Extraño pero placentero libro que parece una alucinación o viaje de ácido del autor. Por partes esa es su virtud, porque la maestría de la pluma en Hesse es indiscutible y en este libro —incluso posterior a obras más conocidas como Demian, Siddhartha y Lobo estepario— se nota un grado superior de refinamiento. Es decir, en el apartado meramente estético de la escritura me parece uno de sus libros más depurados. Y es que por el tipo de historia que decide contar; y, sobre todo, la forma en que lo hace, tiene el pretexto perfecto para lucir esa maestría. Hesse es dueño absoluto del lenguaje en esta corta novela.
Por momentos recuerda incluso al Borges de la biblioteca de Babel (cuando busca su propia historia dentro de los infinitos apartados y cajones en los archivos de su culto ultra secreto el Círculo) y el Aleph (con las infinitas descripciones de cosas ficticias que se va topando en su “viaje a oriente”), con la anotación de que Hesse escribió este libro antes que el maestro Argentino, claro está. También posiciona, desde mi punto de vista, a Hesse como predecesor del aclamado realismo mágico, solo que no nació en Latinoamérica.
En mi opinión, donde queda a deber un poco es en cuanto al fondo o la historia misma que resulta difícil de seguir derivado de tanta alucinación; es innecesariamente confusa, si bien debo decir que el final me gustó, con esa alegoría entre lo ficticio que a veces llega a ser más relevante que lo real. No obstante, investigando un poco sobre la obra me topo con que, al parecer, el autor pretendía hacer una especie de compendio o resumen de su vida y obra misma, por eso no es extraño ver mencionados en este libro a muchos de sus personajes con los que el narrador "H.H." o sea, Hesse mismo llega incluso a convivir, juego que me pareció sumamente ingenioso, divertido y, al mismo tiempo, delata la intención autobiográfica del libro. También rescato muchas frases muy profundas que me hicieron reflexionar, para cerrar citó algunas de ellas:
«Las palabras no sirven para explicar un sentido secreto; siempre lo modifican algo, lo falsifican, lo ridiculizan. Esto es indudable, pero también lo es que aquello que para un hombre representa su tesoro y su sabiduría, le parece a otro una locura».
Quien mucho ha viajado, habrá visto a menudo cosas, muy lejos de aquello que consideraba como verdad. Si luego lo narra por los prados de su patria, casi siempre le tildarán de embustero, pues el cretino no se fía de nada si no lo ve por sí mismo claro y detallado;…»
La historia de la Humanidad me parece a veces un enorme pliego de láminas que reflejasen la nostalgia más vigorosa y obcecada del hombre: la nostalgia del olvido.
Novalis: «¿A dónde vamos? Siempre a casa».