Franco Carranza regresa, trece años después, a un refugio de montaña ubicado en El Bolsón, en la Patagonia argentina. El objetivo es darle un cierre distinto a la experiencia traumática que había en aquella oportunidad, el dueño de la cabaña apareció asesinado con un hacha, después de que en la noche alguien diera seis golpes en la puerta. Impulsado por el terror, Franco decidió huir junto a un turista español llamado Eduardo Martino. Los episodios violentos no se detuvieron. Lo único que tenían en la cabeza era sobrevivir, por lo que no hubo forma de saber quién había sido el asesino. En el presente, Franco encuentra el refugio abandonado y en malas condiciones. No parece haber nadie alrededor. Sin embargo, todo se complica apenas ingresa a la cabaña. Hay ruidos afuera. Los recuerdos comienzan a sucederse, y no puede asegurar si el miedo que empieza a sentir es real o imaginario. Hasta que ocurre algo que lo Al igual que trece años atrás, alguien toca la puerta del mismo modo, con la misma tres golpes, una pausa y tres golpes más. Seis golpes idénticos, que lo ponen en una batalla mental para diferencia la realidad y los delirios de sus propios temores. Como si el asesino lo hubiese estado esperando todo ese tiempo.