El principal problema de The Umbrella Academy es un dicho que todos conocemos: "Ya está todo inventado" o "No hay nada nuevo bajo el sol". El principal problema de la obra es, como decimos, que las comparaciones son odiosas y que la sombra de Alan Moore pesa mucho sobre este cómic, que claramente bebe de la obra del escritor inglés.
Por un lado, el género de la crítica de los superhéroes es algo que ya en el momento de la publicación de esta obra estaba muy manoseado. Moore abrió la veda con su Watchmen. Pero hay tantas obras que deconstruyen el género que es muy raro encontrar algo realmente rompedor. En este sentido, The Boys, Black Hammer, Astro City o Planetary son ejemplos claros de obras que, siendo auténticas joyas, arrastran el mismo defecto congénito.
Además, hablando de Alan Moore, la propia construcción de la historia y el uso de referencias antes y después de cada capítulo y ciertos elementos estructurales recuerdan a los del autor de V de Vendetta. Aunque, eso sí, hemos de admitir que el escritor Gerard Way tiene un sentido del humor mucho más sano y menos fino que los del "brujo negro de Northampton". De ahí que su obra sea mucho más accesible y más amable.
Por otro lado, hemos de hablar de Gabriel Bá. Ba tampoco es visualmente revolucionario. Su estilo es poco realista y recuerda al de otros autores, como Kevin O'Neill (La Liga de los Hombres Extraordinarios) o Tim Sale. Aunque, claramente, sus lápices apuestan por expresiones más propias del cartoon. Esto, precisamente le hace ganar más atractivo a su trabajo. Aunque, eso sí, un ojo novato tendrá dificultades para apreciar su maestría. Sobre todo si sigue enrocado solo aceptar lecturas con estilo hiperrealista o propias del shonen.
Señaladas estas pegas, hemos de hablar de sus bondades. Como ocurre con la temporada 1 de la serie de The Umbrella Academy, su cómic aprovecha su falta de originalidad para hacer una obra sólida y bien ejecutada. Way, ciertamente, no reinventa la rueda pero construye una eficaz crítica a grupos como los X-men o la Doom Patrol, deconstruyendo el arquetipo de la familia de superhéroes, revelando las taras de un grupo de individuos criado por un padre alienígena.
Gracias a la propia lucidez del autor, encontramos un cómic adulto de fácil lectura, no demasiado embrollado y que resulta fácilmente entendible incluso para el neófito en el mundo del cómic. En muchos sentidos, debe entenderse como un heredero de un subgénero y uno de los mejores representantes de la deconstrucción del superhéroe. Sobre todo por un detalle, no es eminentemente cínico y se permite tener un punto de optimismo y fantasía, que en obras similares es laminado por la amargura del escritor.
Por tanto, concluimos, se puede recomendar The Umbrella Academy: Suite Apocalíptica como una lectura óptima. Ya les gusten los superhéroes, o los detesten, no creo que les dejará indiferente el cómic. Ya que, ojo al dato, no están obligados a seguir una serie particularmente larga o dilatada en un eterno y retorcido culebrón de retcons y giros absurdos de trama.