La Pizarnik en prosa quizás no sea tan perfecta, poderosa, sintética y cautivante como la de sus mejores poemarios, como Árbol de Diana, pero conserva muchos de los tópicos más importantes que aparecen en sus versos, tales como la infancia perdida, el jardín, el bosque, los pájaros, las flores, el absurdo, la soledad, la muerte, y además tiene cierta frescura relacionada con la prosa poética, con el simbolismo, con los juegos de palabras, las paradojas y los sinsentidos. Muchos de los textos que componen este volumen fueron publicados a lo largo de su vida en diferentes medios periodísticos, como la revista Sur o la Revista de Occidente. Muchos, además, son reescrituras pizarnikianas de cuentos populares, de fábulas, y de libros clásicos como Alicia en el País de las Maravillas, solo que resignificados, atravesados por temas propios de la poesía de Pizarnik como la soledad, la angustia y la pérdida, e intervenidos por citas y fragmentos de los autores que más leía Alejandra, especialmente de los surrealistas y poetas malditos franceses. Una forma diferente de encontrarse con la que, según Aira, fue la última poeta verdadera.