Si hoy alguien me pregunta, oye Paco, a ti que te gusta tanto Víctor del Árbol, ¿qué libro me recomiendas para empezar? Si duda, le señalaría Nadie en esta tierra. No es el mejor, claro que no, pero es un relato estupendo para introducirse en su mundo, en su manera de contar historias. Una novela de esas que abre la puerta a nuevos lectores pero que no decepciona a los fieles.
Sin renunciar a sus puzles temporales, Nadie en esta tierra, de las obras que he leído de Víctor, quizás sea la que se ajusta de manera más natural a la definición de novela negra pura o, al menos, a lo que el lector tipo de este género espera cuando afronta una historia. Eso sí, es un novela negra excelentemente escrita, simplemente porque el autor es un excelente escritor, lo que demuestra que en este universo existen alternativas de calidad a las producciones comerciales creadas para el consumo rápido, que también son necesarias, y que se puede crear material adictivo sin renunciar a la literatura en mayúsculas. Como todo en esta vida, se puede llegar al éxito componiendo Starway to Heaven o siendo un Quevedo que se une a Bizarrap para hacer la sesión 52. Aunque escucho la segunda, siempre fui de la primera.
Al margen de la maestría con la que tradicionalmente diseña la arquitectura de sus tramas y de los factores que las motivan, la construcción de los personajes es uno de los puntos fuertes de este escritor. Hay un protagonista que guía la historia, pero a menudo, como en este caso, es fácil encontrar entre el reparto coral, figuras más atractivas que el propio cabeza de cartel, a pesar de esos ojos verdes. Para unos será el sicario y su voz en off (imprescindible), para otros Virginia, o Soria (una pasada este señor), o el crío, o Clara... Hay donde elegir, porque todos están esculpidos con mimo y detalle.
Desde la introducción ya intuyes que no puedes abandonar, que vas a seguir hasta saber que ocurre con ese señor que empieza atacando nuestras conciencias. Desde ahí, haciendo un ejercicio de agilidad mayor que en obras anteriores, del Árbol nos agarra y nos lleva de la mano, tejiendo una tela de araña que será desenredada sin estridencias ni fuegos de artificio.
En el lado oscuro, creo que, que en busca de esta agilidad narrativa, hay algún salto que puede parecer excesivo, pero sin llegar a afectar a la calidad de la obra. Yo soy de esos que a veces se quejan de la excesiva extensión de algunos libros que parecen estar predeterminados a superar las 500 páginas. Así que me gusta que me dejen huecos para imaginar.
En resumen, me ha gustado mucho y me ha dejado con ganas de abrir el siguiente. Así que allá que voy. A por una malnacida.