Francisco Ferrer y Guardia (1859-1909) fue un personaje singular. Su insólita condición de millonario subversivo, el extraño origen de su fortuna y su posible implicación en dos atentados contra Alfonso XIII le proporcionaron una imagen ambigua e inquietante. Se le condenó sin pruebas como jefe de la rebelión de la Semana Trágica, lo que provocó una campaña internacional de protesta que tuvo gran repercusión en la política española. Cien años después de que su colaborador Mateo Morral lanzara una bomba en Madrid sobre el cortejo nupcial de los reyes, ha llegado el momento de revisar su figura. Basado en una exhaustiva investigación en archivos y bibliotecas de España, Francia, Bélgica, Holanda y los Estados Unidos, este libro ofrece por primera vez una biografía completa de un conspirador revolucionario y pedagogo libertario considerado por algunos como un auténtico mártir laico
Juan Avilés Farré (1950) es un historiador español, catedrático de Historia Contemporánea de la UNED. Su investigación histórica se ha centrado en la historia política y las relaciones internacionales de España en el siglo XX.
El gran mèrit d'aquesta biografia i que la fa realment atractiva és que presenta la vida de Ferrer i Guardia com una figura interessantíssima i polièdrica i a la vegada el despulla de qualsevol misticisme. De fet, la meva opinió sobre el personatge és sensiblement pitjor després d'haver llegit el llibre d'Avilés. Ferrer i Guàrdia és presentat com un intel·lectual més aviat mediocre. No té res de geni ni fa cap aportació a les teories revolucionàries. Una mica obtús, fins i tot. Sobretot, naïf en la seves conviccions polítiques. Tot i que va anar fins al final amb elles.
M'agrada que un senyor no especialment brillant acabés a l'ull de l'huracà: acusat d'haver instigat els fets de la Setmana Tràgica (més de 100 morts, 80 edificis religiosos incendiats, la pèrdua del control dels carrers de Barcelona per part de les autoritats) i protegit per una campanya mediàtica internacional a instàncies de la maçoneria europea.
AAAH es interesante porque este man tuvo una vida muy interesante, pero aaaaaaah a mi qué me importará saber aspectos tan concretos de su vida o cosas sobre una ESTATUA que le construyeron, cuando él tenía unos planteamientos y una forma de entender la educación algo adelantada a su tiempo y con aspectos que todavía hoy siguen pendientes, y te quedas con la sensación de que ha profundizado muy poco sobre su bagaje ideológico o los aspectos teóricos de sus ideas. en fin, ha sido algo sin más😑
El autor ha mencionado en alguna parte que se precia de escribir de modo que quienes lo lean puedan aprender y al mismo tiempo disfrutar con la lectura. Grandes aspiraciones que no se ven cumplidas en esta mi segunda lectura de un libro de Farré. En la introducción anuncia que el lector encontrará una especie de relato policial o detectivesco y espera que el lector disfrute de él; de nuevo exageradas aspiraciones por parte del escritor, que ha conseguido engendrar un parte judicial más que emular al gran Raymond Chandler. Alguien le debe de estar haciendo la pelota a este hombre de forma contraproducente o no se entiende su elevado concepto de sí mismo.
La vida del terrorista Ferrer y Guardia podría bien merecer un libro, e incluso quizá una película, siempre que no fuera española. Gigoló y cínico burgués, fanático tanto de la política como del buen vivir, ha sido una prueba viviente del deterioro moral de una nación que -a falta de ejemplos verdaderos- busca a sus héroes entre canallas y vividores, trepas y fanáticos de cualquier condición. En un país donde no hay valores cristianos, el asesinar al prójimo no es condenable.
Es de lamentar la afición farisea del autor por emitir juicios de valor sobre ciertas conductas de Ferrer y no de otras. El hecho es que el autor, ineresado en ofrecer una apariencia de imparcialidad ante la figura del anarquista Ferrer, no pone tal empeño cuando las "vilezas" del personaje ofenden a la moral progre moderna. Es que ante todo la subvención es la subvención y con el pan de los hijos no se juega.
La frase que mejor reproduce la impresión que Ferrer producía en quienes le conocían es la que nos deja una de sus amantes o víctimas, la burguesa y rica Ernestina, dice el autor de ella: Ernestina creía que Ferrer era todo amor, pero que los demás revolucionarios eran todo odio (...) por ello no entendía cómo él, que predicaba siempre paz y amor, era aficionado a esos escritos llenos de un odio feroz.
Predicaba es un término interesante para aplicarle a Ferrer, dado su ánimo proselitista. Las paradojas no son tales, sin embargo, si uno revisa sus premisas -como diría John Galt, el héroe de Atlas Shrugged. ¿Conocen a algún socialista (de la afiliación que sea: nazi, fascista, comunista, demo-cristiano, anarquista) que no cumpla el mismo estereotipo? Predican el amor desde los púlpitos con la misma severidad oratoria de la que acusan al Dios judío del Antiguo Testamento, mientras condenan a los capitalistas y burgueses al más tenebroso infierno.
Ferrer y Guardia no merecía un parte policial; merece un relato picaresco adaptado a la suigéneris modernidad española.