Tras el petardazo de La pesquisa, este, aun gustándome, me deja un poco frío. Aun así, me parece un muy buen libro con muchas cosas de interés.
Me parece que Saer aquí pretendió dar una vuelta de tuerca a la tradición literaria argentina. Encontramos muchos aspectos relacionados con esta: el escenario de la pampa, el estanciero, el inmigrante (en este caso italiano), los malevos, la jovencita casamentera (aunque con más matices que los habituales) y su adinerado padre, etc. Saer conjuga todo esto con la vanguardia, en un ejercicio similar --en este sentido-- a lo que hace Puig con Boquitas pintadas. Tratan, en cierto modo, de desplazar el género.
Hay, además, y esto es para mí lo mejor del libro (más allá de la búsqueda de la verdad), un duelo de los que tanto le gustaban a Borges. Un duelo, además, que se posterga hasta el infinito, en una especie de eterno retorno, de avance en espiral, y al que en ocasiones se suma la enigmática Gina para convertirlo en una pelea a tres en la que no se sabe quién tiene las cartas marcadas (aunque uno de ellos se las dé de ocultista, parece ser precisamente el más perdido).
Por momentos me pareció un libro de terror, de desgaste psicológico. Yo creí ver el horror y sentir algo parecido al miedo cuando Garay López, en el primer capítulo, se acerca al oído de Bianco y le susurra: "Ha sido un inmenso placer, cher ami".