Es una mañana de domingo, y ella se ha presentado en la policía por voluntad propia tras pasar la noche con un hombre. Aunque en algún momento lo duda, no lo recuerda del todo; ¿quizá fueron a buscarla a su casa y la sacaron esposada? Siente aún en la boca el sabor del ron con cocacola cuando comienzan a interrogarla en la segunda planta de la comisaría. Primero el Comandante, condescendiente y brusco; después Jeanne y Carole. El equipo la evalúa psicológicamente, le toma las huellas dactilares, y enseguida un abogado inicia la preparación de su defensa. Además, sus amigos no dan la cara, incluso le vuelven la espalda. Duda de nuevo. Quizá sí cometió un delito. Por voluntad propia, la segunda novela de Mathilde Forget, es un intenso relato de tono autobiográfico que nos deja sin aliento. En él la autora explora la ambigüedad que hay detrás de las palabras, y hace un retrato sutil y afilado del desalentador sistema judicial, que a menudo culpa a sus víctimas y las avergüenza. Con una voz que mezcla ligereza y rabia, Forget firma un libro sorprendente y poderoso. «Eso es quizá lo que caracteriza la firma de Mathilde saber abordar los temas más serios con una ligereza que solo le pertenece a ella. Nunca he leído algo así en ningún otro lugar». —Delphine de Vigan
«A través de los sentimientos perturbados de su personaje, Mathilde Forget disecciona sutilmente una secuencia implacable, que insidiosamente nos hace sentir culpables de la violencia que hemos sufrido tan gratuitamente. Sorprendentemente eficaz». —Libération
«Mathilde Forget destaca brillantemente la brutalidad de un interrogatorio. Una historia poderosa». —L'Alsace
«Mathilde Forget firma un texto repleto de valentía». —Raphaêlle Leyris, Le Monde
«Una novela de la que no salimos ilesos». —Marc Rauscher, Page
«Una historia brillante y llena de rabia, en la que Mathilde Forget lidera una nueva investigación literaria para intentar entender de qué está hecha la realidad, en toda su fealdad». —Pauline Le Gall, Women who do stuff
«Un tour de force que pone de relieve la culpabilidad sentida por las víctimas». —Têtu
«Con una pluma afilada, Mathilde Forget despliega como un faro, su observación con el bisturí de los investigadores que parece conectarla con una realidad que se le escapa. Una historia sutil e impactante». —C News
«La escritura es precisa, nítida, detallada, sin adornos. Te golpea como un vértigo, con su meticulosidad y su crudeza». —Terra Femina
Un relato breve pero que deja poso sobre una violación y la violencia institucional que la sigue al atreverse una a contarlo y denunciarlo; sobre el cuestionamiento a las víctimas como si fueran culpables de un crimen.
Escuché a la autora hablar del libro y la verdad es que el planteamiento me atrapó (con la inspiración en El proceso de Kafka, etc), pero creo que me ha acabado gustando más la idea de lo que iba a ser que la ejecución en sí misma, como que no lo he sentido logrado del todo, redondo. Quizá no me haya convencido la traducción (?), no estoy segura.
«El cuerpo es un lugar del que nunca te vas. Puedo irme de una ciudad, de un país, dejar a una persona, o alejarme al menos. Pero cuando el acontecimiento ocurre en el cuerpo, en su interior, en el fondo de las tripas, estás condenada a vivir con él».
Corto, conciso y desconcertante a la vez. Perspectiva muy interesante, y crítica, respecto a una denuncia por violación: la mujer es la culpable, denunciar es el crimen.
Autobiografía de una violación, sin paños calientes y sin autocompasión. Una lectura espeluznante por cómo cuenta lo que cuenta, desde el total desamparo ante las autoridades, incomprensión ante gran parte de la sociedad y miedos múltiples que la protagonista va encarando como puede. Está muy bien escrita, desde dentro, narrando un hecho tan traumático de manera bastante aséptica, centrándose no tanto en lo físico en sí, que también, si no en toda la devastación que arrastra algo tan bestia como una violación. Y en las reacciones del resto de actores del drama, desde la serie de policías que le toman declaración a l@s amig@s que la ayudan, sin querer juzgar demasiado pero dejando caer por su propio peso la cantidad de contradicciones que genera todo esto: exposición de los hechos una y otra vez; exigir a la víctima una defensa que no tendría ni que imaginarse; falta de empatía con casos así… Corta pero gran narración sobre hechos leídos mil veces pero con matices nuevos que estremecen y acercan un poquito la realidad de las víctimas al resto de la sociedad.
“Je n’ai tué personne. Mais il va falloir me defendre car je suis coupable. Sans victimes déclarées, les crimes n'existent pas. En le revelant, je suis coupable de faire exister le crime.”
No se puede decir mucho sin desvelar el final. La forma en la que está escrito no es de mis favoritas, por la cantidad de oraciones cortas que componen la narración, pero entiendo su función. El relato tiene una lógica ilógica impecable, no dudas en ningún momento de que la autora podría estar contando en realidad algo que le ha sucedido a ella o a cualquier mujer. Con muy pocas palabras es capaz de hacer que entiendas perfectamente lo que hay en la cabeza del resto de personajes que aparecen en la historia, quizá porque empezamos a estar más acostumbradas, por desgracia, a cruzarnos con ellos por el mundo y hemos aprendido a identificarlos a partir de cuatro tropos.
Por no ahondar en el contenido, destacaré lo precisas que me han parecido las escenas de espera en la comisaría; detalles sin importancia aparente en los que la protagonista pone todo su interés, la torpeza del policía a la hora de mecanografiar o los patrones que traza mentalmente mientras mira las manchas del suelo.
Es un libro que hay que leer sin saber de qué va, porque incluso cuando parece que lo sabes, resulta que no.
empiezo el libro sabiendo que critica la violencia institucional cuando se denuncia una violación, y sin embargo, tengo todo el libro la misma sensación: ¿pero qué ha hecho ella? ¿ha matado al agresor? ¿realmente no ha habido una agresión? y me doy cuenta de que ese es el punto del relato. no se trata tanto del contenido sino de las sensaciones que produce en quien lo lee. un libro corto pero directo, que narra la violencia sin hacerla explícita, y te hace sentir lo mismo que sienten las víctimas cuando denuncian: culpa, vergüenza, confusión, miedo, indefensión, incluso sabiendo que la víctima eres tú. la violencia (no solo física) que atraviesan las violaciones no termina con la agresión, sólo es el comienzo si se decide denunciar. mientras siga vigente un sistema policial y judicial que utiliza eternos y repetidos interrogatorios revictimizantes escudándose en la necesidad de “contrastar el testimonio”, la culpa será el eje de esta vivencia (que, por cierto, no tiene que ser necesariamente traumática por sí misma). leedlo!! (como único pero, la traducción un poco regulera a veces)
«Si tuviese que llorar por lo que la violación destruyó dentro de mí, lloraría toda la vida. Así que lloro cuando se me cae al suelo la tostada del lado de la mermelada. Lo que perdí aquella noche es inenarrable, así que si, voy a llorar por mis vaqueros favoritos. Porque hacer el duelo de lo semana podría matarme. Al menos al principio. Puede que lo que perdí aquella noche se llame ligereza. En un principio prefiero pensar que tendré que aprender a vivir sin mis vaqueros favoritos en vez de sin ligereza.»
No hay fuente mas útil para entender un delito que la que puede aportar la víctima, pero siempre es olvidada en el proceso y tratada simplemente como objeto en el que recae el hecho. En una peor situación siempre se encontrarán las mujeres, quienes parece que siempre deberán obediencia a los hombres.
Es ridícula la lentitud del proceso y la carencia de personal formado y sensibilizado en temas de agresión sexual. No es un relato aislado, es lamentablemente lo de siempre, no vemos esfuerzo por el cambio de esas concepciones erróneas en las que se sigue basando el tratamiento de las víctimas.
Vivir una experiencia traumática obliga a las víctimas a reestructurar todo lo que daban por sentado, lo que pensaban que eran y lo que esperan del mundo y de la justicia. A parte del suceso, tienen que enfrentarse a una revictimización por parte de los operadores que supuestamente deben protegerla. El libro muestra el por qué de la existencia de la gran cifra negra de denuncias y el contexto por el que cabe el desistimiento del proceso.
Creo que el tratamiento de los delitos, sobre todo los que son contra las personas y de los que pueden derivar consecuencias psicológicas graves, debe ser interdisciplinario y diverso, siempre ajustándose a las necesidades de la víctima. Nos olvidamos de que son personas individuales y no un simple número para las estadísticas.
Fascinant la mirada cristal·litzadora de l’autora sobre un tema encara tan controvertit. Una de les novel·les més acab que he llegit.
Em quedo amb la frase: “La brigada del tigre es impresionante, sí. Pero esto no quita que estos dos, con el mono blanco, parecen más algodones de azúcar que felinos.”
Compartim el mateix tipus d’humor. En aquest cas s'agraeix ja que et permet respirar dins d’una narració tan colpidora. El final m’ha deixat amb el cor encongit. La recomano molt.
"el cuerpo es un lugar del que nunca te vas. puedo irme de una ciudad, de un país, dejar a una persona o alejarme al menos. pero cuando el acontecimiento ocurre en el cuerpo, en su interior, en el fondo de las tripas, estás condenada a vivir con él"
Un relato llamativo, complicado, real. Lo que más me ha gustado es cómo poco a poco se va descubriendo y a la vez cuestionando quién es el culpable. “Soy culpable de que el delito exista porque yo lo he revelado”.
Desde fragmentos que reconstruyen el trauma sin enunciarlo, este brevísima novela aborda la violación sexual sufrida por la autora a partir de una estructura muy similar a Mira esa chica de Cristina Araujo. Me parece valiosa la forma en la que señala lo inevitable que es continuar habitando un cuerpo violentado.
La forme n'est pas toujours agréable car le récit disgresse souvent, mais ça montre surtout les conséquences de ce qu'elle a subi et comment les victimes sont (mal)traitées, même quand les policiers ou l'entourage ne le font pas volontairement.
Un relato en forma de metáfora para denunciar el bochornoso e incompetente sistema judicial al que se enfrentan las mujeres víctimas de violencia sexual: ¿Cuánto puede llegar a cambiar un suceso dependiendo de la dirección y el enfoque dado a la narración de los hechos?
Quand on est interrogée au commissariat des heures durant par des policiers qui n'ont de cesse de chercher les failles dans notre récit, quand c'est notre appart qui est fouillé de fond en comble et notre intimité qui est envahie, quand nos amis sont aux abonnés absents depuis l'événement, alors il paraît juste de se demander : est-ce moi qui suis coupable ?
Dans ce court roman, Mathilde Forget nous donne accès à ce qu'il peut se passer dans la tête d'une femme qui porte plainte pour viol. Par une écriture fine et intelligente, elle parvient à rendre compte du détachement complet que l'on peut ressentir après une agression sexuelle, tout en mettant en lumière l'absurdité du traitement des victimes par la justice et par la société. La lecture se fait comme sur un fil : on attend qu'il se passe enfin quelque chose, peut-être la résolution de l'enquête, ou bien la renaissance du personnage. Mais rien de tout ça n'arrive, parce qu'un viol, ça ne veut rien dire, ça n'a pas de sens.
Une lecture difficile et exigeante mais qui en vaut la peine.
Es muy de huérfana eso de querer casarse.Es verdad, me atrae mucho la idea de que alguien tenga que hacer trámites administrativos antes de poder abandonarme
El relato me ha dejado con un inquietante vacío, es crudo pero sobretodo real, cuando ocurre un hecho de violación el proceso no se trata de buscar las pruebas de que efectivamente sucedió, sino que este no lo haya hecho, casi tan contrario como el falso precepto que hoy en día todo está a favor de las mujeres. Rescato este párrafo especialmente: "Están buscando la verdad. Y yo estoy obligada a buscarla con ellos. La buscamos entre mis cosas. Precintan objetos de mi vida y las historias que contenían antes de esa noche se borran porque no aportan nada a la investigación. Ahora todo a mi alrededor es o un indicio del crimen o algo banal. Las verdades de antes no existen" Por voluntad propia se trata de asumir un crimen, un crimen ajeno e asumido involuntariamente, el hecho de simplemente haber nacido como mujer.