«Morteros se inundaba con facilidad y sin causas». Así empieza El fino arte de crear monstruos, una narración de verbo hipnótico con un pie en la realidad argentina de la villa de Morteros y otro en la mágica imaginación de la niña Vidria. Ataúdes flotantes, milanesas cadavéricas, vacas apocalípticas, niñas mutantes y un tal Harley Davidson son algunos de los insospechados protagonistas del día a día en Morteros mientras Vidria crece y aprende a vivir en el mundo, o por lo menos así es a través de su ingobernable inventiva y la exuberante voz de Silvana Vogt. Una autora en estado de gracia que liga escenas entrañables, llenas de humor y sorpresas increíbles, con la misma facilidad que los niños sueñan… y tienen pesadillas.
«Antes que nada (si hay mucho talento y un poco de suerte), una novela puede y debe contener un mundo entero y nuevo y propio y singular. Tal es el caso de este libro. Después de todo, el afortunado será el lector que tenga el talento de sentarse y aprender a conducir este tan acelerado como diestro El fino arte de crear monstruos. Silvana Vogt va como una moto.» Rodrigo Fresán
Para mi este libro es como una recopilación de historias "macabras" y crudas contadas por una niña acerca de los sucesos paranormales que ocurren en su pequeño pueblo. Desde ríadas, tornados, pasando por incendios, muertes... toda una serie de tragedias que configuran su caracter.
Me ha encantando la manera de escribir de Silvana y sin duda es un libro precioso con un enfoque tan distinto hacia la belleza y lo que es verdaderamente importante.
Esta lectura ha sido como escuchar un buen monólogo de alguien que te cuenta su infancia con el mejor tono posible. Humor ácido, visión inocente. Desde la perspectiva de una niña inteligente y valiente. Ha sido como un chapuzón en agua fría después de un día caluroso, pero sin cólicos ni mareos.
El fino arte de crear monstruos nos mete en la cabeza de Vidria, una niña con una imaginación tan única que es capaz de convertir lo más cotidiano en algo completamente extraño: ataúdes que flotan usados como barcos, vacas que anuncian el fin del mundo… Todo es raro y extraño pero a la vez tiene sentido dentro de su lógica. 🌊⚰️🐄
Silvana Vogt escribe con un estilo súper visual y atrapante, con frases que parecen sacadas de un sueño. La historia se mueve entre lo real y lo fantástico sin avisar, lo que hace que nunca sepas bien qué esperar.
Si eres de los que buscan una historia con una trama bien marcada, puede que esté libro no acabe de encajarte, porque la novela es más una sucesión de momentos que un relato con un principio y un final claros (aunque aún estoy sorprendido con el final. No lo vi venir). 🤯
La lectura es muy original, con un tono medio oscuro pero con humor. Tiene un “nosequé” que te atrapa. Una lectura muy ligera, de unas pocas páginas, ideal para descansar de libros más complejos y densos. 😌
Interesantísimo. Creo que la reescritura del Macondo de García Márquez es demasiado evidente en algunos puntos, pero me parece que, en general, funciona bastante bastante bien. La premisa de una niña fantasiosa en extremo en un pueblo condenado a las catástrofes mortales resulta fascinante. Muy recomendado para quienes disfrutan del realismo mágico y de sus líneas estéticas posteriores. El personaje de Vidria es redondo, absoluto 🌟.
Vidria es una niña de extrañas proporciones y cicatrices que vive rodeada de catastrofes que intenta comprender adaptandolas a su vida y a la curiosidad que siente. Acepta todo como es y en su búsqueda anhela la comprensión del mundo y de lo que en el ocurre. De forma magistral, Silvana Vogt, teje esta historia contada por la niña que posiblemente fue con la sabiduría de un camino vivido. Es tierna y a veces tan sarcástica que te saca un sonrisa. Con una narrativa inteligente, comprensiva y amorosa narra una vida que no todos hubiéramos podido vivir.
Me ha gustado mucho y me voy a quedar siempre con su forma de redactar … admiro la simpleza y la crudeza pero si es verdad que hacía es final hay cositas que me fallan pero no el final en sí que es de los mejores en mucho tiempo
Para mí la copia, u homenaje, al universo de Juan Rulfo es evidente desde la primera frase de este libro que se iba a titular "La chica de la moto" en el que quizás sería un nombre con más sentido, aunque mucho menos poético que "El fino arte de crear monstruos", que realmente no dice absolutamente nada sobre lo que ocurre en sus páginas.
Desde mi perspectiva como lector, noto detrás de las palabras de este libro un afán constante por escribir bien, porque todo quede redondo, perfecto, con muy poca improvisación, y eso lastra a los capítulos (o cuentos) con un peso que se hace patente en esa repetición de frases de una manera obsesivamente recurrente, pero colocados como de manera estrategia para captar la atención.
Silvana Vogt retoma su vida en un pueblo de esos totalmente aislados de Argentina (ríete tú de la España vaciada) y convierte sus recuerdos en puro realismo mágico, aunque me da a mí que llega con muchos años de retraso a ese estilo que se hizo omnipresente en la literatura americana y que a mí me resulta un pelín cansino. Aún así hay personajes interesantes a lo largo del libro y alguna que otra historia que no está mal, a pesar de esa obsesión por la muerte que parece también metida con calzador para enganchar a los fans de lo mágico y la nostalgia literaria.
Aunque tenía este libro rondando mi rabillo del ojo, por el título más que nada, fue una apasionada recomendación de mi librera Alina la que me convenció. Y reconozco que me engañó completamente.
Me imaginé que era un libro de terror, y no. Aunque hay cosas que dan miedo y un buen aderezo de “macabrosidad”. También pensé que era un libro de realismo mágico, y aunque sí que hay elementos no naturales, se relaciona más con la mirada mágica de los niños que con una verdadera escritura fantástica.
Escrita con una prosa hermosa, precisa y muy trabajada, este es un libro delicioso, que te lo bebes sin casi darte cuenta, a medio caballo de muchas cosas. No es novela, tampoco cuento. No es realista, ni fantástico, ni realista mágico. No es dulce ni tampoco oscuro. Y lo es todo a la vez.
Un nombre que tener en cuenta de ahora en adelante, y un libro que, se lea desde la perspectiva que se lea, enamora.
Una joya literaria que explora la infancia y el universo íntimo de las niñas con una delicadeza feroz. Silvana Vogt teje ideas profundas con un lenguaje de una belleza hipnótica, creando un relato que late mucho después de cerrar el libro.
📕 «La vida es una sucesión de acontecimientos: causa, efecto, azar, decisiones, consecuencias, acciones. Pero lo importante no son los hechos, ni la presentación, ni el nudo, ni el desenlace, lo realmente importante es el relato que emana de esos hechos, la trama oculta de esas decisiones, el hilo personal y privado con el que uno lee las cosas que vive. La voz, el ritmo, el tono y la forma a través de la cual nos narramos el mundo.»
Realismo mágico argentino muy ocurrente y contado en capítulos episódicos que, a decir verdad, me han parecido un poquito irregulares. El cierre sí es muy redondo, pero... No acaba de convencerme del todo. 3.5 estrellitas
Una prosa cuidada al milímetre, escollida, calculada. Picada. A voltes, poètica. Una narració amb un rumb marcat, que malgrat les disgressions sempre torna a lloc. Amb elements que serveixen de fites fins al desenllaç: la moto sense terre, la forquilla infantil, l'apocalipsi... Narració en primera persona, amb passió i ritme. És una novel·la excel·lent, una delícia. La he acabat i la rellegeixo per deleitar-me amb la seva manera d'escriure, amb les frases elaborades, amb la música de les paraules de la Silvana. Val molt la pena. Molt recomanable.
Me he divertido mucho leyendo este libro. El conocer la historia de un pueblo maldito, sus habitantes y la prota desde la visión de esa misma prota, que es niña, es tan único y sorprendente. Durante las páginas de esta historia, he descubierto que algunas tragedias no parecen tan terribles al relativizarlas sin querer, observando el mundo desde la originalidad de la infancia o de los locos. Al leer cada capítulo me parecía que estaba girando el tubo de un caleidoscopio. No será la mejor metáfora pero bueno, se ha intentado explicar esto jeje. He de decir que el desenlace no me lo esperaba. Me ha dejado bastante pachuru y esta sensación me ha chocado bastante con el resto de emociones que sentía al leer el inicio y el nudo aunque realmente todo el tiempo se estuviera hablando de muertos, catástrofes, mentiras y locura.
Crónica del extravío y hallazgo de un “tenedor infantil que tenía tallado en el mango un pato gordo que sostenía un cuchillo”, El fino arte de crear monstruos (2025) es también un homenaje a la infancia, a todos aquellos recuerdos (buenos y malos) que de manera irremediable nos forjan y acompañan a lo largo de la vida. La autora argentina Silvana Vogt (Morteros, 1969), describe con gracia las andanzas de Vidria, una niña singular a la que le gustan “las motos, los basurales y los perros”, al tiempo que crece entre excéntricos personajes y situaciones inauditas, en la villa argentina de Morteros. Vidria es capaz de reflexionar sobre la muerte, mentir para poder comer todos los dulces que quiera y defenderse ante la violencia que siempre acecha en la niñez; nostalgia y realismo mágico se funden en una trama imprevisible, donde lectoras y lectores no sabrán qué esperar de este mundo lleno de fantasía y dolor. Para la pequeña protagonista la existencia misma es el borrador de la literatura, afirmando que hay que escribir para evitar olvidarlo todo; los perros Poqui y Polidoro, con sus miradas llena de nobleza, aparecen entre los capítulos como una metáfora de la vida y la muerte, delimitando el siempre duro fin de la inocencia. Vidria descubre un día que frente a la tentación, uno tiene dos opciones: caer o no caer. “Caí. Y seguí cayendo el resto de mi vida”. Así de sencillo es caer en la literatura de Silvana Vogt, hermosas letras en las que el chapuzón de fantasía remite irreparablemente a las tardes infantiles y amistades que se pierden con los años. El fino arte de crear monstruos, según la autora, comenzó como un email y tardó 18 años en convertirse en el libro que hoy presenta la Editorial H&O; también filósofa, psicóloga y productora radiofónica, Vogt se estableció en Barcelona desde el año 2002. Rumbo a las últimas páginas del libro (una novela, por supuesto, sumamente autobiográfica), Vidria tiene una conversación filosófica con su perro, un diálogo que funciona como el manifiesto perfecto de la escritora: “La vida – le dije a Polidoro – es una sucesión de acontecimientos: causa, efecto, azar, decisiones, consecuencias, acciones. Pero lo importante, Polito, no son los hechos, ni la presentación, ni el nudo, ni el desenlace, lo realmente importante es el relato que emana de esos hechos, la trama oculta de esas decisiones, el hilo personal y privado con el que uno lee las cosas que vive. La voz, el ritmo, el tono y la forma a través de la cual nos narramos el mundo”. El fino arte de crear monstruos resulta una experiencia catártica y la posible respuesta a los orígenes de sueños y traumas que brotan en la infancia.
he tardado mucho en leerme este libro cortísimo porque no he tenido descanso de lectura y en el momento en el que he podido, lo he devorado. no sé qué tienen las historias con protagonistas mujeres (quizás que son mujeres) que me gustan tanto. sobre todo este tipo de historias en las que se desenvuelven en la naturaleza con ese toque de realismo mágico mezclado con el gótico lo fantástico y lo extraño familiar. me apasionan! niñas valientes, niñas creativas, niñas extrañas que abren los ojos ante un mundo raro y lleno de cosas, raras. la historia es increíble y la forma de inventar, que en realidad no inventa sino que reinventa y reinterpreta desde otra mirada, no tan convencional. todo. precioso. el final ahoga y el libro libera. me ha dado un pequeño vuelco revolucionario leer esta novela.
"La vida es una sucesión de acontecimientos: causa, efecto, azar, decisiones, consecuencias, acciones. Pero lo importante no son los hechos, ni la presentación, ni el nudo, ni el desenlace, lo realmente importante es el relato que emana de esos hechos, la trama oculta de esas decisiones, el hilo personal y privado con el que uno lee las cosas que vive. La voz, el ritmo, el tono y la forma a través de la cual nos narramos el mundo.
Para mí, la vida era el borrador de la literatura, y no al revés".