Vicente Todolí tiene muchas ideas, bastantes de ellas son buenas, pero necesita un editor con criterio. Sus andanzas por Estados Unidos son difíciles de leer, en ellas brilla por su ego, falta de curiosidad y esnobismo. Un buen editor le habría aconsejado centrarse en lo que si domina: el mundo del arte europeo y su proyecto de jardín de cítricos. Por desgracia, su jardín es lo que me interesaba más que es lo que está menos desarrollado y -tengo la impresión- escrito con prisas.