EL MÁS TRÁGICO Y MODERNO DE LOS AUTORES TEATRALES DE LA ANTIGÜEDAD
Este primer volumen de las tragedias de Eurípides, el más inquieto y apasionado de los tres grandes autores trágicos griegos, incluye, además de una nueva introducción general a cargo de Lucía Romero Mariscal (Universidad de Almería), incluye las El Cíclope, Alcestis, Medea, Los Heraclidas, Hipólito, Andrómaca y Hécuba.
Euripides (Greek: Ευριπίδης) (ca. 480 BC–406 BC) was a tragedian of classical Athens. Along with Aeschylus and Sophocles, he is one of the three ancient Greek tragedians for whom any plays have survived in full. Some ancient scholars attributed ninety-five plays to him, but the Suda says it was ninety-two at most. Of these, eighteen or nineteen have survived more or less complete (Rhesus is suspect). There are many fragments (some substantial) of most of his other plays. More of his plays have survived intact than those of Aeschylus and Sophocles together, partly because his popularity grew as theirs declined—he became, in the Hellenistic Age, a cornerstone of ancient literary education, along with Homer, Demosthenes, and Menander. Euripides is identified with theatrical innovations that have profoundly influenced drama down to modern times, especially in the representation of traditional, mythical heroes as ordinary people in extraordinary circumstances. This new approach led him to pioneer developments that later writers adapted to comedy, some of which are characteristic of romance. He also became "the most tragic of poets", focusing on the inner lives and motives of his characters in a way previously unknown. He was "the creator of ... that cage which is the theatre of William Shakespeare's Othello, Jean Racine's Phèdre, of Henrik Ibsen and August Strindberg," in which "imprisoned men and women destroy each other by the intensity of their loves and hates". But he was also the literary ancestor of comic dramatists as diverse as Menander and George Bernard Shaw. His contemporaries associated him with Socrates as a leader of a decadent intellectualism. Both were frequently lampooned by comic poets such as Aristophanes. Socrates was eventually put on trial and executed as a corrupting influence. Ancient biographies hold that Euripides chose a voluntary exile in old age, dying in Macedonia, but recent scholarship casts doubt on these sources.
Siendo solo el primer tomo, puedo decir que Eurípides no tiene nada que envidiar a los otros trágicos. Su obra se siente como un soplo de aire fresco.
Un nuevo paradigma nace con este autor en la literatura griega. La vida del hombre no queda determinada por la voluntad de los dioses. El centro es la psicología del individuo, su irracionalidad y su lucha por prevalecer y ser reconocido como tal entre los suyos. No es la condena heredada por un crimen de sangre, como en La Orestíada. O una búsqueda hacia la iluminación y purificación como en Edipo Rey.
La obra que mejor representa esta filosofía, y sin dudas la más prolífica de este tomo, es Medea. Siendo la mujer de Jasón, Medea debe ser testigo de cómo su marido, luego de prometerle el amor eterno, se casa con la hija de Creonte, gobernador de Corinto.
Este es un tema recurrente en el mito griego. Hera, diosa protectora del matrimonio, es constantemente representada como encolerizada por las infidelidades de Zeus, máximo dios del Olimpo. Eurípides abarca de otra forma este problema. Medea no se encierra en su agonía ni desea dejar pasar esta falta. Se propone acabar con cada uno de los partícipes de la argucia y, no contenta con eso, sus hijos también son víctimas de su locura.
Medea es un justo manifiesto feminista de la antigua Grecia. Las intervenciones del coro son una denuncia a las privaciones sistemáticas, ya sea culturales como gubernamentales, ejercidas sobre el sexo femenino. Tan determinado y noble fin está contrastado con otro mucho más reaccionario por parte de Medea. Su alma dividida en dos, diálogo interno entre cálculo y ardor, frialdad y pasionalidad, refleja la psique de un ser humano que busca ser reconocido, que, ante la falta de empatía por parte de sus pares, hierve su corazón, digno de una persona justa. De tal calibre es la innovación de Eurípides.
En contraste con esta visión, se encuentra otra de sus grandes obras, Hipólito. Teniendo un estilo más clásico, el conflicto se da entre dioses y representantes de ellos. Hipólito, protegido por Ártemis, es un hombre virginal y casto, amante de la vida natural. El producto de esta pureza obsesiva también engendra males, siendo Hipólito un misógino y un arrogante. Contrapuesto a este, Fedra, esposa de su padre, Teseo, es inducida por Afrodita a amar a su hijastro. La diosa, como figura del deseo, dispone su cólera en la destrucción de Hipólito y lo que representa.
Una bellísima metáfora en contra de los excesos, como dos hybris enfrentadas, la castidad y la lujuria irracional.