Javier Serena was born in Pamplona, Spain in 1982. He has published Las torres de El Carpio, La estación baldía, Last Words on Earth, and Atila (forthcoming from Open Letter). He has stayed at writers residences with the Fundación Antonio Gala (Córdoba, Spain) and Les Rècollets (Paris, France).
“…la súplica elemental de que todas las piezas de nuestras vidas se ajustaran por fin en su lugar, y que…no sufriéramos por la sensación culpable de que el tiempo de nuestros días se escurría sin haberlo aprovechado.”
“…esa pesadilla de haber crecido sin hogar le obligó a luchar por un futuro con brillo poderoso.”
#bookquotes
Un escritor sin nombre y una actriz que responde al de Maite, comienzan una relación sentimental de manera fortuita. Ambos intentan llenar los vacíos de sus vidas y su colección de fracasos a través del deseo y la presencia del otro. Sin embargo, poco será el tiempo que podrán compartir ignorando tanto la realidad que enfrentan, como la incompatibilidad de sus vidas.
Primer acercamiento al autor y resultó en una extraña y no muy satisfactoria experiencia. El mayor acierto del libro podría ser la lírica de este y el uso del lenguaje. Desafortunadamente no se logró empatizar con los personajes, ni verdaderamente vivir las tragedias que ellos sentían atravesar. Aunque el final también deja que desear, el planteamiento sobre tomar una mínima acción que podría haber cambiado significativamente el curso de las cosas, resulta interesante. Quizás se tenga más suerte con otro título de esta pluma.
Premisa: Nos adentraremos en los entresijos de una relación de pareja condicionada por múltiples condicionantes, que lucha por la supervivencia y anhela lo que la realidad se niega a conceder. El paso del tiempo y las turbulencias emocionales supondrán un factor decisivo en su desenlace.
Opinión: Los libros que exploran las relaciones de pareja desde una perspectiva realista e intimista siempre me generan curiosidad. Nos acercan a situaciones familiares, ya sea por haberlas experimentado en primera persona o por haberlas observado en nuestro contexto más cercano, lo que normalmente refuerza nuestra afinidad con la historia.
Serena nos presenta una dinámica de pareja totalmente reconocible. Ella, una actriz dispuesta a luchar por conseguir sus sueños, y él, un escritor que aún no ha obtenido el reconocimiento que cree merecer. Su relación se mantiene a flote a duras penas, amenazada por el paso del tiempo y los desencantos que impone el caprichoso destino. Nos cuesta asumir que los cambios forman parte de nuestra vida, aunque en ocasiones nos obliguen a saber decir adiós, provocando que nuestra obstinación se endemonie por ello.
El autor contextualiza la trama en un Madrid caluroso y desolador en ocasiones, una ambientación que resulta orgánica y adecuada para el tono y la temática. Pero a pesar de que las bondades de la historia encajan perfectamente con mis gustos e intereses, he echado en falta fuerza en el desarrollo narrativo, en los diálogos y en la construcción de personajes. Componentes que para mí tienen una importancia vital en casi cualquier tipo de libro.
Las tramas intimistas que se centran en exponer relaciones de pareja complejas necesitan que los personajes tomen las riendas y aporten dinamismo e interés, ya que si no la dirección de la historia queda desenfocada. Cuando no se pisa fuerte, la huella no tiene posibilidad de acción. Y, al menos en esta tierra que es mi experiencia lectora, no he percibido variaciones en el terreno tras su paso.
Es un hecho que todos tenemos un bagaje y una situación de partida particular y única. Por eso mismo, y muchos otros motivos, los libros no tienen lectores universales ni suponen fórmulas mágicas. En este caso, me quedo con la reflexión que me ha llevado a desarrollar, que no es poco. Quizá tú puedas vincularte en mayor medida con esta novela, yo probaría suerte.
Este libro ha llegado a mis manos en mi mayor momento de debilidad, en un instante en el cual mi yo parece haberse diluido y mi destino descansar en manos de Dios sin yo poder llegar a confiar del todo en ello. Quizás por eso me he frustrado tanto mientras pasaba sus páginas. Pensé que sería esclarecedor, revelador, enigmático, y tenía la esperanza de haber encontrado un tesoro oculto. Pero mis expectativas eran demasiado altas. Y creo que llevarme esta decepción ha sido beneficioso.
Javier Serena nos narra la que yo creo que es su propia historia con Maite. Me resulta difícil creer que alguien pueda escribir algo así sin haberlo vivido en sus propias carnes… En ella, se nos pone de manifiesto un amor utilitarista cuanto menos, a mi parecer simple e incluso superficial. Y creo que ahí reside precisamente la mayor belleza de la obra. Donde yo esperaba unos diálogos eternos, encontré replicas cortas. Donde yo esperaba grandes desarrollo emocionales, había linealidad. Donde yo esperaba un final apoteósico, apareció una cruda y silenciosa realidad que no está nada lejos de parecerse a la mia. Anoche terminé el libro y no puedo dejar de pensar en la frase con la que concluye. “Ese era el trato: tú ibas a seguir haciendo tus películas. Y yo tampoco abandonaría mis novelas”. Tras leerla una primera vez, me preguntaba, “¿cómo es posible que una historia tan aparentemente simple me haya recordado a mi propia historia, tan intensa, llena de conexión y de profundidad?”. Y esta mañana me respondía a mi misma diciendo “porque siempre hay una cierta simpleza en lo profundo”.
Llevo semanas condenando las palabras y vacía de lenguaje. Extrañando la manera en la que antes hablaba, escribía y me expresaba. Y este libro me ha enseñado que no hace falta. Que las palabras no son necesarias para poder comunicarse. Que también existe intimidad en los silencios, en lo que no se dice, en las conversaciones que parecen quedarse a medias. Este vacío en los diálogos del libro nos da pistas sobre el tipo de relación entre Maite y el protagonista. Es una relación que, a pesar de haber empezado en primavera y haber atravesado todas las estaciones, es claramente una relación de invierno. Una relación de cuesta de enero, de llegar a fin de mes y de café solo por la noche. Una relación de egos superpuestos, donde habita cierta incapacidad para mirar más allá de uno mismo y una falta de preocupación por la belleza de la vida. Una relación muy de siglo XXI en Madrid entre dos personas que se conocen por Tinder o cualquier otra aplicación de citas. Desde el principio tenemos ante nuestros ojos una crónica de una muerte anunciada. Y, aún así, mi yo más romántico, ese que parece que nunca recuperaré, insistía en creer que algo podría salvarlos. Que algo cambiaría en ellos. Pensaba que el cariño podría llegar a tocar sus corazones y hacerles entender que con eso bastaba. Pero supongo que esa es la tragedia de muchas historias de amor: que el amor, por sí solo, nunca es suficiente.
La pareja de esta historia nuestra no sabe ceder. Se necesitan, pero no hasta el punto de cambiarse la vida. Comparten la noche, el cansancio, incluso cierta ternura, pero nunca el porvenir. Cada uno piensa en sus metas, en su futuro, en su prosperidad. Pero nunca piensan en un proyecto compartido ni en vivir todo esto juntos. No piensan en ser convertirse verdaderamente en un equipo. Es por eso que el final estaba escrito desde el principio. Y me hace pensar en que el amor no puede servirnos para salvarnos a nosotros mismos y desaparecer después, una vez cumplida su función. Siento que el amor de verdad es quedarse incluso cuando la vida deja de parecer una película. El amor de verdad es una decisión que te hace quedarte todos los días, en lo banal y en la cotidianidad, hayas o no conseguido tu objetivo. El amor es consistencia, y es profundidad incluso en lo imperceptible. Porque, cuando brindas con una persona a la que quieres, no le deseas solamente lo mejor para su vida. Le deseas una felicidad compartida y un futuro prometedor juntos. Me atrevería incluso a decir que le deseas un paseo por una vida juntos que terminará con una muerte dulce cogidos de la mano.
Me ha resultado demasiado desesperanzador, los síes que no llegan, la esperanza constante, la sensación de fracaso, las ciudades de interior en verano, los silencios...