Cada uno de los cuentos de Manuel Rojas es una pincelada dramática y una unidad, en un sentido de la clara ubicación espacial y temporal y de la noción de los nexos que funden en un todo a los personajes, las situaciones y el ambiente. Cada cuento señala un mundo armónico en su conjunto, a pesar de las contradicciones que ofrece el enfrentamiento del hombre con la naturaleza, del hombre con las autoridades o del hombre con poderes sobrenaturales. Estas contradicciones constituyen, precisamente, el fundamento dramático de sus cuentos. Pero, a pesar de esta contradicción, cada cuento resulta posible, verosímil -pero a la vez conflictivo-, porque jamás deja de estar incluido dentro de un todo, de un cosmos que se proyecta más allá de los límites de la narración misma y que, de algún modo, está siempre presente en la sensibilidad del modo de narrar y de concebir las relaciones humanas. Manuel Rojas es un narrador que trabaja la intuición como actitud narrativa y como apelación al lector. No describe la totalidad el ambiente ni hace una caracterización completa de los personajes, ni tampoco completa y detalla las situaciones, sino que las hilvana y condiciona para crear momentos de clímax que la intuición del lector debe interpretar, pero que resultan obvios por su simplicidad.
Nació en Buenos Aires el 8 de enero de 1896, hijo de Manuel Rojas Córdoba y Dorotea Sepúlveda, ambos chilenos. A pesar de pasar un par de años en Chile, su madre ya viuda volvió a Argentina en 1903. Manuel estudió hasta los 11 años en ese país. A los 16 decidió volver a Chile, donde realizó en variados oficios como pintor, electricista, estibador, aprendiz de sastre, actor en compañías teatrales, entre otros. Se casó con María Baeza con quien tuvo tres hijos. Luego de enviudar viajó por Europa, Sudamérica y Medio Oriente. Posteriormente comenzó a trabajar como escritor en Los Tiempos y Las Últimas Noticias. Fue profesor en la Universidad de Chile. Murió el 11 de marzo de 1973 en Chile.
Ocho cuentos breves sobre gente sencilla con problemas sencillos. Nunca se verá a un empresario o patrón de fundo por aquí: los protagonistas son todos zapateros, reos, peones, criminales de poca monta, huasos, y sus problemas son de los que se encontrarían en su vida cotidiana. A uno le darían ganas de preguntar, ¿Por qué me importarían problemas tan simples de gente igual de simple? La respuesta es que Manuel Rojas hace que en verdad a uno le importen, y quiera saber más de ellos.
Esta compilación de cuentos de Manuel Rojas tiene más aciertos que desaciertos literarios. Hay relatos que sobran debido a su poco memorable contenido, pero a diferencia, hay dos cuentos que sobresalen y dejan su estampa; "El hombre de la rosa" y "Un espíritu inquieto" continúan con la narrativa simple del autor, pero asombran por sus temáticas existencialistas y los acontecimientos imprevistos. Este libro es más bien una recopilación de la esencia que tienen las novelas de Manuel Rojas; escritura simple, descripción poco detallista, contexto popular y representativa de una sociedad que nunca recibió beneficios. Cada uno de estos cuentos se relaciona con su novela célebre, "Hijo de ladrón" y nos hace entender que su ficción literaria no tenía nada de fantasía, sino que se apegaba a su realidad criolla, tajante y más lúcida que nunca.
qué delicia es leer palabras y jerga de campo perfectamente usada y sentirme en la casa de mi abuela o papá escuchando las historias del callejón, qué perfecto el maule campesino