Para todo aquél que alguna vez haya contemplado las estrellas y se haya preguntado hasta dónde llegará la humanidad en los próximos eones.
Entre las nebulosas que albergan sistemas solares en formación, discernimos gigantescos proyectos de ingeniería estelar. Las inteligencias artificiales, tan próximas y tan escalofriantemente lejanas a la vez, acompañan a nuestros descendientes. En naves que atraviesan la galaxia a velocidades relativistas, tienden sistemas de comunicación que abrirán el camino a las estrellas. A menudo se trata de personalidades de base electrónica de increíble maleabilidad, jinetes del software capaces de saltarse los siglos y los milenios o acelerarse hasta detener el tiempo. Contra las expectativas más pesimistas, asistimos una y otra vez al encuentro con especies extraterrestres que, sin embargo, apenas resultan más extrañas que las abigarradas formas que adoptarán nuestros herederos transhumanos...
Esto y mucho más es Tiempo profundo: una antología de ciencia-ficción transhumanista que, en cinco relatos de autores de primera fila, muestra un atisbo del amplio panorama del espacio y del tiempo abarcado por esta corriente, tal vez la forma actual de ciencia-ficción más pertinente y más fiel al corazón del género.
Incluye:
A lomos del cocodrilo, Greg Egan El servidor y el dragón, Hannu Rajaniemi Palimpsesto, Charles Stross La isla, Peter Watts El otro fin de la historia, John C. Wright
Greg Egan specialises in hard science fiction stories with mathematical and quantum ontology themes, including the nature of consciousness. Other themes include genetics, simulated reality, posthumanism, mind transfer, sexuality, artificial intelligence, and the superiority of rational naturalism over religion.
He is a Hugo Award winner (and has been shortlisted for the Hugos three other times), and has also won the John W Campbell Memorial Award for Best Novel. Some of his earlier short stories feature strong elements of supernatural horror, while due to his more popular science fiction he is known within the genre for his tendency to deal with complex and highly technical material (including inventive new physics and epistemology) in an unapologetically thorough manner.
Egan is a famously reclusive author when it comes to public appearances, he doesn't attend science fiction conventions, doesn't sign books and there are no photos available of him on the web.
En el vigésimo segundo programa de Gabinete de Curiosidades se comenta en profundidad el relato Palimpsesto: https://go.ivoox.com/rf/137147241
Cuando se habla de ciencia ficción, hay un concepto alrededor del cual gira la creación general, o alrededor del que solía girar cuando el género aun no adquirió este nombre y fue bautizado en términos más sonoros y barrocos, como romance científico; ese concepto es el sentido de la maravilla, una cualidad lectora que es estimulada por la fuerza imaginativa del autor, por una creación evocadora y genial que dispara la imaginación en cientos o miles de ramificaciones. Este sentido de la maravilla puede excitarse con ideas a priori tan sencillas como viajar a la Luna en un trance, transmigrando la consciencia a fuerza de voluntad, o mediante un ingenio mecánico, y que este viaje nos descubra otro mundo ajeno al nuestro, no a un desierto estéril sino uno poblado por fauna y flora autóctonas, por sociedades que en nada se parezca a la nuestra. Sentido de la maravilla es arribar a Rama, es descubrir la panacea energética que permita un mundo sostenible, el viaje en el tiempo o por el espacio, recibir una trasmisión de otro sistema solar o poder comunicarnos con los delfines. Cuando cada poco una sociedad ofrece al mundo un descubrimiento revolucionario o una teoría científica que sacude los cimientos de su disciplina, como ocurría en las postrimerías del siglo XIX y en la primera década del XX, las glándulas que activaban este sentido estaban hipertrofiadas; pero cuando las trincheras horadan la campiña europea, cuando los jóvenes que devoraba la picadora de carne como combustible regresaban a casa mutilados, deformes o en cajas de pino, cuando de los campos de concentración escapaban sus prisioneros en forma de ceniza y una bomba volatiliza dos ciudades y amenaza con poner fin a todas las guerras; en resumen, cuando Neil Amstrong pisa la Luna y en vez de bosques verdes encuentra un erial gris, la ciencia ficción poco puede estimular, y se vuelve tan lúgubre, siniestra y cínica como los tiempos en que se cultiva.
Obviamente fueron muchos los factores, coyunturales o personales, que explican la pérdida de la ingenuidad y el positivismo de la ciencia ficción de la llamada Edad de Oro, y lo que figura arriba no es más que una burda simplificación y un poco de -mala- literatura, pero es cierto que este sentido de la maravilla ya no es fácil de encontrar en la ciencia ficción. Si bien es cierto que la ficción prospectiva nos ofrece retratos macabros al que nos conducen los últimos avances científicos-tecnológicos, aún quedan ciertas corrientes más amables que buscan aportar algo de color a tan gris panorama. Cito, por ejemplo, el hopepunk, que ve en las tecnologías verdes el camino a seguir para una sociedad más sostenible. Y llamaban ingenuos a los autores de la Edad de Oro. Sin embargo, si hay una corriente actual capaz de estimular este sentido de la maravilla y avasallarnos con un verdadero universo de posibilidades esa es la de la ciencia ficción transhumanista.
Este sub-género se centra en los siguientes estadios de la evolución del ser humano una vez este se libera de las ataduras terrestres, conquista otros planetas, otros sistemas solares, puebla la galaxia, se hace señor del espacio y el tiempo, adquiere la inmortalidad y pierde cualquier rasgo de humanidad inicial. Es, en esencia, la ciencia ficción en que el tiempo se mide en millones de años, en la que el tiempo y el progreso tecnológico han borrado los puntos de referencia y han convertido al ser humano en un dios. Este subgénero no está al alcance de todos, ni de autores ni de lectores, pues requiere de una enorme cantidad de imaginación y bastante bagaje científico. Para hablar de la destrucción inminente de la sociedad solo hace falta exagerar lo que se ve en el telediario, para concebir una utopía, ser un cursi, pero para especular con el futuro infinitamente lejano de una raza hace falta estar hecho de una pasta muy especial, y tener una configuración cerebral muy particular. O sea, estar medio tarado.
Esta antología recoge cinco relatos de cinco grandes autores que han cultivado con éxito esta concretísima corriente fantacientífica, y ya con este plantel el lector incauto ha de andarse con ojo, pues ni Greg Egan, ni Peter Watts, ni mucho menos John C. Wright, son autores fáciles. Son unos cabrones implacables, de hecho. El abuso de la tecnojerga, es decir, usar palabras científicas de manera más poética y evocadora que, valga la redundancia, científica; el desarrollar las historias en futuros tan distantes con protagonistas que en muy poco se parecen o comportan como seres humanos; el manejo de magnitudes gargantuescas tanto espaciales como temporales, amén de conceptos de física relativista y cuántica, de por sí bastante inaccesibles, unido a una imaginación y creatividad anormales, hacen que el aficionado al género tenga que exprimirse a conciencia las neuronas para encontrar sentido a ciertos pasajes y figurarse en su cerebro las imágenes más espectaculares. Tanto si eres de las pocas lumbreras capaces de desentrañar los intrincados significados de sus frases como si eres un turista que se deja llevar por la corriente, muy seguramente disfrutes de la lectura. Ahora, si eres de esos lectores que no soporta no saber qué está pasando en ningún momento, aunque disfrutes de la ciencia ficción, aléjate de este libro tanto como puedas.
Los relatos incluidos en esta antología son los siguientes:
A lomos del cocodrilo de Greg Egan (***): dos amantes inmortales, luego de haber experimentado todo cuanto puede ofrecer el universo, que tras millones de años se revela bastante finito, firman un pacto de suicidio. Pero antes de llevarlo a cabo tratarán de contactar con los Distantes, un ente o raza que se niega a interactuar con el resto de la Amalgama, la vasta red de mundos y culturas transhumanas y extraterrestres a la que pertenecen los protagonistas. Como acostumbra, Egan derrocha creatividad e imaginación, aunque por agravio comparativo queda como el más conservador del conjunto. Greg Egan. Conservador. Ya podéis imaginar el nivel.
El servidor y el dragón de Hannu Rajaniemi (**): en un punto desconocido del universo, una IA se transforma en el servidor, que aburrido y sin propósito comienza a configurar su realidad ciñéndose a su programación. Miles de años más tarde, recibe un paquete de datos, el dragón, un ente al parecer libre de las ataduras de un código. El dragón enseñará al servidor una visión distinta de la realidad, y pronto nacerá algo muy parecido al amor. Es el relato más simbolista, con más carga poética y que menos pega con el tema de esta antología. Es como una leyenda tecnofuturista, pero no a la manera de Cordwainer Smith. Ojalá.
Palimpsesto de Charles Stross (****): La Estasis es una organización que viaja a través del tiempo y del espacio para evitar las extinciones contingentes de la humanidad, algunas derivadas de la entropía propia de las civilizaciones, otras del aumento de la entropía del universo. Para ingresar en esta organización, uno debe matar a su abuelo; lo que en cualquier historia de viajes en el tiempo supone una paradoja intolerable aqui es un requisito indispensable. Hay tantas ideas en esta novelita, tantos conceptos estimulantes, como pocas veces había leído en una historia de viajes en el tiempo. Y me he leído unas cuantas.
La isla de Peter Watts (****): para sostener la estructura del inabarcable imperio galáctico transhumanista, los humanos inmortales han creado naves encargadas de construir lanzaderas hiperlumínicas, autopistas para conectar los mundos. Estas naves están tripuladas por IAs y trabajadores humanos dedicados de manera vitalicia a esta tarea. La protagonista es despertada por su hijo, al que nunca ha conocido al haber sido concebido y criado por la IA de la nave mientras estaba en criosueño, porque necesita su consejo. La telemetría de la nave ha recibido una señal a todas luces artificial, inteligente: hay algo frente a ellos que está tratando de comunicarse. Peter Watts es la alegría de la huerta, un nihilista agresivo e inmisericorde. Esta historia de primer contacto no es la excepción.
El otro fin de la historia de John C. Wright (**): esta es la historia de amor entre un planeta autoconsciente, Ulises, y su biosfera, también autoconsciente, Penélope. Pero también es la historia de la caída de la Séptima Estructura Mental, un estadio evolutivo de la transcendida humanidad luego de haber conquistado el espacio y la inmortalidad. El principal problema de este relato no es su estructura, muy experimental, muy new wave, sino que no funciona bien como obra autónoma. Al funcionar como una bisagra entre dos libros de una saga, nos falta el contexto, y aunque el autor se esfuerce en aportarnos toneladas de información, eso sí, ambigua, críptica o excesivamente poética, nunca dejamos de tener la sensación de algo que se nos escapa. Me recuerda un poco, salvando, y mucho, las distancias, a lo que hiciera Gene Wolf en su Libro del Sol Nuevo.
La ciencia ficción transhumanista ofrece lo más hard del género, ciencia ficción en estado puro: Una humanidad que ha trascendido, capaz de trasladar planetas a voluntad, que construye obras de ingeniería colosales, que recrea mundos virtuales enteros, capaces de almacenar personalidades y copias de las mismas, siendo esta la mejor manera de viajar por el espacio profundo, y por ende miles de años en el futuro. Todas estas ideas y mucho más, es lo que nos ofrecen los autores en esta antología. Muchos críticos dicen que esta ciencia ficción es fría, con poco detalle a la psicología de personajes (algo bastante discutible, por otra parte). Pero yo les diría que para leer una literatura más realista e intimista, están otros escritores y otros libros. Lo que busco al leer este tipo de literatura son ideas y una ciencia ficción que estimule. Si te gusta la ciencia ficción más hard, te gustará este libro.
Estos son los cinco relatos incluidos en ‘Tiempo profundo’:
A lomos del cocodrilo (Riding the Cocodrile, 2005), de Greg Egan. Leila y Jasim, tras una larga vida de 10.300 años, deciden dar fin a la misma. Pero antes desean llevar a cabo un último proyecto: establecer contacto con los Distantes, una misteriosa y hermética civilización alienígena que se encuentra en el bulbo central de la galaxia. Gran relato de Egan, siempre con ideas intelectualmente provocadoras.
El servidor y el dragón (The Server and the Dragon, 2011), de Hannu Rajaniemi. Una IA, el servidor, nace de una pequeña semilla disparada por una naveoscura que exploraba el Gran Vacío. Milenios después, recibe un paquete cuántico de información, el dragón. Este es el relato de su relación. Muy buen cuento de alto contenido simbólico, y grandes ideas sobre la expansión y colonización de las inteligencias artificiales.
Palimpsesto (Palimpsest, 2009), de Charles Stross. Pierce, el protagonista, es un joven que entra en la Estasis, una organización que viaja por el tiempo preservando a la humanidad y la Tierra, recopilando y manipulando la Historia a voluntad. Impresionante relato de Stross, con algunas ideas sobre los viajes en tiempo que no había leído hasta ahora. Mencionar que ganó el Premio Hugo a la Mejor novela corta en 2010.
La isla (The Island, 2009), de Peter Watts. La protagonista es despertada del sueño criogénico por su hijo Dix antes de entrar por un agujero de gusano. Y es que necesita ayuda para descifrar una secuencia repetitiva que están recibiendo. Impresionante relato de Watts, quizás el que más me ha gustado del libro. Este relato ganó el Premio Hugo a la Mejor Novelette en 2010.
El otro fin de la historia (The Far End of History, 2009), de John C. Wright. Historia a través del tiempo de Ulises, un planeta, y Penélope, una muchacha-bosque. Relato experimental, el que menos me ha gustado, quizás porque esté ambientado en el universo de La Edad de Oro, que todavía no he leído.
Como ha comentado alguien por aquí, esta antología temática se ciñe excelentemente a su hilo conductor, resumido por ese título oblicuo que anticipa lo que te vas a encontrar en su interior: historias donde las unidades de tiempo básicas son los millones de años (y las de distancia los cientos de años luz. Y las de velocidad décimas de la velocidad de la luz). Bien es cierto que la visión transhumanista está muy marcada por los gadgets y la reelaboración del medio donde se mueven los humanos, y muy poco por los cambios en los seres humanos en sí. Pero después me leo esa reescritura postmoderna de El fin de la eternidad con toques de El gran tiempo que se marca Charles Stross, o esa historia de soledad, amor y desengaño sin seres humanos que ha escrito Rajaniemi, y le perdono casi todo. Además tiene "La isla", de Peter Watts, un relato que te recuerda lo que es el sentido de la maravilla (y nuestras limitaciones para comprender al otro)
Si no fuera por el último relato, de John C. Wright, que no me ha terminado de llenar, tomándome una licencia de fan a la ciencia ficción de "toa la vía" le habría cascado seis estrellas.
Me lo llevé en la pasada feria del libro de Madrid, a recomendación de Un librero con barba de la editorial Alamut, y estoy completamente encantado. Los relatos tratan de ciencia ficción transhumanista: yo no conocía este término o subcategoría, pero he descubierto que es precisamente la que me entusiasma.
Los autores son los mismos que escribieron maravillas como Accelerando, La edad de oro o Visión ciega, y en este libro todas las historias tienen un carácter, seriedad o ambición similar a todas ellas.
En fin, que me parece buenísimo, ciencia ficción de verdad, ambiciosa, transgresora y rigurosa. La pena es que sean historias cortas... En muchas uno desearía un desarrollo mayor.
A lomos del cocodrilo - Greg Egan Bueno, yo el cocodrilo no lo he encontrado por ninguna parte. Pero el concepto es muy bueno. Una pareja, tan longeva como se puede llegar a ser en una sociedad interestelar que ha dejado atrás las necesidades materiales, busca un último desafío para dar sentido a su existencia.
El servidor y el dragón - Hannu Rajaniemi Poesía encarnada. Un relato triste e imaginativo, que trata de la vida donde no hay vida, de la obligación y el deseo, de la soledad y la compañía. No cuento nada más, cualquier cosa ya sería un spoiler. Tengo que buscar más del bueno de Rajaniemi: el librero con barba me recomendó El ladrón cuántico, que supongo que será mi siguiente novela.
Palimpsesto - Charles Stross Que Charles Stross es un cachondo lo sabe cualquiera que haya leído su Accelerando. Que es capaz de llevar la premisa más peregrina hasta las últimas consecuencias también. Aquí se habla de un agente de la Estasis, la sociedad que reescribe la historia humana para evitar su extinción inevitable. Y trata sobre el concepto de libertad, sobre las realidades alternativas y sobre la historia que nunca fue.
La isla - Peter Watts No me ha gustado tanto como los tres primeros. Peter Watts es muy reflexivo, algo denso a ratos. En este relato nos habla de un destino desesperanzador, la cara opuesta de una evolución transhumana que deja detrás residuos, aquellos rezagados en el tiempo y en el espacio que ahora contemplan a sus sucesores sin comprenderles. También enmascara el eterno conflicto con otras inteligencias, tanto aquellas creadas por el hombre como otras alienígenas. Y es que el hombre, sacado de su contexto, de su sociedad, de su tiempo, está condenado a la soledad.
El otro fin de la historia - John C. Wright También me ha resultado un poco menos atractivo que los tres primeros. Aquí el autor nos describe una especie de fábula clásica entre las estrellas, un amor de dimensiones estelares encapsulado en cuerpos discretos. Valga para el conocimiento que el universo que traza es el mismo de La edad de oro y que por tanto podemos encontrar configuraciones humanas cerebelinas y demás, sofotecs y el gran paraguas de las ecumenes, inmersas en la evolución a través de las sucesivas Estructuras Mentales. Más algún que otro conocido de la trilogía original.
Una colección bastante buena. Los que más me han gustado han sido el de Egan, Stross y Peter Watts. El de Egan podría estar situado en el universo de la Diaspora, al menos lo parece. Y brillante como siempre. El de Stross creo que es la mejor utilización de los viajes en el tiempo que he visto hasta la fecha. Me parece el de menos genero transhumanista pero la concepción del paso del tiempo, modificación de la galaxia etc brutal. El de LA isla, me recordaba a alguna otra historia, y no a la de becky chambers. Una pena que sólo se nos cuente esta parte porque da para una novela larga, todo el contexto es genial. El servidor y el dragon es un cuento corto. No esta mal. Y el de John C. Wright es tan ecléctico o no sabría como definirlo que cuando te estas enterando y tienes centrado el universo que te describe... zas se ha acabado.
Un libro bastante recomendable que por desgracia por política de la editorial solo esta en árbol triturado y muerto.
Se deja leer. Como siempre, algunos mejores que otros. Lo que es verdad es que es una antología que se ciñe extremadamente bien al tema principal, cosa que no es tan común.
Impresionante seleccion de relatos en la que se viaja millones de años en el tiempo y en el espacio.
"A lomos del cocodrilo", Greg Egan "El servidor y el dragón", Hannu Rajaniemi "Palimpsesto" (Premio Hugo), Charles Stross "La isla" (Premio Hugo), Peter Watts "El otro fin de la historia", John C. Wright
Tiempo profundo es una antología de relatos transhumanistas. Este es un género dentro de la ciencia ficción que nos sirve como landscape para jugar con preguntas de gran calado. A lomos del cocodrilo es una hermosa parábola donde la sociedad futura se ha fusionado con una Amalgama de sociedades a nivel galáctico, sin embargo, todavía hay sociedades que no quieren formar parte de esta útopica sociedad. Con este planteamiento podemos teorizar sobre cuál es el propósito de la vida cuando las necesidades básicas están cubiertas, cuando parece que no hay nada más por lo que vivir. La respuesta se lee entre las líneas del relato. El servidor y el dragón es una especie de cuento futurista donde se mezclan términos de consciencia, límites y IA. En Palimpsesto nos hacemos un lío con los viajes en el tiempo cuando estos se entrecruzan hasta el tiempo profundo. La isla es un relato con tintes oscuros sobre la expansión de la raza humana a través de portales y el encuentro con otra inteligencia distinta a la humana. El otro fin de la historia es quizá el relato que menos me ha gustado. Es bastante lioso y usa excesivas referencias que se pierden en el hilo de la historia.
Una antología perfecta para demostrar que aún no es hora de enterrar a la ciencia ficción, que continúa originando ideas frescas que abren nuevos horizontes, y que, en definitiva, tiene cuerda para rato. Y que mola, mola mucho. Quizá el problema radica en creer que el uso ingenuo y repetitivo del acervo del género, sobre todo por parte del mainstream (tanto en cine como en literatura), es el único camino por el que se puede transitar. No es así. Y este libro lo evidencia con cuatro joyas y un último relato que no sé muy bien qué pensar de él. Un par de avisos a navegantes: no es de lectura fácil. Requiere cierto esfuerzo que acaba sobradamente recompensado. Y el relato de John C. Wright es una montaña rusa de entusiasmos y decepciones. Imprescindible.
Antología de ciencia ficción transhumanista tan terriblemente alejada en el futuro que ya se antoja fantasía. Una humanidad trascendida que ya no lo parece y que lucha constantemente, por quizá recordar en el Tiempo profundo, eso que alguna vez fue. No es demerito, ni debe ser fácil escribir algo así.
Mis favoritos: "Palimpsesto" y "El otro fin de la historia".
Después de leer EL problema de los tres cuerpos y Exhalación, me quedé con ganas de más scifi (que no se porque he leído tan poca a lo largo de mi vida).
Me ha pasado como con Exhalación, algunos relatos bien, otros meh.
Una excepcional antología de ciencia ficción transhumanista, donde seres con extraordinarias capacidades, que han trascendido la humanidad tal como la conocemos, nteraccionan entre sí y con el universo en un futuro muy, muy lejano. Cinco relatos o novelas cortas sumamente interesantes.
El relato de la Isla es sin duda el mejor así como aquel que da nombre a esta colección. Me voy un poco decepcionado con los otros ya que se vuelven sumamente confusos