Pienso mucho en la complejidad que demanda escribir sobre la actualidad. ¿Cómo mediatizar estéticamente el hoy? Más, cuando las estéticas predominantes parecen abogar por la hiperrealidad (las películas son biopics, las series son sobre "dramas", la literatura es literatura del yo, incluso narraciones con fantasía como "Stranger Things" abundan en "problemáticas sociales"). Del otro lado de los juglares se encuentra una tensión más interesante sobre la estética de hoy: en las redes sociales hay una constante pulseada entre un fuerte dicurso del "retorno" (desde la derecha volver a la familia tradicional y desde la izquierda ser conscientes de la performance que hay en las redes sociales y vivir una vida más "plena" alejados de las pantallas). Lo que obvian estos discursos del "retorno" es que el ágora de hoy implica una ficcionalización fuertísima del yo: usuarios sin nombre, recortes discursivos sin cuerpos y demás.
Ah, sí, Los hombrecitos con sobretodo, una novela que coquetea con este planteo: por un lado la trama empieza a desarrollarse bien aireana. Un suceso extraordinario en Flores turba la paz de un escritor. Después la novela discurre en divagaciones del escritor que entremezcla recuerdos y comentarios de su subjetividad (falsa literatura del yo) con ensoñaciones filosóficas y humor ácido. Aira encuentra puntos donde apoyarse para hacer comedia con la materia del presente: la inmigración venezolana, la intelectualidad de la "torre de marfil", la "guerra" entre capital y conurbano. Lo hace perniciosamente, siendo burlón sin necesidad de tomar un posicionamento político más que el posicionamiento estético. Supera los planteos de la literatura de departamento ("estoy en mi departamento de almagro, soy un varón soltero a los treinta y quiero hacerme católico") con sus mismas armas: una novela híperactual e híperlocal que consigue hacer terreno lo suficientemente sustancioso como para trascender el zeitgeist actual. Como siempre, en el medio de la materia estética de, como los llama Aira, su juguete literario un final espectacular, que se mete con otro tema candente del hoy, pero como todo en Aira, siempre encuentra sus hilos con los temas eternos: la performance de masculinidad de los hombres.
Aira no pierde ocasión en reírse y admirarse en partes iguales de la ingenuidad venezolana, de los pobres intentos de masculinidad de los varones, del clasismo de los intelectuales de capital en apenas 100 páginas.