«El rumor de la autopista se ha convertido en una frontera sonora que atravesar, rompeolas de tráfico rodado. A su lado ha surgido esta maqueta inacabada de lo nuevo, de la vida por venir, de esa nueva ciudad donde los maridos y las mujeres trabajadoras, que haberlas haylas, vienen a dormir, y las amas de casa exploran y se inventan cual colonizadoras, ese espacio proclive a la cautividad donde crecerán las ilusiones y los desvelos de Maribel». Una madre joven enamorada de un bloque de quince plantas. Un director de arte que inventa la Transición con una maqueta y un coche de juguete. Una niña obsesionada con el Pirulí. El presidente de una promotora inmobiliaria franquista asesinado por el GRAPO. Una profesora de EGB que se empeña en enseñar lo que todo el mundo quiere olvidar. Un arquitecto público superado por la trascendencia de uno de sus edificios. Y la extraña pareja que forman un barrio a medio construir y una lucha vecinal que se echa a dormir en el momento más inoportuno. Nunca voló tan alto tu televisor es una novela en la que conviven los amores bizarros, el thriller urbanístico y la arqueología sentimental; una novela que combina investigación e imaginación para retratar las tensiones que se desatan en la construcción de un barrio tan ambicioso como Moratalaz; una novela que sabe que solo bajo la luz de los rayos catódicos que cruzan los descampados de la periferia se pueden contar la historias urbanas que algún día se convertirán en leyenda.
Escritora, editora pro-am y activista cultural. Utiliza la ficción y el humor para entender la realidad y tratar de contarla. Trabaja e investiga en la órbita de la literatura, el mundo editorial y la Cultura Libre, desarrollando e impulsando proyectos colectivos como Helvéticas, Escuela de Escritoras o #bookcamping, colectivo de archivo e investigación editorial.
Ha publicado la colección de relatos El Sur: Instrucciones de Uso (bucolicas.cc) y colabora periódicamente en publicaciones como Diagonal o Vacaciones en Polonia
Moratalaz es un barrio aspirante a la clase media. Un barrio pegado a la M-30. Un barrio con bloques y arquitectos de renombre. Un barrio con reminiscencias urbanísticas franquistas. Pero también es el barrio de mis abuelos. Es el barrio donde pase mi última Nochevieja. Es el barrio donde acudi a la escuela pública. Y es uno de los barrios que ha acogido — siempre más pobres — a aquellas familias del sur de España. A quienes han tenido que sobrevivir en poblados dirigidos, casas prefabricadas o habitaciones con derecho a cocina. Como bien me recuerda Pepe cada vez que rememora su marcha del pueblo hacia Madrid.
Que delicado poder leer y explorar las contradicciones de clase de un barrio que, a pesar de ser intrínsecamente obrero, tiene a sus puertas El Pirulí. Pero siempre a sus puertas. Porque en eso consiste la ideología de clase media: hacer aparentemente accesible un emblema de progreso que, sin embargo, esta divido por un puente hacia Niño Jesús y una autovía de circunvalación que nos recuerda cómo el urbanismo define y nos hace pensar las ciudades.
aunque muy escrito desde la perspectiva del PSOE sociológico en algunas ocasiones, es un libro extraño y original para hablar de la Transición y la historia de Moratalaz. gracias a mi suegra por el regalo.
Me da rabia haber tardado tanto en leérmelo, porque me ha encantado de principio a fin. Si eres un niño de barrio, (aunque no sea Moratalaz) es una lectura obligada. Si no lo eres, seguramente, descubrirás que alguien de tus antepasados sí lo fue. Me encanta saber más de mi ciudad con este tipo de historias. La historia contada a través del personaje de Maribel, le da ese punto de ternura (y a mi parecer) no te sobrecarga de tantos datos y fechas que pueden resultar confusas del tirón. Al humanizar la historia se "digiere" mucho mejor. Cada vez que voy a trabajar y me encuentro con el Pirulí es imposible no sonreír y mirarle sabiendo todos los secretos de su nacimiento.
"Me da mucha pena la gente que no puede ver el Pirulí desde sus casas". Pues sí. Gracias por este ejercicio de arqueología afectiva. En los años de este episodio nacional no viví en Moratalaz, yo no era ni siquiera una idea; pero me ha gustado identificar los lugares que yo muchos años después habité durante la practica totalidad de mi existencia. Qué bonita la narración de la construcción colectiva en un momento que la imposibilitaba, y qué necesario hablar de esa falta de identidad muchas veces del barrio consecuencia de ese efecto clase media.
la trama urbana de la ciudad también se teje con hilos de memoria afectiva. yo, por ejemplo, siempre pensé que el teletexto estaba bordado en punto de cruz❤️🩹
con esta última frase me ha acabado de ganar. una vez más el libro insospechado que cojo en el último momento de la biblioteca pública me hace llorar (realmente no creo que el libro te tenga que hacer llorar pero yo llevo muy mala racha anímica☝️)
es una crónica preciosa sobre la transición y cómo esta fue vivida en un madrid que iba con mucha, mucha prisa. o bueno los que iban con prisa eran los de las las inmobiliarias que querían edificar, vender y lucrarse aprovechando los vestigios de fascismo que aún asomaban (asoman) en la sociedad. por otro lado, se pone el ojo en un barrio cuyos habitantes, desesperados, convierten el pan en pancarta para reclamar la dignidad prometida.
la verdad que, dentro de su brevedad, es una compilación muy interesante de cómo se vivió el cambio (o el no cambio) en la capital y de cómo se crearon los que, a día de hoy, son los principales mitos de la transición española (todo es un complot de pilar miró, que no os engañen)
Un formato un poco extraño, pero es un libro que te aporta muchas cosas.
Ya lo sabía, pero este libro me ha confirmado que odio cuando en tu libro están transcritas letras de canciones que canta alguien, voy a empezar a directamente saltarme esas partes jajajajajajaja.
Era del club de lectura pero lamentablemente nadie pudo acudir al análisis (con picoteo por ser el último del curso).
Soy de La Elipa, vecina de Moratalaz y por lo tanto, todas las vivencias contadas en este libro, recopilatorio de lo vivido en una década (1976-1986) en estos barrios periféricos, al otro lado de la M30 y que nos dejó en otro sitio, son compartidas. Estos barrios, creados, vividos, luchados, sufridos y disfrutados por nuestros padres están cambiando, se ve una nueva esperanza con mucha gente joven que harán su historia en ellos. Todos teníamos y tenemos al Pirulí allí. Gracias, Silvia por dar forma a tantas experiencias comunes.
Cada libro de los nuevos episodios nacionales una sopresa!! Sobre el desarrollo urbanístico de la España de la transición, en concreto en el barrio de moratalaz Se entienden tantas cosas!!!
El planteamiento me ha gustado: la Transición se narra a través de personajes que viven en Moratalaz y relatan pasajes de su vida, como Maribel, un ama de casa. El relato incorpora también figuras relacionadas con el Pirulí, como el arquitecto Emilio Fernández. Esta conexión se justifica por la proximidad del edificio al barrio, su construcción en plena Transición, y la posibilidad de incluir referencias a hitos televisivos.
Yo vine a Madrid en el 1983 a estudiar en la universidad y pasé los ochenta en Moratalaz. Tengo un maravilloso recuerdo de aquellos años. Mi vida empezaba a la par que la nueva vida de España, también en su brillante adolescencia. Como yo, España se labró entonces un futuro, con esfuerzo, fraternidad -algo que nunca habíamos tenido-, generosidad y soportando golpes muy duros como el terrorismo. Fueron unos años que deberíamos valorar.
Con ese sustrato y ese planteamiento tenía altas expectativas puestas en el libro. ¿Cómo resultará?. ¿Como “Patria” de Aramburu, o más un ensayo social como “La España de las piscinas” de Jorge Dioni?. ¿Se parecerá al excelente documental “Ellas en la ciudad” de Reyes Gallegos que cuenta la lucha de unas mujeres sevillanas que fueron a vivir a los “Moratalaz” de Sevilla y lucharon para dotarlos de servicios públicos y de alma?
El resultado es, tristemente, un producto de nuestro tiempo, fomentando la polarización y utilizando un lenguaje y unas maneras irrespetuosos, incluso diría que faltando a la dignidad de “los otros”, a los que desprecia. Porque de esto va el libro: una lucha entre buenos y malos; análogamente a como se desempeñan hoy la mayoría de nuestros dirigentes en el congreso.
Ayuda a levantar el muro de separación entre los españoles: “Le gusta estar en el Monte del Pardo, con su recientemente cerrada casa del caudillo, y el pueblo de Fuencarral. Tener muy presente lo que el poeta llamaría las dos Españas […]. Porque para tener futuro no se puede obviar el pasado, no quedan más cojones”.
Dejando claro quienes son los buenos: “Como se te nota el alma socialista […]. Si algo le quita el sueño a Emilio es saberse administrador del dinero de los contribuyentes”.
Y quienes los malos: “No darles el dinero a espuertas a esos mierdas de cachorros engominados fascistas: Banús, De la Quintana, emparentados con los Urquijo, que se casan entre ellos, como los reyes de antaño, y tienen cachorros faltuscones y hasta que no haya en este país otra revolución no nos cargamos a estas familias de oligarcas oligofrénicos. Hostia ya”. Este es el tono.
El título está manchado de sangre. Es un juego de palabras en el que mezcla una canción de Victor Manuel -“nunca subió tan alta tu televisor” (en alusión al Pirulí, supongo)- con una bromita de pésimo gusto acerca del atentado a Carrero Blanco: “Era Carrero ministro naval, se hizo su sueño una gran realidad, voló, voló, voló”. Esta es su sensibilidad.
Naturalmente, en una obra así no pueden faltar las constantes y “sibilinas” alusiones a la iglesia: “La tutora de mi hermano es una cabrona. Le dio una bofetada un día y le avergüenza delante de toda la clase por no haber hecho la comunión”.
Hay un capítulo revelador: el asesinato por el GRAPO de Miguel Angel de la Quintana, director general de Urbis, constructora de Moratalaz, en 1984. Está contado por Adela España, su empleada de hogar, sin hacer referencias a terroristas, ni a víctimas, sin una palabra de condena, ni rastro de empatía. Es como si Adela, apellidada España en representación de todos nosotros, hubiera visto que dos personas van a pedir la hora a su patrón. Que ni su nombre pronuncia. Adela Indolente o Adela Indecente.
En aquellos años le preguntaron a Felipe González por la muerte de Franco y dijo algo así: “Yo no brindo para celebrar la muerte de un español, por muy dictador que fuera”.
¿Cómo hemos degenerado tanto? ¿Por qué hay libros que relatan desde el odio y el rencor aquellos ya lejanos años de la Transición, cargados de ilusión por construir todos juntos un país nuevo?
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Si algo se le puede echar en cara al urbanismo reciente es el haber apelado a lo enorme en contra de lo particular. Por eso me hace gracia que se venda este libro como un ‘thriller urbanístico’, porque hace todo lo contrario: contar lo universal desde lo diminuto. Y sale ganando.
Un barrio, Moratalaz, a través de las vidas humildes de quienes lo construyeron. Una madre que se enamora de un bloque de quince plantas, una profesora de EGB empeñada en enseñar lo que todos quieren olvidar, un arquitecto abrumado.
Y, de camino, la historia de todos, la que se cuenta a través de los rayos catódicos. Este libro es más que una memoria local, es un recuerdo de cómo nos contamos como sociedad. Aquí la narración de lo micro desemboca en lo macro, en esa ventana al mundo que construía la historia y daba forma a la vida cotidiana.
Pero ‘Nunca voló tan alto tu televisor’ es, sobre todo, un homenaje a lo colectivo, a la potencia de la memoria compartida y a esa magia (hoy casi extinguida) de ver lo mismo al mismo tiempo.
Qué manera más amena y distinta de dar una perspectiva de lo que fue la transición desde el punto de vista de personas que vivían en Moratalaz. En varios momentos me ha llevado a mi propia infancia y adolescencia: lo que era que solo hubiera la tve pública, que hace que mucho de lo que cuenta fuera igual para mí en una ciudad de provincias. A partir de ahora miraré al Pirulí de otra manera.
Lengua de trapo, está haciendo una labor que se irá viendo con los años. Autor@s que saben de lo que hablan, de sus barrios, de sus gentes, a su manera... un olé por Nanclares, original y didáctica, haciendo un libro de Historia.