Ediciones Pirata Atarraya se precia en presentar la segunda edición de esta novela canónica de la literatura marítima bogotana con el texto original íntegro y una frase adicional que al autor se le había quedado por fuera debido a que el librero del centro de la ciudad que sirvió como modelo del protagonista la pronunció seis años después de ya escrita la novela, y que a juicio del autor es la mejor. Queda a los lectores el reto de adivinar de qué frase se trata, y comunicarlo a Atarraya para ser posibles acreedores de jugosos premios.
Es una dicha extraña cuando la literatura es una fiesta, un gozo de ingenio, una celebración a la creatividad. Matías Godoy consigue un texto donde el humor saca a bailar la imaginación, y logra conquistar a un lector entretenido que pasará las páginas una, tras otra, tras otra, de carcajada en carcajada y de sorpresa en sorpresa.
Las glorias es un relato ocupado en el centro por la amistad (y la enemistad, como retrato en negativo de ésta). Cuenta la historia de los libreros de viejo de Bogotá, de los libros piratas vendidos en las esquinas. Cuenta, con tremendo humor, las vidas viejas de los viejos felices en sus rutinas, capaces de haber conquistado en el tedio algo parecido a la felicidad. El mérito mayor en esta novela es la ausencia tanto de héroes como de antihéroes. Sus personajes son corrientes y hermosos, en lugar de los manjares de la alta cocina, o las porquerías suculentas sólo a base de hambre, puros pasteles gloria: la belleza gris de la sencillez.
Hay una novela dentro de la novela, y un ejercicio parecido a la meta-metaliteratura. Hay un juego, además, donde Alejandro y Pacho pasan a ser máscaras de Alexander y Francis pero también máscaras de Matías y un amigo anónimo. Hay una decisión firme de romper con el consejo de Quiroga y escribir pensando en aquellas personas portadoras de nuestro cariño. La fuerza de Godoy está en la capacidad de ternura de los personajes, en su capacidad de ternura para no burlarse nunca de esas existencias en el límite de lo patético que ha escrito.
No es más, vale la pena leerla, no toma más de un par de días. Y es creativa, y un ave extraña en el vuelo de la literatura colombiana actual. Dénle el chance si se la cruzan, más de una sonrisa encontrarán en el proceso.
Cerraba ya el texto y una última idea acudió. Otro nombre, más bien. Otra referencia para que los lectores puedan hacerse una idea. Matías Godoy hace aquí juegos de lenguaje y propuestas de situaciones similares a las que usa Eduardo Mendoza o las que se sueña el César Aira de El mago o Una novela china. Con esos dos faros, la luz propia de Godoy tiene algo de cervantino.
Aira, Mendoza, Cervantes... ¿A qué son buena carnada, no?
Un divertido libro que narra las desventuras de personajes en uno de los icónicos pasajes del centro de Bogotá dedicados al comercio de libros de segunda y de dudosa proveniencia. Se lee rápido y tiene grandes puyas y apuntes sobre la manera en la que funciona el circuito de libro en Colombia. Todas las personas que trabajen en el gremio o que les interese saber cómo funciona, deberían leer este libro.
En las Glorias hay dos cosas que me parecen muy fuertes y muy bacanas en esta novela: 1. El mundo del libro es muy grande, desconocido, y aunque ha ido creciendo, le falta todavía mucha fuerza en muchos campos. En esta historia explican con mucho amor el lado más marginal del mundo del libro, y lo hace a partir de mucho humor e ironía. 2. ¡El carácter metatextual que tiene es muy bacano! Siento que la manera en la que Novela Pirata está escrita es una burla a esos libros escritos con jergazos que escriben así creyendo que suenan bien pero suenan de una manera torpe y pretenciosa. Al principio es algo confuso, pero cuando se hace explícito que hace parte del libro que Pacho escribió se vuelve muy chistoso, además de que las dos líneas argumentales se fusionan, y le dan a esa Bogotá cotidiana un aire poco común y pintoresco.
Por último: me encantó la idea de Novela Pirata.
También hubiera sido un buen nombre para este libro.
En un principio, una novela muy linda. A mi me gusta mucho andar por los lados del centro de Bogotá en donde se venden libros (que, como dice el libro, son de dudosa procedencia). En general, divertida, acogedora. Me gustó mucho la metáfora entre los piratas corsarios y los piratas de libros. Hay partes en donde el ritmo baja, sobre todo con las de la intertextualidad de la novela de Pacho, además, y esta es la razón por la que no tiene una calificación mayor, es porque odié el final. Me pareció absurdo, innecesario, pues, y el autor terminó de la peor forma posible. Francamente esperaba mucho de este libro, pero el último capítulo me decepcionó como no tienen idea, me dejó molesto, insatisfecho (y eso que hay finales así que no pueden ser de otra forma, que los mismos personajes son conductores irremediables de dicho desenlace, en este caso no). Espero poder olvidarme pronto de este libro, me arruinó el día. 3.0/5 estrellas.
Hermoso tributo a los extintos libreros de la 19 en Bogotá. La historia comienza de forma divertida, con ese homenaje precios al pastel Gloria, pero termina un poco aburrida con la comparación entre los piratas ingleses y los piratas literarios. Buenos apuntes de humor y mucho de nostalgia por esa hermosa época de Bogotá.
La historia de los libreros me enganchó mucho pero en el segundo capítulo cuando se empieza a intercalar con la historia de los piratas, disminuyó mi interés.
Bueno, bueno. Especialmente recomendable para quienes han pasado unas buenas horas hurgando entre los anaqueles de las librerías de segunda del centro.