; por último, en El libro un Santo se transformará en librero para ocultarse del peligro y cuando quiera volver a ser el que era ya no podrá: será tomado por un copia, una imitación. En este último, quizás, se puedan ensayar algunas lecturas en clave en relación a la figura del propio Katchadjian y su juicio por crear una "copia" del Aleph borgeano.
Me encanta lo que escribe Katchadjian. Estos tres cuentos parecen un desarrollo artístico más extenso de algunas cosas que ya plantea en "El caballo y el gaucho". La idea del autor es que lo importante en los tres cuentos es la tensión de dos temas dispares; no su resolución. Esta idea aparece varias veces. Esto lo escribo de memoria, así que es probable que no sea preciso. Los cuentos tienen algo de alegoría, algo de fábula, algo de relato de aventuras, algo del camino del héroe; bosques, aldeas, magos, poetas, brujos, gigantes, santos. El primer cuento, "Informe sobre la muerte del poeta", relata la persecución de un grupo de matones a, justamente, un poeta. El relato parece una alegoría sobre la interpretación, sobre las escrituras que surgen de lo escrito. Este es el mejor. En todos los cuentos siempre hay un desvío, un detour, de los personajes que buscan oro encuentran un peine y vuelven al comienzo cambiados; físicamente cambiados. Hay varias referencias. Me acuerdo de Macbeth, con las brujas y otras que anot�� y ahora no recuerdo. En el segundo, "Menos mal", Cooper un siervo de un gigante, cuya razón de sometimiento es horrible pero desconocida, cruza un enorme territorio entre dos bandos militares en pugna en busca de un traje para el velorio del gigante. ¿Qué simboliza la muerte del gigante? Este cuento parece trabajar con la idea del cambio del trabajo bajo el capitalismo. Coope empieza buscando un sastre, artesanal, campo y termina en una ciudad dentro de un shopping. Cuando consigue el traje, su gigante está muerto pero conoce a una linda mujer, abre un negocio y vive con ella. El último, "El libro", relata la historia de un santo que en vez de bajar de la montaña sale de un pozo. Perseguido, se afeita se camufla y se vuelve librero. Los poderes del santo consisten en tocar las cosas o personas y ver su recorrido del pasado al futuro. Por ejemplo, de qué viene tal objeto de cobre o los ancestros de tal persona. Este no me queda clara la lectura. El problema es que el santo se aburre de la librería y cuando quiere volver a ser el santo, a pesar de que realice milagros, la gente siempre lo toma por una copia y eso lo vuelve loco. Va con un juez, intenta que los pocos que saben de su verdadero origen se lo hagan saber; al final termina regresando al pozo. Este tenía mucho sueño cuando lo terminé. Capaz tengo que volver a leer el final. *Update* AH! Platón, idealismo. La realidad como una copia. El pozo es la caverna. La librería la escritura. Va por ahí.
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Quiero poner cuatro estrellas, anotar que estos cuentos realmente me gustaron, porque la propuesta narrativa es muy original, pero a pesar de ello, no las pongo porque no logré conectar del todo con las historias (he de ser yo la que está en falta). Tal vez no les dediqué tiempo suficiente, me faltó entrega para vislumbrar ese mundo tosco que rodea a los arquetipos que sirven de personajes y que, por su rusticidad, se presta para acunar el mundo propio (sea cual sea, lo entiendas como puedas). Estos cuentos tienen una virtud ilusoria: como que te permiten proyectarte y entender algo, pero a la vez no. El prólogo de Katchadjian consiste en una propuesta de interpretación de la que no te puedes evadir mientras lees, y es interesante, pues la propuesta es un principio espiritual. Nada mal. Los tres cuentos son un hermoso logro.
Si logras pasar la intro que es un poco meh, los cuentos estan muy buenos.
Creo que la palabra aca es jugar, son juegos, pueden tener elipsis y lo contrario. Los personajes son donde estan, pero al estar donde son cambian. La muerte del poeta sin duda el mas entretenido (me hizo odiar mucho al poeta y despues no tanto)
Un poco reflexivos pero en el sentido que se vuelvan a si mismos todo el tiempo y se dan vueltas.
Segundo libro que cae en mis manos salido de los hornos de la joven editorial Hurtado y Ortega, después del maravilloso Tres circunvoluciones alrededor de un sol cada vez más negro, de Grégoire Bouillier que fue, para mí, un libro revelación (reseñado más abajo en esta misma página).
Con Tres cuentos espirituales, una de las dos primeras publicaciones de la «Biblioteca K», en la que los editores piensan recoger toda la obra de Katjadjian, Hurtado y Ortega confirman, a mi modo de ver, la intención de construir un catálogo riguroso y original para lectores aventureros y muy exigentes.
Vamos a lo que vamos: intentaré escribir esta reseña sin pronunciar la palabra onírico.
―¡Mierda, demasiado tarde!
Para comenzar la lectura de Tres cuentos espirituales, del argentino Pablo Katchadjian, (1977), es necesario despojarse primero de muchos prejuicios; sobre todo si no se le ha leído nada y no se sabe nada de este autor aparte de alguna referencia vaga, como ha sido mi caso.
Es importante también saber que no basta con una lectura pasiva en la que el lector se conforme con ser el recipiente en el que se vierte la narración. La lectura sería más bien comparable a un sistema de vasos comunicantes en las que el lector tiene que ir asumiendo el aporte de información, pero también procesándola con sus vivencias y con su forma de entender las cosas a modo de catalizador.
Poco a poco, el lector falto de referencias va construyéndose una brújula, un mapa para situarlo ―o, mejor dicho, para situarse― ante esta original forma de narrar. De no ser así, la lectura sería como si uno se encontrase en el medio de un mar inmenso sin saber cómo ha llegado hasta allí.
En mi caso, vinieron a mi mente el Aduanero Rousseau y los demás pintores naïf, Raymond Queneau, Miró, Perec y los divertidos gamberros de Oulipo, Magritte, Tzara, Apollinaire, pero también ―que me perdonen los críticos más sesudos― la forma de narrar exenta ―aparentemente ― de malicia, pero con retranca y mucha mala baba de Carlos Faemino (de Faemino y Cansado).
―¿Cómo?
―Lo que le digo.
―¿Entonces?
―Entonces nada. Eso no es incompatible con la «Alta Literatura».
―Siendo así, me callo.
―Mejor. ¿Puedo seguir?
―Siga, siga.
La de Katchadjian (Si a estas alturas han aprendido a pronunciar Kardashian, no tendrán problemas con Katchadjian) es una narrativa que podría provenir directamente de una realidad soñada y cuyo principal mérito se podría fijar en la habilidad casi heroica para resistir la tentación de pulir esos sueños o de tamizarlos y adaptar lo soñado a la realidad según dictan las convenciones tradicionales. En ese sentido, no podemos compararlo con otros narradores de sueños como Cartarescu; Katjadjian, el contrario que el rumano, los expone con toda la escoria, sin desbastar.
No voy a abundar sobre el famoso ―e incomprensible― pleito entre el autor y María Kodama a raíz de El Aleph engordado, otra obra del argentino, porque hay sobrada información en Internet sobre ello, pero podría ser una premonición, una metáfora sobre «el desencuentro» que está presente en cada uno de los cuentos: entre los pobres y los poderosos, entre los feroces legisladores y los vulnerables administrados. Dicho episodio lamentable ―bendita ironía de la vida― se ha convertido, a su pesar, en «Literatura real», e ilustra una falta de la comprensión de lo irónico que me imagino que habría hecho avergonzarse al propio Borges.
En Informe sobre la muerte del poeta, los enviados de una sociedad distópica y despiadada emprenden la caza y captura de un poeta que no se sabe muy bien qué delito ha cometido.
En el segundo cuento, Menos mal, un gigante preocupado porque no tiene un traje presentable para ser enterrado en él cuando le llegue la hora de la muerte le encarga a su ayudante-esclavo la misión de encontrarle uno en terreno enemigo.
En el tercero, El libro, un ermitaño milagrero sale de su reclusión en un pozo y se tiene que disfrazar de librero para escapar de una condena. Este es, en mi opinión, el cuento más logrado. En él nos muestra cómo todos nos convertimos, en algún momento de nuestra vida, en una copia de nosotros mismos, y la imposibilidad permanente de volver a ser el original ante la mirada de los demás. Y que al convertirnos en un «yo copiado», estamos condenados a relacionarnos con copias de los demás personajes que integran la gran novela de la vida.
El final del cuento ―y del volumen― es una enumeración-poema al más puro estilo de la escritura automática:
«Choclo, bagre, naranjo, antigua sanguijuela
Romero, falda, llaga, cerebro de lija
Tormenta, manga, lluvia, algas descompuestas…».
¿Por qué? ¿Para qué? Yo creo que es una firma; una marca de agua muy pensada y medida, pero también una reivindicación o una exhibición de las libertades estéticas a las que el autor ha conseguido escalar: como la piedra que el alpinista que ha coronado una cima se baja de la montaña en el fondo de un bolsillo para que sirva de prueba.
Es «su piedra», que para eso se la ha ganado.
Katchadjain se ha ganado, de esta forma, un camino personal y con sello propio hacia el único destino justificable: la poesía.
una locura de libro. deslumbrante. la dinámica es demasiado rápida, pasan muchas cosas. de paso el juego en la forma también está loco 20/10 recomendadowo
No termino de definir por qué, si me parecen tres cuentos objetivamente entretenidos, me dio tanto hastío leerlos. Supongo que es como ver a un tipo que se ríe de sus propios chistes mucho más alto que lo que nosotros nos reímos.
Creo que nunca había leído nada como estos relatos de Katchadjian, que parecen inventar nuevos cuentos de hadas disparatados, todos narrados con la naturalidad de los chistes internos.
Estos son cuentos repletos de giros: crees que van por un lado pero realmente no, crees que adivinas la conclusión pero el argumento la supera y continúa, crees conocer el destino de los personajes pero solo te topas con desatinos y extravíos. Y los personajes están tan confundidos como tú.
"《Es la misma situación de siempre》dijo uno de nosotros.《No sabemos si nuestra vida está empezando, terminando, o solo continuando.》"
Resultan giros imprevistos, ocurren con desparpajo, pero nunca son casuales o innecesarios: todos aportan algo para construir la materia del cuento. Cada uno ocurre en un universo propio e inmarcesible, que se siente distante, pero aun así, contiene mucho del espíritu humano en su extrañeza.
Este desconcierto puede llegar a ser desesperante, aunque mi disposición siempre fue la de encandilada y resignada voluntad a dejarme llevar por el autor.
Vale resaltar que, aunque son 3 cuentos a través de 128 páginas, leerlos es veloz. Esto se debe, creo yo, a que el ritmo es casi frenético, cargado de diálogos cortos y apurados, y los cambios de escenario son tan súbitos como la aparición y desaparición de personajes.
No hay que temer la extensión de los cuentos, sino la facilidad del autor por hacer agujeros en sus propias tramas y llevar a los lectores por vericuetos hacia una conclusión inesperada. El humor de Katchadjian es particular. Nunca se disculpa por sus zarandeos al lector, por sus súbitos desplantes de brutalidad.
Este libro es a veces absurdo, a veces tierno, a veces atemporal y mítico, siempre bizarro. Es, verdaderamente, una voz original.
Muchas verdades profundas sobre Uno y Los Otros, colocadas libremente como juguetes fáciles de recorrer con el tacto (que es el lenguaje).
"Volví a explicar la idea, pero Filón me interrumpió y dijo que no tenía sentido lo que yo decía, que al leer el libro uno veía que desde la escritura había un desgarro... Lo interrumpí: le dije que él no podía ver nada desde la escritura, que sólo podía ver desde la lectura, y que si quería tener alguna idea sobre el libro que la tuviera, pero no desde la escritura."
Nadie escribe como PK. No es que esté adelantado al resto. El va por un camino totalmente diferente. Seria fácil compararlo con algun jugador talentoso de algún deporte, pero esos estan limitados por reglas. PK no. Elige no seguirlas.
Su literatura no es otra cosa, no es cinematográfica. Sólo puede ser literatura.
De que tratan los cuentos? Vaya uno a saber. Leanlos.
creo que el libro que estaba describiendo en el cuento “el libro”, válgame la redundancia, el de miga me refiero, era este libro que escribió, y quisiera dar una descripción como la que daban los bibliotecarios, pero diré que la tensión de lo trágico se contrapone a la de lo cómico. (aunque filón pegarno diría que soy un estúpido)
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"Eso era lo mejor del libro: la tensión era tal que no había otra alternativa, para que el libro no se arruinara completamente, que leer las capas superpuestas sin fundirlas, sin resolver la tensión. Ver doble. Y desde esa tensión, cada tanto, el texto explotaba y llegaba a lugares inesperados."
esto es exactamente lo que me paso leyendo los tres cuentos que incluye este libro. el autor tiene una capacidad INCREÍBLE para crear mundos tan abstractos pero concretos y accesibles; justamente lo que él señala, una tensión que necesita de esos dos órdenes aparentemente contradictorios para otorgarle sentido a lo que quiere decir, ver doble, llegar a esos entre-lugares donde se forma otra cosa, donde se llega a explotar lo inesperado pero a la vez tan esperado. quede fascinada con los personajes, los mundos, la habilidad para decir cosas que parecen inalcanzables, imposibles de traducir o trasladar en la escritura, cosas tan específicas y de la experiencia propia que se ven y se comprenden TAN claramente en sus diálogos o la forma en la que construye las acciones y emociones de los personajes, es hermoso. de verdad, marqué tanto de cada relato y me dejo con muchos pensamientos y sensaciones que cada vez que lo leía podía sentir como la ternura o el dolor se trasladaban en los latidos de mi corazón que se aceleraban o contenían la respiración porque, en serio, no se puede creer lo que escribe Pablo Katchadjian. me quedo con muchas más ganas de leer otras de sus obras y trabajos porque lo valioso que se sienten sus historias me hacen acordar lo mucho que mueve la literatura y lo increíble que puede llegar a ser, me hace preguntarme muchas cosas y me hace creer en el mundo en el que vivimos (y lo importante que me parece eso en este momento). cada relato me hace aferrarme a la esperanza y al cambio, me hacen creer y que esa fuerza narrativa sea tal para causarme eso, es algo que no voy a olvidar. quedo completamente transformada después de esta lectura, con muchas cosas para seguir pensando y otras para escribir en un afán de que no se me escapen y se queden conmigo (o la ilusión de eso). muy hermoso, increíble y transformador todo💌
“¿ Qué pensás?”, le preguntó Gracia. “Pienso que es un mundo increíble, con tantas formas diferentes de lo mismo”.
Es como si el algoritmo para resolver el cubo rubik de estos tres cuentos tuviera que cambiar, a medida que avanzamos en alguna dirección, porque las piezas que lo conforman también van cambiando de forma; hacia algo más simple, tanto que, misteriosamente, lo que tenemos en nuestras manos es un cubo rubik de un solo color y que ya no tiene piezas, y para mejor, que ya ni es cubo, ni triángulo, ni esfera. Hay muchas joyas a lo largo de los textos. Esta es una de las que me gusta más: “Entonces pensé en este libro de Miga: la tensión era entre algo trágico y excesivamente desesperado, por un lado, y algo cómico y ridículo, por el otro. Sin lo cómico, el libro habría resultado insoportable; sin lo trágico, liviano, vano. Pero al mismo tiempo uno sentía que si había sentimiento trágico no debía haber risa, y que si había risa no debía haber sentimiento trágico. Eso era lo mejor del libro: la tensión era tal que no había otra alternativa, para que el libro no se arruinara completamente, que leer las capas superpuestas sin fundirlas, sin resolver la tensión. Ver doble.” En una entrevista que anda por ahi en YT el Pablo nos da un listado de lecturas que lo influyeron/formaron y lecturas actuales: *Heliogábalo o el artista coronado, de Antonin Artaud * Michael Kohlhaas . De una antigua crónica, de Heinrich Kleist * Lecturas de poesía, Gambarota, Rubio, Ezequiel Alemian * La fuente, de César Aira * Zhuangzhi, filósofo de la antigua China * https://neglectedbooks.com/ ( Skrine, de Kathleen Sully) Recomendación musical: Mark Ribot y los cubanos postizos, un yanki que lo da todo con la guitarra y con un español que da risa pero no tanto porque las letras de las canciones que buscó reversionar son terribles.
«Un hombre va al oráculo y recibe la promesa de un gran futuro: fama, fortuna e inmortalidad. Así que abandona su vida y se dedica a buscar el cumplimiento del oráculo. Pero la promesa está siempre en tensión. El hombre sabe, porque el oráculo se lo dijo, que la promesa no se cumplirá jamás si deja de buscar, y todas las cosas que hace parecen alejarlo del cumplimiento. Un día el hombre descubre que a medida que se aproxima a la meta, la meta se aleja, porque aproximarse significa entender que la meta es una tensión, una distancia con algo inalcanzable. El oráculo, entonces, está cerca de cumplirse desde el momento en que se empieza a buscar, y, a la vez, no se va a cumplir nunca. Entonces el hombre, cansado de la tensión y con la certeza de que su búsqueda está condenada al fracaso, se impone la alternativa de dejar de buscar, porque si la búsqueda original no era una búsqueda de tensión sino de felicidad, ¿no podría decirse que mientras más cerca está del cumplimiento más lejos está de la felicidad, que era la verdadera promesa? ¿Y entonces? ¿Vivir en la tensión de estar al borde es necesariamente mejor que abandonar una búsqueda sin posibilidades? ¿Y si abandonar la búsqueda después de haber buscado y haber vivido una tensión insoportable es la vía a la verdadera felicidad, una felicidad que ya no busca ni espera pero que a la vez no puede recriminarse a sí misma nada? Esta idea lo convence al hombre, y a ese abandono se dedica, pero al poco tiempo descubre que si no busca no tiene nada que hacer y se aburre, y descubre también que se aburre porque conoció la tensión, que es lo que lo llevó a abandonar la búsqueda y ahora es lo que lo lleva a volver, pero volver ya no a buscar sino a la tensión: ya no importan la búsqueda, ni la felicidad, ni el oráculo. La tensión es un fin en sí mismo.»
Pablo Katchadjian, El Caballo y el Gaucho, pàgs. 76-77
En el prólogo Pablo explica el porqué del título, atribuyéndole lógica al por qué del «3», al por qué del «cuentos» si uno no es muy ortodoxo, pero no pudo con «espirituales»; para eso están los tres relatos. Todos nos producen sensaciones y sentimientos encontrados al final. “Informe sobre la muerte del poeta” me parece el mejor de los tres. Uno comienza odiando a los protagonistas/antagonistas, pero luego se empieza a empatizar por ellos y sus limitaciones éticas de pertenencia patriótica. Calificación: 8/10 “Meno mal” me pareció el peor de los tres, ¡pero eso no significa que sea malo! Comienza con una historia que pareciera ser maravillosa para volverse fantástica. Con un argumento casi bizarro, que se vuelve un poco tedioso en un momento, vemos plasmadas críticas a una sociedad que conocemos. Las últimas dos páginas logran la remontada final para que me haya gustado. Calificación: 6/10 Finalmente, «El libro» comienza muy bien y uno va viendo que nunca se dirige hacia lo esperado, siempre se nos escapa por algún recoveco la dirección de la historia. Críticas satíricas a las creencias, a la burocracia ¿y al ego?. Calificación 7/10
Tres cuentos espirituales parece una reivindicación de la narración, del acto mismo de narrar. Son tres cuentos narrados con un apuro por momentos frenético y con un estilo que se asemeja muchísimo a la oralidad. Pero, extrañamente, en ese frenesí narrativo no hay desorden: por el contrario, hay una cuidadísima elección de formas y palabras.
En el prólogo, Katchadjian alude a una frase que suprimió -pero que, en definitiva, no suprimió- de Alain Badiou, que habla de "una infernal agitación inmóvil". Y en ese mismo prólogo, el autor refiere (o polemiza mejor dicho) que estos cuentos "van de afuera hacia adentro". Esas son las dos claves de lecturas que, con mucha claridad, nos aporta el propio autor.
Efectivamente en los tres cuentos hay un accionar, un movimiento constante e intenso que se contrapone a una búsqueda interna, a una problematización de la propia identidad, que permanece y atraviesa todas esas peripecias. En ese sentido, es cierto también parece haber un viraje desde el afuera -las acciones narradas, puras y duras- hacia una introspección que va surgiendo sobre la marcha cada vez con mayor intensidad.
Todo es posible en la buena literatura. Mi favorito fue el segundo cuento, que es a mi parecer el menos espiritual, pero el más lógico-plástico (si la expresión sirve de algo) de los tres. Hubieron momento del primer y tercer cuento en donde me emocionaba con algunos fragmentos. El Santo bichicome saliendo del poco, o el Poeta asediado en busca de identidad artística.
Esa costumbre mía de buscar analógicas y significados "ocultos" no sirvió de nada porque la intención no es buscar el sentido de la narración, sino vivir el sueño que se esta narrando. Los cuentos contenidos en este volumen son Sueños: difusos, divertidos, irracionales, peligrosos para la cordura. La historia que no se cuenta siempre me condujo a lo mismo: Escritores o artistas persiguiendo (o siendo perseguidos) por lo imposible.
Recomendado para el ocio de los días mundanos en que la lógica hiere.
Los tres cuentos espirituales de Pablo Katchadjan son historias de extravíos que se convierten en destinos. La prosa experimental del autor, que en sus propias palabras busca escribir algo siempre distinto, es sin duda original pero también muy parecida a sus otros trabajos. Es interesante y hasta chistoso navegar los hilos de esta lectura, que muchas veces parecen disparates, y luego encontrarse el tejido final del libro completo, que es muy bueno.
Un libro que me ha dejado completamente alucinado. Katchadjian juega y se burla de sus propios personajes y de lxs lectores también. Tiene estilo muy ágil y potente. Todos los cuentos son contradictorios, inesperados, surreales y absurdos. Leer a Katchadjian es como entrar en un sueño muy muy loco y salir mareado. Lo amé!!!