He terminado de leer (tomando notas) el libro Profesor(X)s de Santiago García Tirado. Creo que estamos de acuerdo en muchos aspectos. En educación hay profesores que defienden todo lo que llega: aprendizaje por competencias, trabajo en equipo, flipped classroom, nuevas tecnologías, alumnos felices, etcétera. De pequeño solía oír en la escuela ‘cada maestrillo tiene su librillo’ y pienso que es así.
Me gusta cuando Santiago habla de conceptos como ser, hacer y saber en un libro que habla de aprender.
A mi parecer, los chavales no vienen a clase a ser felices, sino todo lo contrario. El estudiante suele pasarlo mal porque le toca esforzarse, asistir a clase, prestar atención, aprender, intentar ser mejor, aceptar que le corrijan, sentir curiosidad. No es bueno recitar conceptos obvios como ese de ‘aprender a aprender’ que critica García Tirado y que yo también critico.
Muchas de las cosas que transmite el autor del libro me han pasado o las ha pasado algún compañero (siendo yo profesor).
Me afectaron los cambios de leyes educativas, a partir de LOGSE (que tuvo alguna cosa buena). No compartiré jamás la idea del profesor coach. Hay mucha verdad en lo expuesto sobre el amor al trabajo de enseñar.
He tomado nota de varios libros citados para leer más adelante. Sí he leído la obra de Williams, Stoner, ¿Qué me quieres amor? de Rivas y El Club de los Poetas Muertos(dir. Peter Weir, 1989). Esta película me gustó mucho. No soy capaz de citar esta sin recomendar el contrapunto de la historia protagonizada por Robin Williams con To Sir, with Love (Rebelión en las aulas, dir. James Clavell, 1967) protagonizada por Sidney Poitier).
Es agradable leer un libro que trata de educación y cita además otros libros.
En las páginas finales, (página 206) me satisface leer esto que dice Santiago García Tirado sobre los alumnos en general : ‘saben también que el tiempo detenido que rige en la escuela es imprescindible para entender lo que está sucediendo en el mundo del tiempo alocado’. También destacaría la expresión poética ‘sin la molesta sombra pensante del docente’ (página 209).
Lúcido ensayo que desenmascara los fines ocultos y los eufemismos de la nueva educación, y proyecta sus preguntas en todas direcciones: la literatura y el cine, la filosofía y la política de la enseñanza, los testimonios reales de numerosos profesores, su propia experiencia. Muy interesante, pero también, en gran medida, desalentador.
Y echo en falta más argumentos en su defensa del modelo anterior que, en mi opinión, sobrevalora.