Un caserón rural donde la abuela se ha abierto las venas en la bañera y allí que acuden las herederas, cuatro chicas, dos parejas de hermanas primas entre sí - complejidad asegurada. Y Aixa no nos ahorra nada, profundiza al máximo en esa complejidad: el miedo a la locura que corre en los genes, el uso de sustancias -naturales y/o artificiales - para alterar la mente, la (no)maternidad, las relaciones entre hermanas y primas, la vida...
Como dice en la sinopsis:
Lis se está recuperando de una crisis que sufrió allí mismo y solo quiere vender la casa y pasar página. Su hermana Erica sueña con organizar retiros espirituales y paseos botánicos. Olivia, prima de Erica y Lis y la mayor de las nietas, es cardióloga y busca en cada cajón alguna pista que ayude a explicar el final de la abuela. Por su parte, Nora, la hermana desastre, se plantea dejar que su camello utilice la casa como almacén para su mercancía.
Es ciertamente una familia original - como casi todas, por otro lado. Olivia, aparentemente la más centrada, reflexiona:
Convive con una alcohólica, una anoréxica y una psicótica bajo el techo de una octogenaria que se cortó las venas. Parece un chiste pero es su familia. Corre algo oscuro por esta herencia genética que comparten, algo irrevocable que le hace sospechar de sí misma, ¿por qué yo no? ¿O acaso sí?
A destacar el toque gótico - ligero, pero Shirley Jackson - que le da encanto al relato, tan realista por otra parte:
Hay algo en esta casa con lo que no contaba, algo oscuro, una voz latente como un repetidor que dicta ocurrencias morbosas, piensa, y es por eso que, antes de bajar las escaleras, entorna ligeramente la puerta del dormitorio de su hermana para comprobar que está bien.
En realidad el relato es una profunda reflexión sobre la familia, el concepto mismo y todo lo que implica formar parte de un grupo de personas que suelen tener una genética compartida:
Si la familia fuera ese bastión de empatía y cuidados mutuos que tanto se ensalza, ni la tía Eugenia sería una advenediza que se ha quedado con lo que no es suyo, ni ellas tendrían que pelear por esto, pero la familia no es más que un destino en el que se cae de bruces y, a medida que se envejece, el espacio simbólico en el que se buscan culpables.
Todo esto puede sonar muy alarmante, pero de alguna manera la narradora lo hace divertido - seguro que algunas lectoras también nos vemos reflejadas y nos reímos de nosotras mismas. Yo me lo he pasado bien, no será lo último que lea de esta autora pero tampoco lo recomendaría sin receta médica :)