La lluvia de primavera cae intensamente sobre Tokio y en la estación del puente de Mansei se retrasan los trenes. Mientras espera a poder regresar a casa, Sokichi Hata distingue a alguien entre la multitud: es la mujer carmesí. En ese instante, según recorre su cuerpo con la mirada, le sobreviene la memoria de la noche en que intentó suicidarse, pero una mujer, muy parecida a la que ahora se encuentra frente a él, se lo impidió. ¿Estará ante la misma Osen que tiempo atrás le salvó la vida y le dio a conocer el amor?
Leer este relato del maestro Kyoka es una belleza cargada de erotismo, sensualidad y un amor prohibido. La historia es protagonizada por el médico Hata Sokichi que en la estación de trenes de Tokio en la estación Mansei, están detenidos debido a problemas del clima, el hombre logra distinguir a una mujer bella y enigmática que con la belleza de sus cejas, hace que el recuerdo del pasado se avive.
Esa mujer del pasado es la bella Osen, el primer amor de Hata que lo salvó de que él se quitará la vida y ahí mismo le declaro su amor en el templo Myojin. Este caballero al principio confunde a su amada Osen con la esposa de un pariente lejano pero al ver el kimono y sus rasgos de color carmesí como sus labios ( estos tendrán relevancia al final de la historia) hacen que el médico recuerde su pasado, como un hombre que no solo quedó cautivado con la belleza de la Mujer Carmesí , sino también vivió muchas dificultades al estar cerca de una mujer que se dedicó a la vida galante y también era protegida de Kanazawa.
La historia se vive entre el recuerdo del pasado y el reencuentro en dónde los dos enamorados al fin se encuentran pero la enfermedad de Osen y el haber sido detenida en algún momento hizo que estos dos se separaran.
Satori nos trae "La mujer carmesí", un relato de Izumi Kyoka dentro de su colección Clásicos hilados. Se trata de una serie asequible y muy cuidada en su diseño editorial, que nos ofrece historias breves de grandes nombres de la literatura japonesa. En esta ocasión seguimos a Sokichi Hata que, mientras espera el tren en la estación, cree reconocer entre la multitud dos rostros familiares. Ese instante da pie a que afloren los recuerdos de un momento pasado, breve pero intensísimo, compartido con la mujer del kimono carmesí —quien, de algún modo, le salvó la vida. Con una prosa ágil, Izumi Kyoka va desgranando los detalles con una sensibilidad tremenda. Es inevitable contagiarse de la emoción, la tensión, la tristeza e incluso la rabia que invaden al protagonista. Como también es inevitable quedarse con esa amarga alegría que deja el final.