«Es jueves y don Íñigo detiene su caballo ante nuestro convento, trepa los muros de calicanto, atraviesa el patio de los naranjos, recorre el claustro a grandes zancadas y se introduce en la celda de una de las novicias. Se trata de una niña de una hermosura tierna y felina, con una piel blanca que exhala un suave aroma a monda de manzana. Cuando la abadesa Violante es alertada, siente removérsele el corazón pero acude a la celda con mucho aplomo para esperar ante la puerta. Media hora después sale el marqués masticando pelos, abotonándose el cuello de la camisa. Durante unos instantes, la abadesa posa su mirada en él: es una mirada inmóvil que lo abarca de la cabeza a los pies. Luego lo engancha por el brazo, le acompaña hasta la salida con su mejor sonrisa, así es que... , volvemos a verle por aquí, don Íñigo, así es, abadesita, pues vaya con Dios, con Dios iré, hasta que lo ve torcer la esquina sobre su caballo, desaparecer trotando por la calleja. Entonces, abriéndose paso a empellones entre nosotras, la abadesa regresa a la celda. Allí, tumbada sobre su catre, está la novicia, el hábito de buriel áspero remangado hasta la cintura y haciendo la tijereta con las piernas en alto mientras, sí, no, me quiere no me quiere, deshoja la margarita que el marqués le ha entregado.»
A través de la perversa (y, a la vez, inocente) mirada de unas monjas que juegan a no ser monjas, construye Cristina Sánchez-Andrade este original relato en el que la estrecha vida conventual contrasta con los excesos de la vida palaciega. Una abadesa excéntrica y resentida, cuya misteriosa muerte es anunciada desde las primeras páginas, un fraile que ha agotado su vida buscando a Dios por la vía de la razón, un marqués pendenciero, su esposa, doña Hilda, que va al convento a jurar su virginidad, un extraño lacayo que hace pelotas de papel, una cocinera que aspira a ser marquesa y, finalmente, el Rey que ya no pisa la tierra, son otros de los personajes que van entretejiendo esta intrigante historia.
Una novela poco (o nada) convencional, escrita con una prosa sensual y lírica, en la que la soledad, el desamparo del hombre, la dura tarea de ser, la libertad y la búsqueda de la identidad personal aparecen como telón de fondo.
Cristina Sánchez-Andrade (Santiago de Compostela, 1968) es licenciada en Ciencias de la Información y en Derecho y colaboradora de la prensa y crítica literaria.
Ya no pisa la tierra tu rey es una novela atípica en estilo y redacción. Muchos lectores consideran que Cristina Sánchez no llegó a plasmar “correctamente” la intención del libro en los personajes y la trama. De hecho, no llega a entender hacia dónde va, dicen algunos. En lo personal, tampoco encuentro, de manera clara, esa explicación/descripción de la metafísica, el poder político y el existencialismo que dice que contiene la obra. Le doy otra interpretación a la novela, puesto que no me parece “mala” a como la consideran, sino que por ser extraña y polifónica, uno se pierde y descubre otros significados entre cada escena. Empezaré diciendo que el título es alusivo a un abandono divino o de poder: un rey que deja sus tierras, que no aparece en la novela más que como una mención, provocando la inestabilidad de los personajes en el castillo y, al mismo tiempo, en el convento colindante, donde las monjas observan desde lo alto la dejadez, la amoralidad y decaimiento de esa aristocracia. Sin embargo, el convento tampoco está exento de una ruptura interna, ya que las monjas, inocentemente, se comportan distinto a como la madre superiora espera de ellas, lo que es el camino de un Dios que, también, parece que ha abandonado a sus fieles. Es una novela con contrastes y paralelismos únicos: la vida en claustro de las monjas en el convento frente a la libertad de los demás personajes, quienes se pueden desplazarse y tomar cada lugar del castillo; la vergüenza de lo mundano por falta de virtud frente a la vulgaridad de los virtuosos; la curiosidad inocente de la sexualidad de las monjas frente al abuso y lujuria del futuro gobernante. No se centra en darte una sola imagen de lo que vive cada una de las partes, sino que amplia ese panorama con elementos como los pensamientos personales y colectivos, aspiraciones, predicciones, metáforas, anécdotas y demás; todo lo que permita enriquecer la historia y el lugar en el que viven los personajes; pero, sobre todo, para que no se encasillen en una historia de “buenos y malos”, “blanco y negro”, “los que sufren y los que no”, ya que todos giran entorno al mismo problema y sobreviven a las circunstancias que son arrojados: las monjas con su vida en el convento y el futuro rey con su incontrolable carácter. Recuerdo que, casi al final, la obra hace alusión al pensamiento de Nietzsche con el tema teológico-moral, lo que me lleva pensar que, si la novela apuntaba hacia algo, era a derrumbar la dualidad por la posibilidad de ser o existir sin miramientos ajenos. Y que, más centrado en el erotismo, ambos polos, como la inocencia y la lujuria, son cara de una misma moneda que gira eternamente y cobra valor cuando captas en un pequeño instante la posible cara que va a caer. Una acción puede ser vista como inocente o perversa según quién la ejecute o cuándo lo haga. Creo que queda muy bien ejemplificado en la novela cuando las monjas se refieren a los actos del futuro rey y sus visitas al convento.
Tiene un uso del castellano envidiable y un estilo que recuerda a la poesía en forma. El vocabulario es muy rico. Sin embargo, le pongo un 3 porque la historia no me ha enganchado, en parte porque toca demasiados temas (la identidad, la soledad, la memoria al final?!) y no desarrolla ninguno, no me quedo con una sensación clara, y creo que, por cómo usa las palabras y tantea ciertas ideas, la autora tiene capacidad de sobra para haberlo hecho.
Lo compré a ciegas en una librería de Barcelona y me ha ido convenciendo conforme avanza la historia. Invita a la reflexión, es ligero y tiene una narrativa original (con un narrador colectivo muy particular) Buena propuesta si quieres leer algo diferente.
Llegué a esta obra por casualidad, dado que era una “cita a ciegas con un libro” organizado por una librería de Barcelona. Al principio no me gustaba demasiado pero a medida que iba leyendo he de reconocer que me pareció original e ingeniosa. También me han gustado algunas reflexiones que hace en el libro sobre la libertad, el concepto de belleza, pecado…
Un poco agridulce: al principio me enganchó muchísimo su forma de narrar, de reflejar la mente de colmena de unas mujeres sometidas a una rutina y disciplina tan rígida, con un lirismo notable y ciertos toques de realismo mágico. Sin embargo, creo que la historia parte con unas pretensiones que no llega a alcanzar; no logra del todo cumplir con lo que promete al inicio, con frases que buscan intensidad, pero no terminan de decirme demasiado, quedándose algo vagas y forzadas, y con un ritmo en la narración que se condensa al final y que deja al resto de la trama algo desinflada para mi gusto.
La idea, originalísima. A la ejecución, creo, podría dársele una vuelta, pero, sin duda, me deja con ganas de explorar un poco más a esta escritora.
Como la mayoría de reseñas que he leído, compré este libro a ciegas en una librería de Barcelona porque me picó la curiosidad leer algun tipo de historia nueva. Ahora que lo he terminado, tengo que decir que me ha gustado bastante algunas partes de la narrativa bastante poética, pero otras me han parecido de difícil comprensión por su lenguaje a veces metafórico. A parte de esto, tengo que resaltar su final, el cuál me dejó muy satisfecho (a pesar de que pensaba que no daría tiempo a contar todo).
Fue inesperado, al principio no me cuadraba y seguí y la verdad me gustó mucho. Es un libro diferente pero me encantó. Le daría otra vez la oportunidad a una cita a ciegas con un libro, basado en esta experiencia