Un perro frente a la puerta de un supermercado. Una dueña que jamás volverá a por él. Un hombre que, sin alternativa, vuelve a casa con el animal e inicia la escritura de un diario donde, como sucede en cualquier diario, lo que se piensa no es siempre lo que se escribe y lo que se escribe no siempre es verdad. ¿Somos la mirada de los demás o solamente lo que afirmamos ser?
Odiseo, la ópera prima de Daniel Dilla, es una novela sobre el trauma y la identidad, y sobre los recovecos poco iluminados que el pasado proyecta en el presente. También sobre el tiempo, que azuza todas las vidas y, al mirarlas desde lejos, las reduce a algo mínimo, casi ridículo. Pero sobre todo es un libro que cuenta el viaje de ida y vuelta de un hombre y su compañero canino. Aunque en ocasiones se va, Odiseo hace honor a su nombre: siempre termina regresando a su Ítaca de cojines, caricias y silencio.
Una narración muy sobria, pero poco fluida, con un lenguaje muy bello, preciso, y puede que sufrido, muy estudiado, muy medido, por el que tal vez asome la voz propia del autor más que de los personajes. Obvio, si uno de ellos es un perro....
La cuestión es que me ha parecido una lectura difícil cuando creía que sería una historia eminentemente lúdica. La editorial, que ha hecho una edición cuidada y preciosa, nos miente un poco cuando resume que "sobre todo es un libro que cuenta el viaje de ida y vuelta de un hombre y su compañero canino". No. Quien busque la historia canina creyéndola divertida abandonará la lectura. Odiseo, el perro, nos cuenta su historia (perfectamente prescindible) desde la página 36 hasta la 75. En un libro de 434 apenas supone el 10%.
La esencia, el arte y el alma de la narración es su dueño, y autor de la obra "Odiseo", paradigma metaliterario de toda la novela, Leonardo Agualusa (páginas 77 a 203), honor protagonista que comparte con su hijo, Bernardo Agualusa (páginas 225 a 377), quien termina de reconstruirnos el puzzle que el autor, el de verdad, nos ofrece ya montado.
A ratos me ha parecido excelsa, sobre todo la parte de Leonardo, pero un tono tan preciosista es difícil de mantenerse con unas digresiones inacabables. Lo que sí se ha mantenido constante es el estilo brutalmente honesto en la perspectiva de cada personaje, y especialmente de padre e hijo, por separado y en momentos temporales muy alejados, que exhiben sus pensamientos más íntimos y humanos. Toda la novela es muy reflexiva, demasiado. La perspectiva de Bernardo me ha parecido un poco pesada, tan centrado en sí mismo. También es cierto que en "su turno" de narración, nos advierte que divide su epílogo en dos partes. "A quien le sobre tiempo y curiosidad, le animo a leer la primera. Aunque, tal vez, acabe sin tiempo y con la curiosidad saciada".
Narración honesta en cada página. "Un enredo literario enmarañado de más tramas"
En general me ha gustado mucho, y aunque no me atrevería a recomendársela a nadie, desde luego seguiré leyendo todo lo que escriba este autor, quien para bien o para mal y salvando las diferencias, me ha recordado a Marcel Proust en su minuciosa exploración por el detalle y la memoria. Tampoco conocía la editorial y comenzaré a seguirles la pista.
Desde el principio se destapa como una novela profunda con su narrativa compleja y reflexiva. El autor nos conduce por un viaje introspectivo sobre la vida de un perro y su compañero humano, un escritor con problemas y con una vida complicada. Resulta admirable cómo Dilla explora con profundidad temas como la memoria, el olvido y la búsqueda de la identidad. La novela no solo narra una historia, sino que también nos hace cuestionar nuestra propia existencia. Además, la crítica al mundo de los prólogos es muy ingeniosa. Si buscas una lectura más allá de la superficialidad del entretenimiento pasajero, algo que te haga pensar y sentir —placer y/o dolor— "Odiseo" es una excelente elección. No es una historia convencional, ni sencilla de leer, te va a exigir como lector/a, pero precisamente por ello es tan fascinante.