ELLA NO RECUERDA SU PASADO. TÚ JAMÁS OLVIDARÁS ESTE THRILLER.
Si has devorado La asistenta y te enganchaste a Big Little Lies, esta historia te atrapará.
Elena Hausser sabe que lo que está a punto de suceder es culpa suya. De nadie más. Ella es la responsable absoluta del inminente peligro que va a correr.
También es consciente de que su vida se resume en tres fatídicos errores.
El primero fue asumir que sus recuerdos eran reales.
El segundo, descubrir la farsa demasiado tarde.
Ahora, enfrentada al monstruo de sus peores pesadillas en Pinomar, el idílico pueblo que le vio nacer, comprende que vivió engañada por los demás, pero también por ella misma.
Lo poco que recordaba terminó por convertirse en su peor enemigo.
Y para enmendar el camino, Elena sabe que tiene que cometer un tercer error.
Premisa: Alicia se despierta en un hospital tras tener un terrible accidente, desconcertada y con una amnesia parcial: no es capaz de recordar nada de lo que sucedió en la época más reciente. Pero la situación se agrava cuando la policía acude a interrogarla porque es la última persona que vio con vida a una niña, Lucía, de lo que no guarda ningún recuerdo.
Opinión: Conocí esta novela por sorpresa al abrir el paquete de la editorial y pensé: perfecta como lectura de entretenimiento. Todos los meses me gusta leer un par de libros ágiles y dinámicos para poder pasar páginas sin necesidad de vincularme demasiado: puro enganche y desconexión. Así que, como los thrillers psicológicos suelen llevarme a ese estado de frenetismo lector, no me resultó difícil hacer la conexión.
Valenzuela nos presenta una historia dinámica y ágil estructurada en capítulos cortos y entroncada en un misterio que suele funcionar de maravilla: las lagunas de memoria. En mi opinión, un recurso con mucho potencial pero que dejó la originalidad atrás hace mucho tiempo. Aún así, aporta esa incógnita implícita y la búsqueda de una verdad que puede abrir la puerta a tener puntos de vista poco fiables.
El autor lo utiliza y juega, a medida que se desarrolla la trama, con la posibilidad de que la memoria sea esquiva y su fragilidad tome más relevancia de lo que, a priori, cabría esperar. Además, el comportamiento de las personas que interactúan con Alicia no es del todo normal, lo que nos lleva a incrementar nuestras sospechas. Esto aporta un punto extra de interés al llevarnos así a dudar de los propios descubrimientos que se dan por sentados y, por consiguiente, de las conclusiones que se deducen a partir de ellos.
Aunque he disfrutado de estos aspectos, me habría gustado que los personajes secundarios estuvieran un poco más desarrollados. Por otro lado, el final me resultó demasiado precipitado, ya que resuelve la tensión con menos palabras de las necesarias. Me dejó con la sensación de haber leído demasiado rápido las últimas páginas. Y sí, no os he hablado de los giros narrativos hasta ahora porque me resultaron algo predecibles, teniendo en cuenta que soy una lectora observadora y, por afición, cazadora de pistas.
Luces y sombras, como me suele pasar últimamente con este género. Pero aún así, sigo recurriendo a él porque mi mente me pide de vez en cuando una buena investigación que resolver y sentir la necesidad de dudar de cualquier personaje que aparezca en la trama. ¿No os pasa parecido?
Esta novela me llamó muchísimo la atención por su premisa: una mujer que vuelve al lugar donde creció después de un atentado que le ha robado parte de su memoria. ¿Qué pasa cuando lo que recuerdas… puede que no sea verdad? ¿Y si alguien más ha decidido por ti quién eres? Ese punto de partida me atrapó desde el primer capítulo.
La historia tiene un ritmo muy ágil, capítulos cortos y una intriga constante que te pide leer "uno más y ya" hasta que te das cuenta de que vas por la mitad del libro. Me encantó sentir esa necesidad de saber qué demonios estaba pasando realmente. Y Elena es un personaje lleno de sombras y fragilidades que genera empatía: quiere respuestas, necesita entenderse y, en el fondo, busca recuperar su vida.
También me ha gustado el toque oscuro del thriller psicológico, la sensación de vulnerabilidad y la línea difusa entre realidad y manipulación. Y sí, hay giros que sorprenden y momentos bastante tensos que funcionan muy bien.
Entonces… ¿por qué no más estrellas? Porque aunque lo pasé bien leyéndolo, hay detalles que se me atragantaron un poquito. En algunos momentos, la trama se vuelve demasiado exagerada y las decisiones de ciertos personajes son difíciles de creer. El tramo final, aunque intenso, me pareció un poco melodramático y menos coherente con la intriga tan bien construida al inicio. Es de esos finales que te remueven, sí… pero que también te dejan levantando una ceja.
En resumen: una lectura entretenida, oscura y muy rápida, perfecta si buscas algo que te enganche sin complicarte la vida. Yo me quedo con un balance positivo, pero no me terminó de conquistar del todo.
1 estrellita, que bien pudiera quedarse en los tres cuatros, para esta novela, tan mala que casi no hay por dónde cogerla.
José Ignacio Valenzuela me ha recordado poderosamente, en su 'malhacer', a ese escritor tan adorado por muchos como denostado por servidora, Javier Castillo. Porque los dos escriben casi igual de mal, aunque quizá Valenzuela lleva cierta ventaja a este respecto, porque al menos él parece saber qué significan las rebuscasdas palabras y expresiones que se empeña en utilizar...
Pero no es todo cuestión de vocabulario y gramática, y esa mezcolanza de narraciones en primera y tercera persona, alternando además entre diferentes personajes y puntos de vista, hace que la lectura resulte tan farragosa como lo es en realidad la misma historia.
Una historia que, por otra parte, carece casi por completo de interés, pues no es más que un refrito del género de misterio, o thriller por momentos, en el que se intenta justificar la trama recurriendo a la ciencia y la bioquímica, en lo que en realidad es un desastre de ideas que no justifica tanto desvarío.
Y, por supuesto, un cero en desarrollo de personajes, que carecen de cualquier cosa que se parezca a profundidad psicológica, con un romance de esos metidos a calzador, con cero carisma o auténtica razón de ser.
En definitiva, mucho ruido y pocas nueces; y ciertamente no parece que el autor mismo sepa lo que está haciendo, ni que preste demasiada atención a lo que escribe. Y si no, ¿cómo se explica eso de salir corriendo del hospital para dirigirse precisamente al hospital? Que no, que nadie se cree que Pinomar tenga dos hospitales...
Lo poco que recuerdo es una novela que juega con la memoria, con los huecos de lo que creemos tener claro y con esas lagunas que, a veces, dicen más que los recuerdos mismos. No es un thriller de giros imposibles ni una tragedia que te destroce por dentro, sino una historia que avanza con ligereza, manteniéndote dentro de la niebla justa para querer seguir leyendo.
Valenzuela te lo sirve sin complicaciones: frases fluidas, capítulos que se leen casi sin darte cuenta y un tono que te empuja a seguir, aunque sospeches que no será la novela que te cambie la vida. Aquí la gracia no está en lo monumental, sino en lo adictivo de su sencillez.
La trama se sostiene en personajes que se mueven entre el misterio y lo cotidiano, en un juego donde lo que no se dice pesa casi tanto como lo que se revela. Y aunque uno intuya que la historia no busca grabarse en mármol, tiene ese magnetismo de relato bien contado que te mantiene dentro hasta que la última página decide cerrarte la puerta.
¿Es de esas lecturas que recordarás dentro de cinco años? Probablemente no. Pero tampoco todas las cenas memorables son en un restaurante con estrella Michelin; a veces un buen bocata a deshoras también se disfruta. Y este libro es exactamente eso: rápido, sabroso y lo suficientemente intrigante como para que no quieras soltarlo hasta el final.
Elena Hausser sabe que lo que está a punto de suceder es culpa suya. De nadie más. Ella es la responsable absoluta del inminente peligro que va a correr.
También es consciente de que su vida se resume en tres fatídicos errores.
El primero fue asumir que sus recuerdos eran reales.
El segundo, descubrir la farsa demasiado tarde.
Ahora, enfrentada al monstruo de sus peores pesadillas en Pinomar, el idílico pueblo que le vio nacer, comprende que vivió engañada por los demás, pero también por ella misma.
Lo poco que recordaba terminó por convertirse en su peor enemigo.
Y para enmendar el camino, Elena sabe que tiene que cometer un tercer error.
El más grave de todos.
NO VOLVER A ESCAPAR JAMÁS DE SUS RECUERDOS.
Un thriller psicológico ameno, lleno de misterio, intriga y suspense, lo que lo hace muy adictivo.
Los capítulos son muy breves y presentan una trama perturbadora, con constantes giros inesperados. Todo ello consigue que, conforme avanza la lectura, atrape por completo.
Los personajes están llenos de secretos y ocultan muchas cosas, lo que hace que la protagonista, Elena, dude y desconfíe de todos.
Es una historia ideal para esta época del año, ágil y de lectura rápida.
Quiero agradecer al autor y a la editorial el envío del ejemplar.
“De pequeño aprendió una gran lección: si quieres dominar a otros, tienes que dominarte a ti mismo”
Fue muuuuuuuy difícil leer este libro! Me encanta todo lo que escribe El Chascas (incluyendo telenovelas/series) pero siento que aquí me quedó a deber mucho. Es una historia que promete mucho capítulo a capítulo pero se queda en mil huecos por rellenar y siento que no contó nada. Había potencial!!! Los personajes fueron algo que no disfruté, ni siquiera la protagonista, ya que la sentí superficial y al mismo tiempo victimizada innecesariamente ya que no había un motivo real. A lo mejor por eso me costó casi 2 meses terminar el libro. No sé por qué pero me da la impresión de ser un libro escrito por presión de la editorial y había que sacar algo. En fin, espero que el próximo libro esté a la altura de lo que bien que escribe El Chascas
Le daría a Lo poco que recuerdo un 6/10. La verdad es que me ha parecido bastante flojo y no lo recomiendo. Uno de los aspectos que más me incomodó fue el cambio constante de narrador sin previo aviso, lo que obliga al lector a deducirlo por sí mismo. La trama no logró engancharme hasta las últimas 100 páginas.
Desde el inicio se intuye que ha ocurrido algo importante, pero no se revela con claridad hasta bien pasada la mitad del libro, lo que resta tensión a la historia. El final tampoco me ha entusiasmado y me dejó bastante indiferente. En definitiva, si buscas una novela de misterio o policiaca, considero que hay muchas mejores alternativas.
Los libros de José Ignacio Valenzuela nunca decepcionan, un thriller que me mantuvo pegada a las páginas todo el tiempo y armando teorías en mi cabeza sobre cual sería aquello que Elena no podía recordar y quienes eran los responsables de todo; mientras despertaba en mi la curiosidad de investigar sobre bioquímica y que clase de traumas, génes y procesos químicos en nuestro cerebro y organismo derivan en que nuestra memoria olvide cosas, suprima verdades o creé recuerdos falsos para protegernos de la verdad
Espero muy pronto exista otra historia ambientada en Pinomar
Pense que nunca leería algo peor que Verity, pero este libro le gana en lo plano, absurdo e incoherente. No sé siquiera si el autor tuvo asesoría científico médica, dada la sarta de estupideces que "piensa" la protagonista o el "villano"
En Lo poco que recuerdo, nos adentramos en un thriller psicológico que no se apoya en grandes persecuciones ni en giros ruidosos, sino en la lenta y asfixiante reconstrucción de una memoria que ha sido enterrada a propósito. Una historia donde el pasado no solo regresa, sino que nunca se fue.
La protagonista, Elena Hausser, sobrevive a un ataque brutal que marca un punto de quiebre en su vida. En busca de paz, su esposo Daniel propone mudarse a Pinomar, el pueblo donde ella vivió hasta los cinco años. Pero ese lugar, que parece detenido en el tiempo, guarda más preguntas que respuestas.
La mudanza no solo es física, sino también emocional: Elena vuelve a una casa llena de recuerdos vagos, prohibiciones antiguas y un sótano que nunca debió abrir. Mientras reconstruye su historia fragmentada, un nuevo personaje aparece: Brian Miranda, un músico errante que alquila una habitación en el pueblo y huye de un crimen no resuelto. Sus caminos, inevitablemente, se cruzarán.
Pinomar es el arquetipo del pueblo perfecto: calles adoquinadas, jardines impolutos, vecinos amables. Pero la novela se encarga de mostrarnos que bajo esa fachada reluciente hay algo podrido. Es un escenario que incomoda por su pulcritud, como si todo estuviera demasiado limpio para ser real. Ese contraste entre lo idílico y lo inquietante funciona como metáfora del conflicto interno de Elena: su necesidad de recordar choca con la comodidad de no saber.
La novela cuestiona todo el tiempo el papel de los recuerdos. ¿Recordamos lo que pasó o lo que podemos soportar? ¿Qué se oculta en la infancia olvidada, y qué tan dispuesta está Elena a saber la verdad?
Lo poco que recuerdo no es solo una novela sobre descubrir un secreto. Es sobre lo que implica mirar hacia atrás, enfrentarse al dolor, y reconstruirse con las piezas que uno ha negado durante años. Con una atmósfera densa, personajes complejos y una narración que se mueve entre el pasado y el presente, esta historia atrapa sin necesidad de efectos rimbombantes.
Una novela con una excelente premisa que se va quedando corta a medida que avanza la trama.
En términos de personajes, Elena Hausser es una mujer con un currículum destacado como bioquímica pero no se llega a comprender porqué no sigue ejerciendo cuando se muda a Pinomar considerando la trayectoria que el narrador te cuenta que posee. Brian Miranda (Kevin Quiroga) lo embarga una abnegación por Elena que no logra cuajar del todo y, además, resulta inverosímil, por un lado, el hecho de que no tuvo ninguna posibilidad de defender su inocencia en el caso del asesinato de su novia así como el salir escapando de la policía y, por otro, la escena final sacrificándose por Elena sin motivos de peso. Daniel y sus motivaciones para montar tal escenario en Pinomar, comprando a los vecinos y hasta incluso el cura, sabiendo que Pinomar es supuestamente un barrio "pudiente", resultan del todo contradictorias y poco creíbles. Por último, Josef Hausser es el clásico villano del tipo científico loco y frívolo, sin motivación para hacerle daño a su propia hija más allá de la locura, el éxito y el trauma relacionado al fallecimiento de su madre.
Ya comentado los puntos bajos, las virtudes de la novela son, por un lado, lo ágil, rápida, fácil de recordar su lectura y, por otro, su excelente manejo de los cliffhangers, ambas características que te hacen desear con ahínco leer un capítulo más. Recomendable si es que se desea leer algo ligero sin mucha profundidad.