Una de las mejores cosas que podemos hacer de adultos para entendernos mejor a nosotros mismos y relacionarnos mejor con los demás es sin duda reflexionar sobre nuestra infancia y el tipo de crianza que recibimos.
Conocer mejor de dónde vienen muchas de nuestras conductas, emociones y creencias nos ayuda a hacernos conscientes, nos da la oportunidad de cambiar la forma en la que respondemos y facilita que no las reproduzcamos con los demás, especialmente con los niños que son más vulnerables.
Aunque es un libro enfocado en el trato que se da a los niños no es un libro solo para padres o futuros padres, es para todo el mundo.
En la primera parte analiza los tipos de violencia, no sólo la física, y aunque creemos identificarla muy eficazmente lo cierto es que hay muchas variantes que pasan desapercibidas, incluso que están normalizadas en nuestra sociedad.
Más adelante nos habla de lo que los niños realmente necesitan para crear un apego seguro y nos da alternativas con ejemplos prácticos a lo largo del libro pero sin resultar pesado, no pretende ser un manual de educación, sino una forma de meternos en ambiente, de reflexionar acerca de la importancia de cómo nos comportamos con los demás, de qué palabras utilizamos y de cómo decimos las cosas.
Hace especial hincapié en la escucha activa, la validación de emociones, el establecimiento de límites y el respeto a los ritmos evolutivos del desarrollo infantil.
(4/5) ⭐️⭐️⭐️⭐️ me ha encantado aunque no me ha dicho nada nuevo ya que me especialicé en psicología clínica y educativa, pero lo recomiendo mucho.