Mamá, un libro entrañable de Pino Montalvo Jahrbeck. Reseña.
"A ver, Mamá siempre mintió sobre su edad. Era un tema tabú. Sus amigos creían que se había prejubilado. Es verdad. Todo el mundo pensaba que tenía seis años menos. Yo lo supe poco antes de empezar el instituto. Un día hurgando entre sus pañuelos. Descubrí su verdadera edad en el libro de familia, debajo de su nombre. Números escritos con letras: veintiséis de abril de mil novecientos treinta y nueve. Joder, Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial. Me la imagino de pequeña toda en blanco y negro. Puede que por eso pareciese más joven de lo que era, porque se lo acabó creyendo. Mi padre no quiso poner la fecha de nacimiento en su lápida. Solo la de su muerte. Cinco de marzo de dos mil dieciocho. Imagínate. Sus amigos vivos llorando a su amiga muerta. Van y descubren su verdadera edad.
Yo más o menos lo asumí. Vivir en esa dulce mentira. Era fácil. No hablar nunca del tiempo ni de la muerte. Eternamente joven y bella. Mamá, no yo".
He dudado varios días por cómo comenzar esta reseña. Lo primero que pensé fue en utilizar la figura de un poliedro para mostrar la irradiación de la figura materna en este libro, pero el poliedro es finito, y los muertos siguen vivos en nuestro interior hasta que nosotros desaparecemos con ellos. Luego pensé en hacer un símil con otras obras en las que la relación hija-madre me impactaron emocionalmente, siendo El verano que mi madre tuvo los ojos verdes, de Tatiana Tíbuleac, con la que más semejanzas encuentro. Rosa Beltrán, una escritora mexicana, escribió otra obra inolvidable con la que encuentro similitudes afectivas, Radicales libres, una novela en la que la madre huye en una moto junto a su amante y esa ausencia marcará en profundidad a su hija. Aquí, en Mamá, de Pino Montalvo Jahrbeck, Editorial Calla Canalla, la figura de la madre está presente desde muchos ángulos, no huye, sino que muere de enfermedad, y la hija rememora en un fluir de tiempos entrelazados no solo la relación con su madre, sino la que tiene con su pareja; la que posee con su hermano, Pablo, y la que se establece con su padre tanto antes que Mamá muriese como después... Cuando él muera (refiriéndose a Papá) mamá morirá del todo.
En el fondo lo que hace es redescubrir todos esos pequeños detalles de una vida por los que nuestra mortalidad se hace consciente.
"Me acuerdo cuando Mamá se rompió el labio con el mástil de aquel barco. Lloré a cántaros cuando le ponían los puntos. Fue en ese encuentro cuando descubrí tu mortalidad".
Y así va conjugando todo un universo en una obra que poco a poco nos va aportando la información necesaria, pero que lo hace conforme se avanza y con una voz descarnada y sincera, irónica y rebelde, que desprende autenticidad, y en la que se ha limado todo artificio para ir a lo esencial:
"De vez en cuando me ponía sus pendientes. No todos. Los baratos. Las joyas buenas las escondía dentro del piano. A veces me llamaba por la noche, desesperada. ¿Te has llevado tú mi colgante rojo ¡No lo encuentro por ningún lado! Llevaba la cuenta de todo lo que tenía. Si alguna cajita se cambiaba de lugar, si alguna pulsera estaba dada de sí. Yo casi siempre perdía un pendiente de cada pareja. Después la evitaba y no le cogía el teléfono durante unos días, a ver si se le olvidaba. Pero nunca lo hacía. Me preguntaba por sus pendientes una y otra vez. Durante años".
Siempre hay como un contrapunto entra la madre y la hija. "Esa era Mamá, risueña y musical. Yo en realidad nunca he soportado a la gente".
Y luego la relación con su hermano Pablo:
"Desde que nació ya parecía un niño abandonado".
Asistimos a una visión sincera y sin edulcoramientos de las soledades de la edades maduras:
"Yo tengo casi cuarenta años y Pablo cuarenta y cinco. Su cara ha ensanchado. Está desmejorado. Apaleado. Le faltan dos botones de la camisa y se le ve el ombligo. Los pantalones roídos. Hemos entrado en esa etapa en la que nuestras circunstancias personales ya no le interesan a nadie".
Y luego a pesar de los temas que trata es un libro alegre de leer, con frescura. La vida y la muerte conviviendo con una naturalidad aplastante.
Se descubre que el auténtico vínculo se establecía con la madre, y que a partir de ahí todo giraba a su alrededor. Una vez desaparecido ese vínculo todas las relaciones cambian. La relación hija-padre también resulta muy especial.
"Cada día me parece un poco más viejo. Mi padre. Viene caminando hacia el coche, medio cojo, con el periódico bajo el brazo, me dan ganas de salir y abrirle la puerta. Pera esas cosas no le gustan; tratarle como a un viejo quiero decir. Le doy un beso en la mejilla, casi sin rozarle. Le pregunto por qué se trae el periódico al cementerio. Por si se alarga la tarde, dice mirando hacia delante. No pierde ojo de la carretera. Le señalo mi mochila en el asiento de atrás. Dentro he metido una botella de limoncello, dos vasos y una bolsa de hielo. Qué chorrada, contesta, ni que fuese una celebración. Bueno, Papá, es su cumpleaños, algo habrá que tomar".
El libro acaba de ser editado y está igual de fresco que la voz narrativa de su protagonista. Y se puede afirmar sin temor a equivocarse que Mamá impactará en muchísimos lectores, muy distintos y muy variados, puesto lo que coloca ante nuestros ojos es esa parte emocional en la que nuestros propios vínculos familiares se nos presentan e interrogan. Es la primera novela de esta escritora y escribe como si no tuviese nada que perder o ya lo hubiese perdido todo. Escribe con autenticidad, dueña y reina de su propio mundo interior. A veces se te hace un nudo en el estómago mientras lo estás leyendo, pero al mismo tiempo te estás riendo. Es la emoción de la vida, con sus tragedias y sus comedias amalgamadas en un mismo trago.
Salud y felices fiestas a todos. Que Papá Noel y los Reyes Magos os traigan libros tan hermosos como este.