Lo confieso: no soporto que las editoriales me timen dándome una sinopsis que se parece al argumento del libro como un huevo a una castaña. Y eso es lo que pasa con Buenas noches, lechuza, que Tusquets nos lo vende como una novela de espías rusos ambientada en Barcelona, -no te digo ya Babelia, que dice que es una novela sobre cómo enfrentarse a la vejez con sabiduría- y resulta ser un pestiño infumable en el que casi ni se habla de espionajes ni de Barcelona ni de rusos. Eso sí, hay decenas y decenas de páginas con muy sesudas reflexiones e historias irrelevantes acerca de escritores, artistas, actores y otros personajes que no se conocen ni en su casa, ni son rusos, ni espías ni son de Barcelona.