Edurne tiene una manera particular de prestar atención a lo que le importa (y resulta que lo que le importa trasciende lo que a ella le ocurre) lo que hace aún más valiosa su escritura (como dices "mis carencias no son la marca del mundo").
Ha sido un placer leer y releer estas páginas que animan a un entusiasmo amable con lo cotidiano y su memoria. Es un poemario lleno de cariño, donde el eje que atraviesa los textos es la intimidad y el amor. Gracias por hacerte vulnerable con tu poesía y mostrar con tu honestidad lo que te importa (que, de repente, hace que una piense algo en lo que no había reparado antes o por fin se fije en lo que estaba siempre pero pasaba desapercibido). Gracias por hacer visible las fracturas, las infancias, la juventud, el deseo -prohibido-, las maternidades que se escapan de un relato normativo.
Leerte me hizo pensar en la memoria que perdemos porque no hemos aprendido a prestar atención al pasado que impregna nuestro día a día (rastreas los recuerdos y significados que tiene un cuerpo "la existencia de este cuerpo/se debe al deseo de las ancestras..." o, por ejemplo, los antepasados que tiene la propia escritura... "quién fue la primera persona de mi familia que aprendió a leer"). Gracias de nuevo por animar a reparar en los gestos de amor, cariño y justicia "aceptar la dependencia es aceptar la propia".
Haces con la escritura una cosa que es fundamental en ella: la llenas de sinceridad.
Dices "practicamos fuera de la vista el deseo" y en realidad este libro anima a multiplicarlo y hacerle espacio en nuestras formas de estar y relacionarnos (que se note el deseo, que seamos vistas, leídas, escuchadas). Escribir esta poesía es hacer valiosa la intimidad "Hoy he llorado/lo sabes porque mi cara/tiene restos rosas/como la de los bebés sanos" y estoy segura de que muchas personas se van a sentir arropadas con ella.
Pd: yo también "quiero volver a ser pequeña" y "volver al tiempo de niña" y quedarme dormida sin prisa entre los brazos de mi madre.