Atraco a mano armada, difamación, asesinato, conspiración, sustracción de obras de arte, composición de poemas elegiacos a la muerte de Hitler. De Verlaine a Burroughs, de Norman Mailer a Hans Fallada, de Giacomo Casanova a Curzio Malaparte, muchos han sido los literatos que, a lo largo de la historia, han purgado sus ofensas y delitos en la cárcel. Y han sobrevivido para contarlo. Chester Himes o Jean Genet se pasaron buena parte de su vida en el fondo de un calabozo infecto. Otros, como el Marqués de Sade o Heinrich von Kleist, iniciaron sus carreras literarias tras los barrotes de una prisión. Incluso se han dado casos, como los de Louise Michel o Goliarda Sapienza, de escritoras que experimentaron una irónica sensación de emancipación y libertad tras entrar en presidio. De un modo u otro, la cárcel ha marcado la obra de aquellos que pasaron por ella, porque la imaginación crece cuando es prisionera, y, sobre todo, crece el deseo.
No es que esperara gran cosa, pues al final no deja de ser un libro que trata un tema tan concreto como es el paso por la carcel de escritores, y mucho más no se le puede pedir, pero ha terminado por resultarme intragable. Sin un marco previo, cada capítulo son pocas páginas dedicadas a demasiados escritores, en las que la prisa y el límite de espacio provoca que la autora tenga que sintetizar demasiado. ¿Resultado? Caos y dificultades para el lector. Sin prolegómenos, sin presentaciones previas, ¡bam!, con todos nosotros, el autor en cuestión y múltiples circunstancias apretadísimas que le llevan a la cárcel. Y sanseacabó.
Narrativamente es defectuoso, en mi opinión. Incluso en los casos de autores por los que sentía interés me ha sabido a poco. Lo que, además, me ha llevado a saltarme a todos aquellos autores que no conocía sin ningún tipo de miramiento. Normalmente, este tipo de libros me valen para justamente eso: conocer nuevos autores. Y ha fallado estrepitosamente.
No estoy tampoco en el mejor momento ni del todo sereno, puesto que estoy en vísperas de un examen de oposición, pero creo que en otra situación tampoco lo hubiese disfrutado muchísimo más.
Un librito bastante ameno, con algunas historias muy trágicas y otras muy divertidas. Me sobran bastante los capítulos dedicados a escritores nazis o fascistas; no creo que haya que darles voz en este tipo de recopilatorio. También he echado de menos que hubiera alguna mujer más, ya que 1 entre 43 me parece bastante devastador. Menos darle voz a los nazis y más a las mujeres, una idea loquísima.
El proceso de Oscar Wilde me ha roto el corazón y la historia de Voltaire me ha parecido sublime. Ahora me cae mejor.
Le doy un 7, he aprendido muchas anécdotas curiosas.
Daria Galateria, with her sharp erudition and knack for narrating the unusual, offers us in Condemned to Write. Writers Behind Bars (Impedimenta, 2025) a fascinating journey through the cells and prisons where great authors—from Voltaire to Dostoevsky, Oscar Wilde to Fitzgerald, Havel to Burroughs—not only served their sentences, but paradoxically, found an unexpected creative freedom. The book, far from being a simple compilation of prison stories, creates a baroque and deeply human literary cabinet, where jail and writing desk become one and deprivation turns into a stimulus for the imagination.
With agile prose, peppered with anecdotes and curious details, Galateria reconstructs the lives of more than forty writers who, for political reasons, scandals or common crimes, ended up behind bars. From the Age of Enlightenment, when words could constitute a crime, prison was also an intellectual forge: the Bastille for Voltaire and Diderot, the Napoleonic dungeons for Sade. Instead of succumbing to despair, many of these authors transformed the cell into a refuge and punishment into a creative engine, writing to challenge authority, cope with tedium, reconnect with ideals or, even, attain a new sense of self.
Galateria, with particular sensitivity, also gives voice to female writers, usually sidelined in these kinds of accounts. Louise Michel or Goliarda Sapienza reclaim prison as a place of transformation, resistance, and radical subjectivity: for them, confinement becomes a personal, liberating, albeit painful, narrative. In this way, the author transcends the romantic cliché of the tortured literary genius and looks, with compassion and irony, at loneliness, paranoia, small acts of rebellion, and even the dark humor that flourishes behind prison walls.
An extra value of the book lies in its tone: without dense academicism or sensationalism, Galateria guides us from cell to cell as if leading us through a museum of secret histories, revealing how great literature can spring from adversity. Ultimately, Condemned to Write is a celebration of creative resilience and a profound reflection on the human ability to transform punishment into art, exile into words, and solitude into a universal testimony. An unsettling and illuminating journey through the lesser-trodden corridors of literary history.
A priori parece un libro interesante. Se trata de pequeños perfiles de escritores que pasaron por cárceles, campos de concentración o exilios en los que escribieron alguna obra literaria. Muchos de ellos son italianos o pasaron sus penas en ese país. El conjunto es muy interesante y conciso. Te deja las claves para poder investigar por tu cuenta y para poder ampliar información si así lo deseas. Pero, en ocasiones, la autora crea un perfil excesivamente poético (a mi entender) que aclara poco o nada del autor del que escribe. De todas maneras creo que consultaré este libro a menudo en el futuro, así que si os gusta este tipo de libro os animo a que lo leáis.