Este libro es un refugio. Un oasis lleno de calma, un lugar para observar, tranquilo, una vuelta a las raíces, al legado familiar, a las tradiciones. Es también una invitación. A romper el molde, a redescubrirse, a escucharse, a conectar con una misma y con la naturaleza, a aprender de ella y su sabiduría ancestral, a vivir consciente, a dejar fluir la creatividad, a crecer.
Laura nos comparte su experiencia personal y lo que supuso el cambiar su vida en la ciudad para irse a un pequeño pueblecito entre montañas. Por medio de una especie de diario ilustrado nos va contando su historia, la de su familia, la de la casa, el pueblo y su relación con las plantas. Hay también enseñanzas que se han pasado de generación en generación, curiosidades, anécdotas... es todo tan entrañable, cercano y bonito que he alargado la lectura porque no quería que acabara. Quería disfrutarlo poco a poco, como el propio libro invita a hacerlo. Y qué decir de las ilustraciones que acompañan al texto, son una delicia y creo que forman un conjunto precioso.