Me muero, te quiero es un libro sobre el brillo de la las amigas, el arte, la música, el erotismo y el amor. También es un libro sobre cómo la vida se vuelve contra la vida cuando una célula enloquece. Perla Zúñiga testimonia con su lengua poética su paso por el mundo y por las cosas del mundo. Es un paso lleno de durezas y ternezas, que conmueve profundamente con su apuesta por la belleza, la juventud y el amor. La vida se desvanece, quedan el amor y su poesía.
Qué tristeza. Enunciando momentos mágicos, rescatando aquello que le hace decir “Sólo que no hay forma de expresar lo feliz que fui”. Si a eso debemos aferrarnos, a comer fruta fresca o desayunar tortitas los domingos, a comprar alguna novedad curiosas, a drogarnos con musica electrónica, a follar cuando estamos viendo que todo se acaba. Es curioso, porque siento que la autora lo salva, lo trae y lo pone en primer plano: esta es mi vivencia, estas son mis amigas, esto es lo que amo, esto es el arte que me interesa, la vida es buena y os la entrego. Y a mí me ha provocado una profunda tristeza. Supongo que no hay forma, de que una enfermedad, la ficcionalicemos o renombremos, no sea profundamente triste.
“Cuelguen de sus cuellos sus sueños, acertijos y rabias para mañana sudar una sauna porque, aunque no sirva de nada, podemos intentar engañar al tiempo y a nosotros mismos, haciéndonos creer que no somos personas a las que les importan las cosas, y sólo somos deseo y asfalto.”
Pretende ser un testimonio poético sobre la enfermedad, el cuerpo y la identidad, pero lo que entrega es un caos disfrazado de profundidad. En lugar de poesía, el libro es una acumulación de frases desconectadas que buscan impactar sin sustancia. Más que un trabajo literario, parece un torrente de pensamientos sin filtro, donde la crudeza se usa como una muleta para enmascarar la falta de estructura y elaboración.
El lenguaje es artificial, un esfuerzo constante por parecer alternativo y experimental, pero sin la solidez que justifique esa estética. Lo que podría haber sido un diario visceral de experiencias personales termina siendo un collage de imágenes que se sienten más como una pose que como una verdad sentida. Algunos versos podrían funcionar en una cuenta de Instagram pretenciosa, pero, como conjunto, el libro carece de coherencia y peso.
A quienes disfrutan del caos por el caos y de lo transgresor sin propósito, este libro puede atraerles. Pero quienes esperan poesía que conmueva, que transforme, que atraviese con una verdad irrefutable, solo encontrarán ruido y desorden.
Uno de los errores más flagrantes de la autora es su intento de transformar el cáncer en una revelación metafísica sobre la identidad de género. Quiere autoconvencerse a toda costa de que su enfermedad en la costilla es un mensaje del universo, un recordatorio de que fue “creada mujer”. Pero la realidad es mucho más brutal: el cuerpo no responde a delirios, la biología no negocia y la enfermedad no es un símbolo, sino una sentencia.
Si algo demuestra esa costilla enferma, no es una afirmación de feminidad, sino la evidencia de que la carne, los huesos y las células siguen su curso sin atender narrativas personales.
El problema de fondo es la desconexión con la realidad. Se puede escribir desde la distorsión, pero cuando la obra se ahoga en su propio engaño, el resultado no es arte, sino histeria literaria. En su afán por reescribir el cuerpo con palabras, la autora se estrella contra la más inapelable de las verdades, gústele a quien le guste : la biología no se pliega ante la ficción.
No puedo hablar de Perla como si la conociera porque solo nos vimos un día, pero me entristeció y sigue entristeciendo su muerte. Siempre he tenido la espinita de que cuando la entrevisté para Icon el texto resultante no le hizo justicia. Tampoco sé si entraba en mis posibilidades otra cosa: yo no tengo nada parecido al talento, la sensibilidad, el humor retorcido ni el genio con que ella consiguió explicar en sus términos lo que le estaba sucediendo, más allá de, como dice en este libro, "la veracidad del lenguaje, en este caso médico".
'Me muero, te quiero' es un testimonio de agonía y de vida concebido desde el imposible de agrupar la obra poética de una existencia injustamente breve. Que ella seleccionara los textos, armase y corrigiese el grueso del libro es también una muestra del pulso que mantuvo por seguir decidiendo y definiéndose desde donde podía, negociando o cooperando en el resto de la narrativa con ese "movimiento tumoral" antisistema que encabezaba una célula en rebeldía. Deja a su paso por este mundo una obra alucinante, no solo este libro, no interrumpida, sino atravesada por una enfermedad que nunca hemos entendido ni leído igual que aquí. Siempre nos sale un tono grave, inevitablemente vulgar y ciertamente eufemístico al hablar del cáncer. Estas páginas son dolorosas, divertidas, escatológicas, bellas, emocionantes y estremecedoras de maneras que nunca contrastan entre sí ni se contradicen. Es lo que hay.
tantas vidas posibles en este libro, tantos momentos que brillan y que no se apagan nunca, tantos escenarios que se imaginan desde el backstage ❤️ en el prólogo de la tercera edición se dice que perla quería escribir también una novela, a mí me parece que este libro es un poemario pero también un diario pero también una biografía y una saga familiar y el guión de una película y un disco de pop y de música electrónica y una fiesta y un documental en el que el brillo, pese a todo, no se apaga nunca
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«Deseaba vivir, y ese libro calmaba mi deseo. Me proporcionaba lo que no podía tener. Magia».
«Tu paso por mi vida me ha cambiado / Tu paso por la vida me ha cambiado».
«Quiero vivir pensando que no estuve acertada».
«Pero no te preocupes / Todo esto son meras / Presunciones / Especulaciones / El lenguaje no ha llegado todavía / El lenguaje no ha llegado todavía».
«Tengo claro una cosa: no me arrepiento de nada».
«Ayer primera visita de mis doctoras al pueblo. Nueva dieta y nuevos opiaceos. “No vas a tener que ir al hospital”. ¿Qué te haría feliz ahora mismo? Palomitas de colores del cine. Bambi saca un puñado. Parece un sueño. No lo es. Solo que no hay forma de expresar lo feliz que fui».
“COMPARTAMOS EN ESTE MOMENTO DADO LA RABIA DE QUERER CONTROLAR ALGO QUE NO ESTÁ NI VA A ESTAR EN TUS MANOS”
cómo voy a darle puntuación a tal relato? considerad mis estrellas un ritual absurdo pero necesario para llegar a escribir sobre este libro. qué decir más allá de que es un libro triste y frustrante, igual que la enfermedad y la muerte anunciada son tristes y frustrantes. Perla escribió estos fragmentos mientras se moría, y joder, qué escribiría yo si me muriese? qué escribirías tú?
es bonito ver como lo “mundano” (comer bien, una siesta, reír con amigas) se siente como un remansito de paz ante el lento paso de este ser encapuchado que es la muerte. supongo que no hace falta estar muriéndose para ver estas pequeñas cosas como aquello que te mantiene viva, feliz, llena. ayyy dios estoy diciendo “its the little things” verdad???
Tengo una lagrimita que se escapa de la comisura de mi boca. Tengo una lagrimita que la confundo con sudor y pongo la mano sobre la nada y veo cómo tiembla. Leo en el coche la penúltima parte. Leo aparcada en un polígono con las montañas colonizadas por la industria. Pero hay flores. Pienso en las flores y en tumores y en enfermedades y en las golondrinas que revolotean. Veo dos palomas que parecen pareja porque vuelan dando giros sobre sí mismas y pienso en la ternura. Pienso en la ternura y en la muerte y en cómo, a veces, la contradicción es lo más bello de estar viva.
cómo dice perla en un poema "estas palabras son para quienes tienen una relación dificil con el tiempo" me atraviesa la fiesta como comunión y escape, el final de las cosas es mi dolor más profundo este libro es una un puente entre ambas cosas y también una forma de hacer las pases